martes, 4 de agosto de 2020

Divagaciones sobre lo público, lo privado y la defensa del ciudadano


            No estoy muy seguro de que se defienda por el gobierno el derecho de propiedad.

A menudo podemos encontrar grupos que se manifiestan en defensa de “lo público” pues al parecer cualquier actividad que pueda adjetivarse de pública goza de un plus de legitimidad, mientras que lo privado siempre es sospechoso de abuso, privilegio o enriquecimiento injusto.

En mi opinión el derecho a la propiedad privada es el que nos constituye como personas libres. Que cada cual pueda disponer de sus bienes, de su talento o de sus conocimientos para poder intercambiarlos con los demás es imprescindible para conseguir un aumento de la prosperidad, mientras que en aquellos países que limitan estos derechos y se ocupan por el poder, la ruina está servida, como puede comprobarse en muchos países hispanos y en los que estuvieron o están aun sometidos a las doctrinas comunistas.

Los gobernantes están obligados a gestionar “lo público” en beneficio de los ciudadanos y no en el de la clase gobernante. Me parece perfecto que el gobierno de la nación garantice el derecho a la educación pero nunca  a utilizarlo como medida de adoctrinamiento.

También me parece perfecto que el gobierno garantice un sistema público de salud, pero ello no puede significar que los ciudadanos no puedan buscar otras formulas libres de asistencia sanitaria.

Hay muchos bienes que no son susceptibles de propiedad privada como puede ser el medio ambiente, las calles, las plazas o las carreteras y el gobierno tiene la obligación de velar por el buen uso de todo ello, dictando las normas adecuadas y sancionando su incumplimiento, pero no deja de resultar inapropiado que prohíba el paso por cualquier sitio porque un gobernante cualquiera lo imponga apoyado por las fuerzas del orden.

Me parece muy bien que todos tengan derecho a una vivienda, pero que yo sepa, el gobierno no regala viviendas a los ciudadanos, aunque podría regular el acceso a la propiedad en forma más ventajosa para quienes carezcan de medios, pero en ningún caso el gobierno puede aceptar que cualquiera pueda ocupar por la fuerza la vivienda de otro y menos utilizando medios que puedan tener una “aparente” cobertura legal que deriva el problema al poder judicial, cuyo funcionamiento resulta manifiestamente mejorable tanto en las leyes aplicables como en la duración del proceso.

Las instituciones de gobierno cumplen su misión si defienden los derechos de los ciudadanos y si hay alguna autoridad que no lo hace o incluso colabora en su vulneración,  debe ser removida del cargo de inmediato.

Cada día nos ofrecen las desagradables escenas de ocupación de viviendas. ¿Hace algo el defensor del ciudadano, si es que sigue existiendo? Leemos que se le corta el fluido eléctrico a un jubilado si no paga, pero se arresta al propietario de la vivienda que hace lo mismo con el ocupa.

Todos los días se nos muestran en los medios de comunicación la situación de España respecto a los países de la Unión Europea en el PIB, en el número de contagiados, o los fallecidos por el COV19, ¿por qué no se nos muestra lo que otros gobiernos hacen respecto a garantizar el derecho de propiedad de las viviendas de sus ciudadanos frente a la extorsión de los ocupas? ¿Qué hacen los demás países respecto a los que buscan vivir del estado y no dar golpe?

Francisco Rodríguez Barragán

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http://www.sotodelamarina.com/Francisco_Rodriguez_Barragan/Articulos/20200803Francisco_Rodriguez_Barragan.htm

http://www.diariosigloxxi.com/firmas/franciscorodriguez

 

 

 

 

 


martes, 28 de julio de 2020

El problema del dolor



            El dolor presente en todo el mundo nos parece insufrible y quisiéramos             poder achacarlo a alguien y hacérselo pagar
La humanidad entera se está enfrentando al problema del dolor que se hace presente en nuestras vidas y del que no sabemos el porqué. Cómo es posible que un pequeño virus nos haya descolocado de nuestras apacibles vidas. Quizás cuando proyectábamos nuestras vacaciones, nuestro negocio, nuestro futuro no nos pasó por la mente que todo podía irse al traste, que mucha gente iba a morir en total abandono, que íbamos a estar sometidos a una férrea disciplina, impuesta por quienes, tampoco al principio, entendían lo que estaba pasando.
Convencidos de que éramos nuestros propios dioses no se nos pasó por la cabeza nuestra esencial debilidad, nuestra absoluta dependencia de quién nos llamó a la vida pero al que habíamos olvidado por completo.
El problema del dolor y la muerte no podemos ponerlo entre paréntesis. Nuestra vida va mucho más allá y el olvidado Dios que hizo el cielo y la tierra, nos da un toque de atención para recordarnos que es un Padre que nos ama. Sí, que nos ama y quiere nuestro bien. Solo cuando la criatura reconoce el vínculo que le une con su creador la vida en su totalidad recobra su sentido pleno.
Cuando tenemos todo lo que queremos no nos pasa por la cabeza que toda nuestra vida y bienes son un don de Dios al que rara vez agradecemos sus beneficios, pero si llega al dolor nos volvemos airados preguntando: si Dios es bueno cómo permite que me pase esta desgracia.
Encajonados en los estrechos límites del tiempo de nuestra edad, que nos va haciéndo pasar de la niñez a la vejez y la muerte, no entendemos que Dios no existe en el tiempo, sino que el tiempo está en Dios, a su entera disposición, para disfrutarlo con sus criaturas que correspondieron a su amor. Los que no quisieron corresponder a su amor ¿cuál será su destino eterno?
Los males que nos aquejan y desesperan tendríamos que aceptarlos como llamadas de atención para entender nuestra radical limitación y dejar de creernos nuestros propios dioses. La ilusión de la criatura de ser autosuficiente tiene que ser destrozada. Dios se apiada siempre del que se reconoce pecador y no del que del que se cree bueno, honesto, suficiente. En el relato evangélico del fariseo y el publicano queda claro: el fariseo se cree mejor que los demás y no queda perdonado pero el publicano que se reconoce humildemente pecador sale del templo justificado.
Cuando actuamos siguiendo nuestras propias inclinaciones puede que coincidan con la voluntad de Dios pero abandonarnos en Dios y aceptar el dolor cuando llega,  sí es una mayor garantía de estar en el buen camino.
La gente no admira a ningún hombre por hacer lo que le gusta sino al que realiza acciones difíciles y virtuosas. El precepto evangélico de amar a nuestros enemigos y hacer el bien a los que nos odian o persiguen, puede resultar extraño pero la sabiduría de Dios nos ha impuesto el deber de la caridad y a él hay que atenerse aunque cueste. Son las pruebas que tenemos que superar para entrar en el amor de Dios, al que todos estamos destinados, aunque ¿algunos o muchos? se pierdan  por su obstinación.
La prueba que estamos pasando puede sernos útil si aceptamos que Dios la permite para nuestro bien.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 21 de julio de 2020

¿Vivimos en una democracia que funciona?


            Podrán imponernos muchas cosas menos la libertad de pensar por         nuestra cuenta
Seguramente Aristóteles se quedaría hoy extrañado de la generalizada exaltación de la democracia a través de todos los medios de comunicación.
Si analizamos el contenido de la omnipresente democracia podemos ver que se trata del gobierno de la mayoría y que por fuerza tiene que ser legítimo y obligatorio. Pero que la mayoría siempre tenga razón es bastante problemático pues habría que analizar cómo se ha conseguido esa mayoría.
No sabemos si los ciudadanos han dado mayoritariamente su voto a un programa de gobierno, a unas medidas concretas, después de reflexionar seriamente sobre ellas o si realmente ignoran el programa que apadrinan que, normalmente, es conseguir el poder y luego ¡ya se verá!
El ciudadano normal suele votar, por inercia, al partido al que lleva votando muchos años y solo cambiará su voto cuando se produzca un desastre económico que ponga en peligro su sueldo, su pensión, su trabajo, su posición económica. El cambio de voto no es automático y el ciudadano puede continuar apoyando al partido que ha provocado el cataclismo.
Si el sistema democrático se basa en el voto de la mayoría,  ¿cómo se consigue tal mayoría? ¿Qué función tiene la minoría? Es frecuente que la mayoría se consiga por medio de pactos, más o menos confesables, con otros partidos minoritarios que casi siempre representan una compra de votos o una cesión de competencias. La minoría que no quiera entrar en componendas con la mayoría se dedicará a esperar mejor ocasión en las siguientes elecciones, aunque mientras tanto se dedique a señalar los fallos del gobierno.
Se puede tener una constitución democrática en la que se fija la división de poderes y los derechos y deberes de los ciudadanos pero quedar todo ello en “papel mojado” en manos del gobierno de turno que encontrará los tortuosos caminos para burlar la ley y… a los ciudadanos. No creo que haga falta aducir ejemplos de estos cuarenta años largos de democracia constitucional.
Para que una democracia funcione se necesita la honradez de los políticos y la de los ciudadanos, cosa que podría conseguirse a través de una exigente educación que no es exactamente la educación para la ciudadanía que quieren imponernos, ni la variable ley general de educación, cambiable a voluntad del gobernante de turno, restrictiva siempre de derechos.
También es necesaria para una auténtica democracia compartir una historia común en la verdad de nuestro pasado, que tampoco es la que quieren imponernos como ley de la memoria histórica. Si algo se quiere imponer con amenazas es claro que es rechazable. El más sagrado de los derechos de cada ciudadano es tener su propia opinión respecto a la religión, la violencia de género, el calentamiento global,  o el feminismo, por ejemplo.
No nos dejemos seducir por el vacío razonamiento de que vivimos en el mejor de los mundos posibles: la democracia, sin educación y diálogo, no funciona. El gobierno de la mayoría no garantiza que sus decisiones sean las más acertadas, como podemos comprobar a diario.
Una constitución democrática tampoco garantiza nada si no hay una voluntad común de respetarla siempre y en toda ocasión.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 14 de julio de 2020

¿Creen ustedes en algo? (2)



            Es hora de recuperar los dones del Espíritu Santo y la práctica de las      virtudes que nos pueden hacer mejores personas.
Como anuncié en mi anterior artículo, también creo en la Iglesia, la que anunció Jesucristo y difundieron por el mundo aquellos rudos pescadores de Galilea, pero sin arreglos ni maquillajes, la que sigue el impulso del Espíritu Santo, dispuesto siempre a repartir sus dones, aunque muchos no quieran recibirlos para poder seguir sus propias ideas.
Por tanto creer en la Iglesia significa también creer en el Espíritu Santo, señor y dador de vida que otorga el don de la sabiduría que tanto necesitamos para distinguir el bien del mal, la virtud del vicio, la verdad de la mentira. El don de la sabiduría va acompañado del don de entendimiento, del don de consejo, del don de fortaleza, del don de ciencia, del don de piedad y del don de temor de Dios.
Son cosas que aprendí en el viejo catecismo  Ripalda pero que he encontrado en el Nuevo Testamento. Un solo Dios, un solo Espíritu, una sola Iglesia a la que accedemos por el bautismo y en la que podemos afianzarnos a través de los sacramentos.
Mala cosa es que cada cual se invente una iglesia a su gusto, que intente actualizarla de acuerdo con sus ideas mundanas o viva de espaldas a su mensaje de salvación.
Lo mismo que el pueblo judío fue tergiversando el mensaje que le fue confiado por Dios hasta hacerlo irreconocible, los cristianos también hemos manipulado la buena noticia del evangelio a través de múltiples herejías, rompiendo la unidad de la Iglesia por la que Cristo mismo oró diciendo que todos sean uno, como tú y yo, el Padre y el Hijo, somos uno.
En la medida en que la humanidad se cree cada vez más autosuficiente va alejándose de Dios y cayendo en el pecado. ¿Acaso no somos conscientes de que vivimos en una situación de pecado, socialmente aceptado, como las uniones sexuales de cualquier tipo y sin responsabilidad, el aborto incentivado, o la eutanasia amenazante?
La insensatez humana cree que puede hacer un mundo mejor que el plan que Dios pensó para nosotros. Si es verdad que hemos encontrado miles de inventos para hacernos la vida más fácil o para vivir más años, lo cierto es que el deterioro de las personas es imparable y la muerte nos espera. Cuando nos hacemos conscientes de este destino inexorable pretendemos conjurarlo afirmando que después de la muerte no hay nada. ¿Seguro?
Pero los vivientes aquí y ahora aún tenemos tiempo de cambiar, de aceptar los regalos, los dones, del Espíritu Santo. Podemos descubrir que puede haber más alegría en dar que en recibir, que la esperanza de plenitud puede ser colmada por Dios. Creer en la propuesta de Dios por la fe, esperar en un mundo nuevo y mejor, donde habite la justicia y la caridad sea como el aire que respiremos.
Bastaría dedicar cada día unos minutos a descubrir dónde está la verdad para rechazar la mentira, descubrir que apostar por la justicia resulta más efectivo que enredarnos en la injusticia, que las virtudes son siempre más valiosas que los vicios. Estamos a tiempo, no nos dejemos enredar.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 7 de julio de 2020

¿Creen ustedes en algo?



            Ya sé que no se lleva hablar de Dios ni recitar el Credo. Vivimos   convencidos de que el mundo está en nuestras manos y Dios sobra.
Durante bastantes semanas me he dedicado a escribir sobre las cosas que pasan, que no son pocas. Hoy he pensado cambiar el paso y escribir sobre lo que creo, empezando por el credo. Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Si creo en un solo Dios está claro que rechazo todas las viejas mitologías, con dioses buenos y malos, encargados cada uno de una función diferente: dioses del mar o de la luna, de la tierra o de las estrellas.
Si acepto que Dios es un Padre todopoderoso reconozco que todos los vivientes que han sido, son y serán, tienen la categoría de hijos, aunque no lo sepan, aunque lo nieguen. Un hijo puede negar al Padre pero nunca el Padre a un hijo. Saturno devorando a sus hijos es una fábula inaceptable.
El universo entero, visible o invisible, es obra de Dios. Pretender que tenemos que arreglar la creación es una solemne tontería. Apenas si sabemos algo de lo que existe más allá de la luna, si hay otros planetas habitados, si hay vida semejante a la nuestra. Nuestros inventos, de los que nos sentimos tan ufanos, no pasan de meros juguetes. Hablamos de agujeros negros sin tener nada claro lo que representan ni lo que son.
Hay mucha gente que cree que todo lo hubiera hecho mucho mejor que Dios, pero lo único que sabemos es que nuestra vida, por más que nos empeñemos se acabará un día y lo mismo que no decidimos nacer tampoco vamos a decidir cuándo morir, aunque haya desalmados que sueñan con establecer la eutanasia, porque les parece que estamos demasiados viejos.
Ahora se ha desatado la preocupación por el planeta al pensar que está en nuestras manos. Yo prefiero pensar que Dios que lo hizo cuidará de él con amor de Padre Todopoderoso, que los hombres sin fe lo único que harán es estropearlo.
También creo en un solo Seños, Jesucristo, hijo único de Dios, nacido del Padre y de su misma naturaleza, antes de todos los siglos, engendrado, no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la virgen y se hizo hombre y por nuestra causa fue crucificado, muerto y sepultado en tiempos de Poncio Pilatos pero resucitó al tercer día y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin.
Ya sé que mucha gente no cree en Cristo, aunque vayan a las procesiones de la Semana Santa vestidos de nazarenos. Por mi parte, sí creo en Cristo y que seré juzgado cuando termine mi vida y espero ser salvado por su misericordia y no por mis buenas obras que son escasas.
A los que no creen en la salvación de Dios por los méritos de Cristo ¿qué porvenir les espera? Quizás convertirse en polvo y ser olvidados o, lo que es peor, ser juzgados indignos de la vida eterna.
También creo en la Iglesia, sobre la que escribiré en un próximo artículo. Para los que se tomen la vida en serio más allá de pandemias, crisis y malos gobernantes, si les queda algo de cristianos, les invito a levantar el corazón a Dios Padre Todopoderoso.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 30 de junio de 2020

No me gusta la bandera arco iris


            Ni me gustan las leyes que se van dictando y aceptando para conseguir            la eliminación de nuestros valores y nuestra Patria
La bandera arco iris está presente estos días hasta el empacho a pesar de ser una pura contradicción. Ignoro si han salido las zafias mojigangas en la que algunos individuos dan rienda suelta a sus más bajos instintos.
Yo estoy de acuerdo con la reivindicación feminista, que defendía Lidia Falcón, de que las mujeres tienen unas cualidades intelectuales idénticas a los hombres para aspirar a cualquier puesto por sí mismas, sin necesidad de cuotas.
Pero el reconocimiento de esta igualdad básica no puede generar al mismo tiempo la desigualdad que predica que el hombre heterosexual es machista y maltratador.
Por desgracia, cuando no se tiene razón, se dicta una ley mordaza, la nefasta ley contra la violencia de género que anula la presunción de inocencia del varón y que se utiliza para arruinarle la vida a cualquier hombre. Las denuncias de mujeres arteramente asesoradas por profesionales para quedarse con la casa o el dinero son de sobra conocidas en los juzgados. Las que los jueces consideran denuncias falsas no se publican, pero si algún varón al verse perdido frente a su pareja la asesina, será proclamado en todos los telediarios como crimen machista sin más para escarnio y vilipendio. Si el asesino es extranjero se oculta.
¿No hay mujeres que matan a sus parejas? Seguramente, pero al dato no se le da publicidad alguna. Los que han alzado la voz pidiendo que el enfoque correcto sería hablar de violencia intrafamiliar, han sido rápidamente motejados de ser extrema derecha y por tanto silenciados.
Pero al mismo tiempo que se abusa de esta ley que exige la existencia de hombres y mujeres, se introduce el bodrio de la ideología de género, en la cual cualquier hombre puede autodefinirse como mujer y cualquier mujer como varón. Este movimiento que va alargando su denominación LGTBI… para incluir todas las desviaciones posibles es el que está presente con su bandera en los edificios públicos, las furgonetas de correos,  las cadenas de televisión, las fachadas de los partidos y hasta ¡los logos de la Guardia Civil!
Otro bodrio fue autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo cual es una absoluta contradicción. Son parejas estériles que luego buscan vientres de alquiler para presumir de descendencia o si se trata de lesbianas consiguen hijos por inseminación artificial.
Para que estos “nueves derechos” se puedan inculcar a los niños desde pequeñitos quieren  proclamar leyes que eduquen en estas teoría disolventes de la familia, tal y como ha sido siempre, pero hay que ser progresistas, avanzados, seguir las directrices de los globalistas que quieren eliminar la institución familiar y la religión para hacer un mundo diferente e irreconocible.
Estos globalistas que ocupan los puestos más influyentes en los organismos internacionales, están empeñados en disminuir la población del planeta a través del aborto y la eliminación de los mayores y lo van consiguiendo: los niños que han sido abortados superan a los muertos de las guerras mundiales y los mayores de 70 años los hemos visto caer como chinches en las residencias y si esto falla se dicta una ley de legalización de la eutanasia.
Lo curioso de todo esto es que no es cosa solo de la izquierda, que sigue el libro rojo de Mao, sino también de la derecha incapaz de defender los valores ni la patria. Atentos a lo que hagan con la ley-mordaza de la memoria histórica. ¡Fascista quien se oponga!  Y además se les multa, se les detiene, se les encarcela y… todos callarán, como hasta ahora.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 23 de junio de 2020

Una nueva Ley de Educación


            El engendro que trata de hacer aprobar la ministra confirma la idea de    que todo puede empeorarse.
Cuando comenzaba el siglo XX se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes que subsistió hasta 1939 en que pasó a denominarse Ministerio de Educación Nacional hasta 1966. Después se ha titulado de diversas maneras: Educación y Ciencia, Educación y Universidad,  Educación, Cultura y Deporte, etc.
Posiblemente los que lo pensaron por primera vez comprendieron que el Estado debía garantizar la Instrucción pero la Educación era cosa de los padres, la parroquia o el colegio religioso. Instruir es transmitir conocimientos útiles para la vida, desde leer y escribir a las cuatro reglas para sumar, restar, multiplicar y dividir. Con estos conocimientos podía irse adentrando en las matemáticas, la geografía y la historia, una preparación para hacer el ingreso y comenzar el viejo y venerable  bachillerato cuya superación abría las puertas de la Universidad o la Formación Profesional.
Todo esto, a fuerza de leyes de escasa duración, nos ha llevado hasta el momento actual en el que una ministra “iluminada”, la Sra. Celaá, quiere hacer una nueva ley de educación y comienza por negar que los hijos sean de sus padres y que es al Estado a quien corresponde educar, más bien en adoctrinar a los niños y los jóvenes, dentro del más rancio neomarxismo.
Los valores de esta nueva educación tienden a la comodidad y no al esfuerzo, a la exigencia de derechos y relativización de los deberes, proclamando que nadie se quede atrás, se desprecia el talento. Se promueve el hedonismo, la búsqueda del placer desde las más tempranas edades y la abolición de todas las reglas, especialmente las religiosas. Tenemos más licenciados que nunca que han llegado con la nota de “progresa adecuadamente”,
La historia se retuerce hasta hacerla irreconocible. (Nadie ha reivindicado la labor de España en América). Se pueden hacer doctorados, tesis y másteres de encargo que no sirven para nada. Su pueden multiplicar las universidades hasta el infinito pero sin que ninguna destaque por su excelencia. Los cerebros más brillantes huyen de España y buscan acogida en Universidades europeas y americanas en las que puedan desarrollarse.
No nos gobiernan los mejores cerebros sino los mediocres que han sabido acogerse a la sombra de partidos (o partidas) donde disfrutar de las prebendas del presupuesto, mero populismo que habla de la ecología y el medio ambiente, pero que no ha sido capaz de contar los muertos de la reciente pandemia.
La Constitución vigente en el número 3 del artículo 27 establece que los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. ¿Cómo casa esto con la afirmación de la Sra. Celaá de que los niños no son de los padres? ¿Sobra la Constitución del 78 o la ministra?
Para hacer posible los deseos populistas de esta ministra van derechos a la eliminación de la enseñanza concertada y hasta la educación especial para niños con discapacidad. Si no hay más escuelas que las estatales nadie podrá elegir. Avanzamos a pasos agigantados hacia la imposición dictatorial de este gobierno social-comunista, que odia la libertad, ignora la historia, no defiende la lengua común de todos los españoles, inculca, desde los tiempos de ZP, la educación afectivo-sexual y persigue a quienes se opongan a la ideología de género y al feminismo feroz.
¡Menudo futuro nos espera!
Francisco Rodríguez Barragán
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http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/38718/2020-06-26.html