martes, 15 de septiembre de 2020

El invierno demográfico de España.


Cada vez más viejos y menos jóvenes nos llevarán a la catástrofe

En mi artículo anterior ofrecí comentar otro informe del Instituto de Política Familiar sobre la Evolución demográfica de la familia en España en 2019, informe que cualquier persona interesada puede bajarse de la página web de este Instituto.
En su primer capítulo trata de la evolución de la natalidad indicando que la mayoría de las españolas desearía tener 2 o más hijos, pero que no han podido tenerlos por razones económicas, laborales o de conciliación de la vida familiar y laboral.
Constata el informe que España está en una situación de natalidad crítica pues cada vez nacen menos niños. En 2017 nacieron 276.197 niños menos que en 1975 a pesar del aumento poblacional de 11 millones de personas y del aporte de 76.060 nacimientos de madres extranjeras. De 1833 nacimientos diarios en 1975 solo han nacido 1.077 en 2017.
El índice de fecundidad es de 1,31 hijos por mujer en edad fértil, muy alejado del  nivel de reemplazo generacional que tendría que ser del 2,1. España necesita 240.000 niños más al año para asegurar mínimamente el nivel de reemplazo. Desde 2007 las mujeres en edad fértil (15 a 49 años) han disminuido en 1,2 millones.
La aportación de las madres extranjeras con 1,71 hijos por mujer ha sido fundamental para paliar algo la natalidad crítica de las madres españolas. Las familias numerosas con 3 hijos por mujer están sosteniendo la natalidad en España.
Otro elemento negativo más es la edad media de maternidad de las españolas que es de 32,6 años. Además el aborto frena la natalidad con 94.123 abortos registrados en 2017. Son registrados los que las CC.AA. notifican al Ministerio de Sanidad, pero la realidad será mucho más numerosa.
Al tomar el aborto como un anticonceptivo más hay bastantes mujeres que abortan más de una vez.
Se está produciendo una crisis de natalidad sin precedentes en España en la que cada vez hay menos niños, de los que la mitad son extramatrimoniales. Este déficit de natalidad es prolongado. Si en 1980 eran 2,1 hijos por mujer, desde 1987 no se han superado el 1,5 y en 2017, como ya se ha dicho, es de 1,31.
La evolución de la población española que hoy supera los 46 millones de personas ha tenido un descenso de 350.00 personas desde la crisis del 2010 y ha sido la emigración la que ha hecho posible el crecimiento pues, sin la aportación emigrante solo seriamos 42 millones.
Pero el problema fundamental es que mueren más personas de las que nacen en España. El crecimiento natural español se ha desplomado por la caída vertiginosa de los nacimientos. En 2017 ha habido 317.121 nacimientos frente a 410.478 defunciones.
La emigración en España se va consolidando y ya supera los cuatro millones y medio.
España se ha convertido en una nación vieja, en la que hay 2 millones más de personas mayores que de jóvenes. Uno de cada cinco españoles supera los 65 años. Tenemos una creciente esperanza de vida pero sin gente joven esto no se puede sostener.
Los gobernantes andan preocupados por el sistema de Seguridad Social que puede irse a pique definitivamente, pues la pirámide demográfica se ha invertido. Las consecuencias de este invierno demográfico para 2050 serán catastróficas pues 1 de cada 3 españoles tendrá más de 65 años.
La evolución demográfica hay que verla en relación con los hogares y la nupcialidad, lo que también ha sistematizado el Instituto de Política familiar y del que les comentaré en un próximo artículo.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 8 de septiembre de 2020

Pandemia y aborto



            Con la pandemia se mueren los viejos con el aborto los niños por nacer
El Instituto de Política Familiar es una entidad independiente, no vinculada a la administración pública ni a partidos políticos u organizaciones religiosas que busca la promoción y defensa de la familia ante la opinión pública y los poderes públicos. Con periodicidad publica sus informes que cualquiera puede leer bajándolos de su página de internet.
Hoy pretendo comentar su informe sobre el aborto en España, 35 años después de aquella nefasta ley de 1985 que se decía de despenalización del aborto en varios supuestos, pero que ha ido ampliándose desde el gobierno de Rodríguez Zapatero y que el posterior mandato del Partido Popular no se atrevió a modificar, dejando claro que la derecha hace seguidismo de las ideas de la izquierda por carecer de discurso propio.
Tomando como base los datos de abortos registrados,  notificados por las Comunidades Autónomas y que el Ministerio de Sanidad recoge anualmente en su informe “Interrupción voluntaria del Embarazo”, el número de abortos ha superado siempre los 90.000 anuales desde el 2005. En el año 2018 han sido 95.917 abortos, un 2% más que la cifra de 2017 de 94.188.
La cifra de 2018 significa que cada día 263 niños dejaron de nacer. Cada cinco minutos y medio se produce un aborto.
En 2017 España ocupaba el tercer lugar en la Unión Europea en número de abortos, detrás de Alemania y Francia.
El Instituto de Política Familiar ha puesto en relación los 95.917 abortos del 2019 con otros datos de interés. Los niños abortados son casi 90 veces más que la mortalidad por accidentes de tráfico. Cataluña, Andalucía y Madrid tienen 54.208 abortos lo que representa el 56% del total de España.
Son las jóvenes entre 20 y 24 años las que tienen la mayor tasa de abortos. Desde el año 1985  hasta 2018 se han producido un total de 2.387.543 abortos lo cual explica bastante claro nuestros problemas demográficos. Ha habido un trasvase de abortos quirúrgicos hacia abortos químicos del 23%, pero tan de una forma como de otra el resultado es el mismo: niños que no los dejan vivir.
Las adolescentes y las niñas son las más afectadas pues de cada 5 chicas embarazadas, tres abortan. Curiosamente la proporción de abortos sobre embarazos de mujeres extranjeras está disminuyendo, mientras siguen aumentado entre las españolas.
Hasta el 2010 el aborto en España ha sido libre de hecho y después ha sido y es libre de derecho. A pesar de la facilidad para la utilización de anticonceptivos físicos, el aborto es concebido como un anticonceptivo más, tanto en mujeres con pareja como sin pareja, en mujeres con hijos como en mujeres sin hijos, en las 14 primeras semanas de gestación. Es dudoso que se notifiquen todos los abortos que se producen, por lo que la cifra real de abortos será mucho más elevada.
En un próximo artículo trataré de dar a conocer la repercusiones demográficas de todo esto, utilizando otro informe del IPF.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 1 de septiembre de 2020

¿Qué hacemos con nuestra vida?


            Nuestra vida es un regalo del que se nos pedirá cuenta.
Según el diccionario,  la palabra culto es el honor que se tributa religiosamente a lo que se considera divino o sagrado pero cada vez más gente no considera nada como divino y sagrado ni se siente obligada a tributar culto a Dios.
La cultura no es solo, ni primariamente, el saber de cosas humanas sino regirse por un culto religioso. Desaparecido todo culto referido a Dios, las personas dan culto al mundo, pero el mundo le exige  que comparta sus ideas, sus banderías, sus valores, sus ideologías, en un batiburrillo de cosas a escoger y así escojo mi propia voluntad como razón última de mi existencia.
Huimos de las obligaciones que nos impone la religión cristiana, en nuestro caso, como la fe, la esperanza y la caridad, y aceptamos esoterismos, manuales de auto-ayuda, reiki o cualquier mercancía que nos ofrece la new age, siempre dispuestos cambiar de ideas y de conducta. Creo que es cierto que cuando se deja de creer en Dios se cree en cualquier cosa.
Pero hay algunas tendencias permanentes: ganar dinero, gozar del placer, triunfar en nuestras empresas ya sean profesionales, amatorias o deportivas.
En el libro llamado Imitación de Cristo que escribió Tomás de Kempis se nos dice: Escucha, hijo mío, mis palabras trascienden toda la ciencia de los filósofos y letrados de este mundo pues mis palabras son espíritu y vida y no se pueden ponderar partiendo del criterio humano.
No deben usarse con miras a satisfacer una vana complacencia sino recibirse con humildad y gran afecto del corazón. Los más, oyen de mejor grado al mundo que a Dios, y más fácilmente siguen las apetencias de la carne que el beneplácito divino. El mundo ofrece cosas temporales y efímeras y se le sirve con diligencia. Dios promete lo sumo y eterno y los corazones de los hombres languidecen presos de la inercia.
Lo que escribía Tomás de Kempis en el siglo XIV ¿no es aplicable hoy a los que vivimos en el XXI? Pero pocos lo leen entretenidos con cualquier programa de televisión o las aplicaciones del móvil.
Las palabras y las promesas de Dios no pasan y al que no quiera escucharlas se le pedirá cuentas el último día, porque ese último día siempre llegará y a todos aquellos que las escucharon y se esforzaron por cumplirlas entrarán en la eterna bienaventuranza, esa en la que muchos han dejado de creer para su daño.
Si es que ha llegado a leerme hasta aquí, es posible que abandone su lectura tachándola de aburrida, de ilusoria, de engañosa. Por favor, piense que existe un Dios que le ha regalado la vida y vida no hay más que una y será una locura desperdiciarla.
Aunque nos vendan todos los adelantos del mundo, ninguno nos librará de la muerte y lo que es más grave, de la vida futura de la vida sin fin.
No creamos a quienes nos dicen que después de la muerte no hay nada. Ya sería un gran fracaso haber vivido muchos años para que todo quede en unas pocas cenizas, pero si hay otra existencia feliz o desgraciada pero eterna, el riesgo de no escuchar a Dios que nos ha hablado por medio de Jesucristo y de su Iglesia, hay que valorarlo en toda su importancia.
 Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 25 de agosto de 2020

Más allá de la muerte empieza otra vida



            Muchos no creen en ella para su daño, otros se esfuerzan en lograrla.
Los dones de Dios son irrevocables. Recibimos el don de la vida y viviremos por toda la eternidad. La muerte no termina nada sino que con ella comienza una vida distinta pero sin fin. Mucha gente dirá que no lo cree y que con la muerte desaparecerá para siempre ¿podremos sacarlos de su error?.
Si nos paramos a pensar, tarea que pocos emprenden y vemos que tanto el rico como el pobre tienen un final similar quizás creamos que todo es una broma de mal gusto. Al final unos huesos y una tumba. ¿Todos nuestros esfuerzos han sido inútiles? ¿Es idéntica la suerte del bueno y el malo?
Desde el principio de los tiempos el Dios que nos da la vida no ha dejado de instruirnos, de avisarnos, de castigar nuestro alejamiento de Él. Por medio de los profetas nos llamó al buen camino y hasta envió a su Hijo único, Jesús de Nazaret, para insistir, una vez más, que el mismo Padre nos ama y nos invita a gozar de su propia vida divina.
Pero nosotros, como dice Jeremías, hemos abandonado a Dios, fuente de agua viva, y nos hemos ido a cavar cisternas rotas que no pueden retener las aguas. Nos hemos creído autosuficientes. No necesitamos de Dios que es un estorbo empeñado en la tontería de que nos amemos los unos a los otros. El mundo es nuestro y hay que conquistarlo, pero este mundo tiene un príncipe, el demonio o Satanás, la serpiente antigua que tentó a la primera pareja de hombres en el Paraíso y que expulsado de la gloria, busca sin descanso a los hombres para perderlos.
Alardeando de listos caemos en sus redes. No importa que hayamos renunciado a creer en Dios pues creeremos en Satanás y nuestro destino será horrendo. Las señales son claras: odios, guerras, abusos, inmoralidad creciente y triunfante.
Todo esto está en la dimensión de eternidad, por lo que nuestros planes, partidos, objetivos, líderes y organizaciones no arreglarán nada, sino nos irán haciendo caer cada vez más bajo.
En cambio aquellos que creyeron la palabra de Dios y la pusieron por obra llegarán a la eterna bienaventuranza. Aún es tiempo de volver a Dios, aún es tiempo de amar al prójimo, aún es tiempo de abandonar los “ídolos” de Egipto: el poder, la riqueza, el placer, la autosuficiencia y disponernos a cruzar el desierto para llegar a la tierra prometida donde viviremos para siempre.
La muerte, nuestra muerte, no termina nada sino que nos introduce en un escenario eterno de felicidad o de condenación. No podemos dejar esta oportunidad única de pasar a gozar de la vida eterna.
Si los santos que celebramos como patronos de nuestros pueblos desaparecieron con su muerte ¿qué hacemos en sus fiestas o en sus procesiones? Pero si esos santos y otros muchos de todo el mundo han llegado a la vida eterna, también nosotros podemos llegar, todo es cuestión de reconocer a Dios y adorarlo y tratar de cumplir su voluntad.
Alejarnos de Dios es elegir un camino equivocado y que nuestro mundo continúe hundiéndose en el mal y la desesperación. Podemos dedicar un rato a pensar en ello que seguramente es lo mejor que podemos hacer.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 18 de agosto de 2020

¿Tiene límites el gobierno?



            Nos dicen que son la libertad y la justicia, pero es el gobierno mismo el    que fija su contenido.
Leo en un artículo que los límites de un gobierno, más allá de los cuales no puede pasar, son la libertad y la justicia, cosa con la que en principio estaría de acuerdo, pero el problema se plantea  cuando hay que determinar el contenido de la libertad y de la justicia.
En nuestros sistemas, que se dicen democráticos, ambas cuestiones se deciden por el gobierno de turno que amplía o reduce nuestra libertad a su gusto. Si tiene suficientes votos para aprobar cualquier ley, ésta puede manipular nuestra libertad y lo mismo cabe decir de la justicia: justo es lo que el gobierno determine como tal, libertad es la que yo te conceda.
Todo ello de tejas abajo, ya que el poderoso argumento de la razón que enunciaron en Grecia nadie lo invoca y el inapelable de la ley divina resulta bastante olvidado. De los partidos que actúan en la política más que invocar la voluntad divina, echan mano del progresismo y la concesión de todo tipo de libertades buscando el voto ciudadano.
La solemnes declaraciones de derechos ya sean las de la ONU, las de la UE o las de nuestra propia constitución han terminado siendo “papel mojado”
El fundamental derecho a la vida ya quedó herido de muerte cuando se legalizó el aborto y hemos llegado hasta el infanticidio. Se nos dice que el derecho de la mujer a abortar prima sobre el derecho a la vida del concebido y no nacido. Por lo visto el hombre que fecundó a la mujer también carece de derechos o es tan cobarde que no se atreve jamás a reclamarlos.
El derecho a profesar una religión se acepta, siempre que no vaya más allá de la procesión y las fiestas del pueblo, el matrimonio que la religión declara indisoluble puede disolverlo el gobierno sin ningún problema y por supuesto la interrupción del embarazo, aquella que comenzó proponiéndose como despenalización en ciertos supuestos y se amplió con otras leyes que considero injustas.
Si los límites del gobierno eran la libertad y la justicia han sido manipulados sin contemplaciones. Es legal el matrimonio homosexual, es legal el cambio de sexo por encima de la biología y la persecución de quienes se opongan a ello.
El derecho de los padres a educar a sus hijos va cediendo ante el empuje del adoctrinamiento obligatorio por parte del gobierno que se salta los límites sin empacho alguno.
La eutanasia está a las puertas, pues en un “mundo envejecido no parece justo que los mayores sigan cobrando sus pensiones”
Este mundo tan liberal y tan democrático se está yendo al garete y será sustituido por otras gentes, otras costumbres y otras religiones. Si eso es lo que quiere la mayoría democrática, ¡pues adelante! Afortunadamente ya no estaré por aquí para verlo, pero siento una profunda desazón al ver como se hunde este mundo, esta civilización que costó el esfuerzo de tantas generaciones.
Dios, que a pesar de todo nos ama, sabrá la razón de este triste desastre. Quizás estemos todavía a tiempo de reaccionar, de volver a Él y decirle: “Señor hemos pecado, muéstranos tu misericordia y danos, una vez más, tu perdón”
Invito a mis lectores a rezar.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 11 de agosto de 2020

Nada es verdad ni mentira, decía Campoamor



            Un mundo en el que la verdad y la mentira la establezca el poder político           es sumamente peligroso.
Don Ramón de Campoamor escribió a mediados del siglo XIX unos célebres versos que  han llegado hasta nosotros cargados de sentido. Dice Don Ramón que en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, sino será del color del cristal con que se mira.
Es claro el relativismo que se desprende de sus palabras y que cada cual pueda ver las cosas a su manera no es para alarmarse. Pero si nos fijamos bien, la afirmación de que nada es verdad ni mentira es espantosamente disolvente. Necesitamos creer en algo como verdad pues si ella desaparece de nuestra vida  flotamos a la deriva sin norte y sin destino.
Claro es también que cada uno busca una verdad distinta. Para unos la única verdad es el dinero, para otros el placer, para otros el poder y estos son peligrosos, pues en la medida en que lo consigan tratarán de imponer su propia visión de la vida a todos los demás.
Naturalmente que lo llamarán tolerancia, entendiendo por ella que lo deseable es una sociedad abierta, multicultural e incluyente y que tal tipo de sociedad es superior a todas las demás.
En este tipo de sociedad no podré defender la existencia de una verdad que roce siquiera cualquier otra postura, ni podré señalar la mentira en la que viven otros ciudadanos.
Mucho menos podré cuestionar al poder que cuenta con todos los medios necesarios para imponerse. El color del cristal con el que ve todas las cosas es inapelable y nos obligará (ya nos está obligando) a aceptar el tipo de educación que ellos decidan, la memoria histórica amañada a su conveniencia, los valores e ideologías pensadas en “tenidas” de desconocidos personajes con mandil, ya sea el aborto, el matrimonio homosexual, el calentamiento global, la abolición de las creencias religiosas y sus símbolos y el omnipresente rostro del “gran hermano” que dice velar por nosotros.
Quizás podamos pensar que si mantenemos un marco constitucional regido por elecciones libres todo esto puede cambiar, pero ya se han dado varias elecciones con cambio de partido gobernante pero no se ha notado en nada.
Desde aquella engañosa ley de “despenalización del aborto”          que nos impuso astutamente el señor Fernández Ordóñez y amplió Zapatero, se han sucedido dos partidos diferentes que no han movido una coma de aquellas leyes aberrantes, incluso han dictado otras igual de nefastas y perseguido a los que han tratado de oponerse a ellas.
La ventana de Overton, como técnica que hace posible pasar de lo impensable a lo socialmente aceptado, funciona perfectamente en manos del poder que nos hará tragar la implantación de la eutanasia, como en otros países de Europa y hasta la antropofagia, llamada antropofilia que es más moderno.
Si algún partido se opone a estos desafueros es tachado de extremista por el gobierno y todos los medios de comunicación a su servicio. Es curioso que tengamos un parlamento en el que solo hay un extremo, la derecha, pero nadie llama extrema izquierda a los comunistas que están ahora en el gobierno.
No podemos aceptar que la verdad y la mentira hayan dejado de existir engullidas por la falsa tolerancia que se predica desde el poder.
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 4 de agosto de 2020

Divagaciones sobre lo público, lo privado y la defensa del ciudadano


            No estoy muy seguro de que se defienda por el gobierno el derecho de propiedad.

A menudo podemos encontrar grupos que se manifiestan en defensa de “lo público” pues al parecer cualquier actividad que pueda adjetivarse de pública goza de un plus de legitimidad, mientras que lo privado siempre es sospechoso de abuso, privilegio o enriquecimiento injusto.

En mi opinión el derecho a la propiedad privada es el que nos constituye como personas libres. Que cada cual pueda disponer de sus bienes, de su talento o de sus conocimientos para poder intercambiarlos con los demás es imprescindible para conseguir un aumento de la prosperidad, mientras que en aquellos países que limitan estos derechos y se ocupan por el poder, la ruina está servida, como puede comprobarse en muchos países hispanos y en los que estuvieron o están aun sometidos a las doctrinas comunistas.

Los gobernantes están obligados a gestionar “lo público” en beneficio de los ciudadanos y no en el de la clase gobernante. Me parece perfecto que el gobierno de la nación garantice el derecho a la educación pero nunca  a utilizarlo como medida de adoctrinamiento.

También me parece perfecto que el gobierno garantice un sistema público de salud, pero ello no puede significar que los ciudadanos no puedan buscar otras formulas libres de asistencia sanitaria.

Hay muchos bienes que no son susceptibles de propiedad privada como puede ser el medio ambiente, las calles, las plazas o las carreteras y el gobierno tiene la obligación de velar por el buen uso de todo ello, dictando las normas adecuadas y sancionando su incumplimiento, pero no deja de resultar inapropiado que prohíba el paso por cualquier sitio porque un gobernante cualquiera lo imponga apoyado por las fuerzas del orden.

Me parece muy bien que todos tengan derecho a una vivienda, pero que yo sepa, el gobierno no regala viviendas a los ciudadanos, aunque podría regular el acceso a la propiedad en forma más ventajosa para quienes carezcan de medios, pero en ningún caso el gobierno puede aceptar que cualquiera pueda ocupar por la fuerza la vivienda de otro y menos utilizando medios que puedan tener una “aparente” cobertura legal que deriva el problema al poder judicial, cuyo funcionamiento resulta manifiestamente mejorable tanto en las leyes aplicables como en la duración del proceso.

Las instituciones de gobierno cumplen su misión si defienden los derechos de los ciudadanos y si hay alguna autoridad que no lo hace o incluso colabora en su vulneración,  debe ser removida del cargo de inmediato.

Cada día nos ofrecen las desagradables escenas de ocupación de viviendas. ¿Hace algo el defensor del ciudadano, si es que sigue existiendo? Leemos que se le corta el fluido eléctrico a un jubilado si no paga, pero se arresta al propietario de la vivienda que hace lo mismo con el ocupa.

Todos los días se nos muestran en los medios de comunicación la situación de España respecto a los países de la Unión Europea en el PIB, en el número de contagiados, o los fallecidos por el COV19, ¿por qué no se nos muestra lo que otros gobiernos hacen respecto a garantizar el derecho de propiedad de las viviendas de sus ciudadanos frente a la extorsión de los ocupas? ¿Qué hacen los demás países respecto a los que buscan vivir del estado y no dar golpe?

Francisco Rodríguez Barragán

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