sábado, 14 de enero de 2017

El mundo mejor en que soñaba


Cuando era joven pensaba que marchábamos hacia un mundo mejor, que progresábamos de forma imparable, que el futuro nos esperaba cargado de hermosas realidades. Poco a poco mis convicciones se fueron debilitando, no íbamos uniformemente a mejor y si bien había cosas que progresaban otras más bien retrocedían. Hoy estoy bastante perplejo y desorientado, sin duda a causa de la edad.
Esperaba que el mundo fuera mejorando en cultura, respeto mutuo, justicia, oportunidades de vida, salud y bienestar. Las nuevas generaciones tendrían asegurada su educación y con ella un puesto de trabajo digno, pero no ha sido así. El abandono de los estudios es más que numeroso y la posesión de un título no garantiza nada.
Pensaba que el modelo productivo sería cada vez más eficiente y en efecto así ha ocurrido, gracias a los avances tecnológicos imparables. Pero el modelo no ha dejado de estar sujeto a crisis periódicas que han repercutido siempre en los mismos. La mano milagrosa de los mercados en un mundo globalizado no funciona a mi parecer.
Las ideas marxistas pensé que habían sido borradas de nuestro mundo, pero a un siglo de la revolución rusa, continúan funcionando regímenes comunistas como el de Cuba, Venezuela o Corea, que tratan de exportar revoluciones a toda América del Sur, Europa y también España. Si el bloque soviético se vino abajo, buscan usar el “camino largo” que caviló Gramsci, que consiste en copar la educación de la juventud para acabar con todas las estructuras sociales, especialmente la familia y la religión y esta tarea de zapa la veo muy avanzada, aunque no me lo imaginé.
Recuerdo cuando comenzó a gestarse una nueva Europa en la mente de unas personas tan valiosas como Schuman, Adenaur, De Gasperi. Paso a paso, lentamente fue tomando forma y los españoles suspirábamos por estar excluidos de participar en aquella ilusionante aventura. Luego vinieron las prisas, entramos en la Unión Europea que se convirtió rápidamente una gigantesca estructura de poder que no solo se dedica a organizar los mercados y la economía, sino a imponernos sus decisiones sobre ideología de género, aborto, homosexualidad o movimientos migratorios. Esta no es la Europa en la que yo soñaba hace medio siglo.
España no solo estuvo excluida de la construcción de Europa sino también de formar parte de la Organización de las Naciones Unidas, hasta que por fin entramos. Era el futuro estupendo que yo pensaba. Pero pronto me fui desilusionando al ver que aquello es también un gigantesco tinglado que no sirve para nada, salvo para difundir políticas antinatalistas y el llamado Nuevo Orden Mundial que la ha tomado con la ideología de género que propugna que el sexo es una decisión personal, independientemente de la biología y hasta nuestros gobernantes le hacen respetuosamente caso y nos la imponen.
No pensé nunca cuando joven que los musulmanes pudieran complicarnos la vida y ahí tenemos cada día a los terroristas haciendo atentados, n i leer ayer en mi periódico local que el máximo responsable de Al Qaeda ordena atacar a España y empezar por arrebatarle Ceuta y Melilla y seguir con Al-Andalus. No hay que esperar que la ONU haga nada.
Creo que los que me lean comprenderán que mi fe en un mundo mejor se haya venido abajo.
Francisco Rodríguez Barragán
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Fillon y la derecha francesa


No sé si hay católicos hoy en la derecha española
La derecha francesa ha elegido a Fillon para las próximas elecciones lo cual me reconforta pues se trata de un católico que no esconde su fe, que le ha llevado a defender la vida, la familia o las raíces cristianas de Europa, en una sociedad tan plural y secularizada como la francesa. Si se presenta a las elecciones será porque entiende que tiene algo que aportar.
Lamento que en la derecha española, nadie se reconozca públicamente como católico. Su catolicismo no puede darse por supuesto cuando no vemos por ningún lado que defiendan la vida, ni la familia, dedicados en cuerpo y alma a la economía. Por el contrario, son tan favorables como la izquierda a la imposición de la ideología de género a través de la educación desde la infancia, la consideración del sexo como decisión personal, al margen de la biología,  la aceptación del aborto y las leyes para sancionar a quienes expresen su oposición a todo ello.
Cuando el manoseado estado de bienestar toma bajo su batuta el derecho a la educación, se erige en único agente transmisor de su propia ideología, por encima de los padres y las familias. Desconectado de sus raíces el sujeto no es más libre sino más fácilmente manipulable. La revolución proletaria fracasó pero la revolución educativa que soñara Gramsci se está desarrollando ante nuestros ojos. Seguramente la reforma de la que ahora se habla, no abordará, por desgracia, ningún rearme moral de las nuevas generaciones, ni la exigencia de mérito y capacidad ni la búsqueda apasionada de la excelencia. ¡Ojalá me equivoque!
A veces me pregunto qué es ser católico aquí y ahora. Por un lado noto que se nos va expulsando de la vida pública ya que con facilidad se nos puede señalar como “ultraderecha”, como enemigos del progreso y de la implantación de los “nuevos derechos” que se cocinan en el Nuevo Orden Mundial que patrocina la ONU y la UE, con los que efectivamente estoy en desacuerdo.
Ser católico de procesión y romería se lleva bastante, ¡hasta por los políticos! Y la Iglesia, como tal, recibe parabienes y buenas palabras por su tarea asistencial, aunque las tareas asistenciales también las realicen otras administraciones, seguramente de forma insuficiente en estos tiempos de crisis. Los que sean tan viejos como yo quizás recuerden la organización humanitaria Auxilio Social que fundara Mercedes Sanz-Bachiller.
No solo la Iglesia sino muchas organizaciones filantrópicas realizan tareas asistenciales con eficacia, pero habría que advertir que solo la Iglesia es la que está llamada a realizar una labor evangelizadora a través de los cristianos, cada cual en su ambiente de familia, de barrio, de profesión o de parroquia, lo que a mi juicio no se hace o no se hace en la medida que sería necesario.
Es indudable que la difusión de los valores del evangelio choca frontalmente con muchas de las ideologías que se ofrecen desde la política, de aquí la importancia de lo que pueda representar Fillon y la derecha francesa en la escena política donde hay que respetar y convivir  con un variado pluralismo en el que pienso que los católicos podemos aportar bastante, siempre que se nos deje.
En España  ¿hay cristianos en la derecha dispuestos a actuar defendiendo sus convicciones y sin pretender imponerlas a los demás?
Francisco Rodríguez Barragán 

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El trabajo dignifica, el limosneo ¡no!


Hay que buscar la forma de distribuir el trabajo y la riqueza
Por fin ya ha empezado a hablarse de cuestiones laborales, de salario mínimo, de reformar una vez más las leyes, de negociación colectiva y del sistema de pensiones. Como la esperanza es lo último que se pierde, esperemos que los resultados sean beneficiosos para el conjunto de los españoles.
El trabajo asalariado sigue siendo una mercancía más en el ciclo productivo, sujeta al mecanismo de oferta y demanda, agravado ahora, como no puede ser menos, en un mercado globalizado.
Por mi edad recuerdo otros tiempos en que se hablaba del salario familiar no solo desde la Iglesia, sino desde variadas leyes y medidas, reducidas hoy a casi nada. Para el sistema, que existan o no las familias, que tengan hijos o no, carece de importancia.
En la abundancia de datos estadísticos que se nos ofrecen no he encontrado, quizás porque no he sabido buscarlo, si los hogares en que entran dos sueldos aumentan o disminuyen, pues creo que en gran parte de la clase de media, los dos miembros del matrimonio, o la pareja, trabajan y aportan ingresos por sueldos, salarios o ejercicio profesional.
Nos alarman con el número de hogares en los que no entra ningún sueldo y el de las personas que viven en la pobreza y el riesgo de exclusión social, pero cada vez se adquieren más automóviles, se viaja por todo el mundo y, según dicen aumenta el PIB, cuyo cálculo  no es algo que cualquiera pueda comprobar.
Quizás sería bueno peguntarse si el aumento de riqueza se puede repartir mejor para, de alguna manera,  evitar la brecha creciente entre los que ganan más y los que ganan menos o no ganan nada.
Si se pretende resolver la cuestión con subsidios me parece que no puede ser la solución. El trabajo dignifica a la persona el limosneo no. Si no se encuentra algún modo de repartir trabajo y riqueza irá aumentando el número de vagos y el de resentidos, dispuestos a nutrir las filas de populistas y anti-sistema.
También está en el candelero el problema de la educación, que quizás sea la clave de todos los demás, aunque pienso que en sentido opuesto al que parecen apuntarse. Siempre se reclamó  la igualdad de oportunidades ¡pero de entrada, no de salida! Se ha devaluado tanto la educación que un título universitario sirve de bastante poco para encontrar trabajo.
Repensar la educación como transmisión de conocimientos y valores, adecuarla a las necesidades de la sociedad, premiar el esfuerzo y el mérito, abrir nuevos caminos profesionales, etc. El profesor José Antonio Marina esbozó una posible reforma ¿se ha abandonado?
Si las reivindicaciones estudiantiles son suprimir los exámenes y que les faciliten el botellón semanal, mal vamos. Si las instituciones académicas, más allá de reclamar dinero, están dispuestas a someterse  a un proceso de evaluación de resultados, terminan con las endogamias  y la politización, podría esperarse algún arreglo y si los docentes, desde la escuela infantil a la universidad, fueran los mejores, es seguro de que muchos de nuestros problemas llegarían a resolverse.
Francisco Rodríguez Barragán
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El Nuevo Orden Mundial y el reino de Dios


No hay que dejarse seducir por los engaños del Nuevo Orden Mundial
Desde diversas instancias nos amenaza un Nuevo Orden Mundial (NOM) basado en la ideología de género, los “nuevos derechos” o la agenda LGBT. Tanto la ONU y sus diversos tinglados, conferencias, programas  y objetivos a imponer a todo el mundo, como la Unión Europea y hasta nuestras entidades autónomas, siguen tratando de imponer y educar a las nuevas generaciones en una sexualidad malsana, incluido el aborto o el cambio de sexo, persiguiendo y reprimiendo a cualquiera que ose mostrar su rechazo a tales cosas.
Cada vez que los hombres, creyéndose autosuficientes, han decido organizar el mundo, no han dejado de traernos desgracias. Pensemos en la revolución francesa y las guerras napoleónicas para instaurar por las bravas los principios revolucionarios. Los resultados fueron muertos y desastres, luego llegaron a pactos y componendas pero ¿sirvió todo aquello  a los que cayeron? La mano invisible del liberalismo ¿consiguió un mundo sin pobres, sin mendigos? La dictadura del proletariado ¿no se convirtió en el espanto del gulag?
Para ordenar el mundo los vencedores se repartieron África. Para hacer un mundo de superhombres los nazis asesinaron a millones de personas y Mao hizo la larga marcha y Pol-Pot, y tantos otros mataron y sometieron a millones de hombres. Para ordenar el mundo loa americanos dejaron en manos de Stalin muchos pueblos que fueron salvajemente tratados…
Ahora quieren embaucarnos con otro Nuevo Orden Mundial, ¡cuidado con sus mentiras! No sobran personas en el mundo, ni es seguro que haya un calentamiento global, ni podemos cambiar la realidad de los sexos a voluntad, ni la globalización es ninguna panacea para resolver los problemas del mundo.
Hoy cuando escribo, es para los cristianos la fiesta de Cristo Rey del Universo, pero del que no hacemos ningún caso a pesar de que todo lo que existe es obra de sus manos. La maravilla del cosmos no es el resultado de una mera casualidad, de una gran explosión sino de una inteligencia poderosa y creadora a quienes llamamos Dios y nuestra vida, la de cada uno de nosotros, está en sus manos y no se acaba con la muerte. Si todo acabara con la muerte ¿a qué tanto esfuerzo?
Pero las viejas palabras de Satanás siguen llegando a nuestros oídos: seréis como dioses, conocedores del bien y del mal, nos dijo: sois libres y en realidad hemos resultado ¡esclavos de tantas cosas!
Los cristianos confesamos que el reinado de Cristo es un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Este reino está al alcance de nuestras manos si buscamos honestamente la verdad y respetamos la vida desde la concepción hasta la muerte natural. La santidad y la gracia nos la ofrece a raudales desde la cruz Jesucristo, solo hace falta que la recibamos con las manos abiertas, pues si las tenemos ocupadas en aferrar las cosas que pasan, los bienes de este mundo, será imposible.
La justicia, el amor y la paz son las grandes realidades que nos ofrece el reino de Dios. ¿Quién se decide a buscar la justicia sin desfallecer? ¿Quién se apunta a construir un mundo más humano, más fraterno, donde todo dolor sea compartido, donde cada cual sienta como propias las dolencias del hermano?
Frente a tanto embuste, tanta quimera, el reinado de Cristo puede llegar hasta nosotros, basta con que abramos nuestro corazón a la esperanza.
Francisco Rodríguez Barragán
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Hay una crisis más grave que la económica


Cuando la sociedad enferma de envejecimiento no hay recuperación posible.
Cada vez que se produce una crisis económica los políticos se apresuran a tomar las medidas necesarias para superarla, pero cuando se produce una crisis social de largo alcance ningún político se da por enterado.
Venimos padeciendo una grave crisis social, al menos desde la revuelta de  mayo del 68, que se ha ido agravando con la introducción de medidas y experimentos suicidas. Me refiero a las células que forman la sociedad, las familias, que han sido sistemáticamente destruidas en su naturaleza y funciones.
La familia era la encargada de mantener la continuidad misma de la sociedad como transmisora de la vida y de las pautas de comportamiento. Los datos de población ponen de manifiesto el hundimiento de las tasas de nupcialidad y de la natalidad y nuestro acelerado envejecimiento. De las enfermedades se puede salir, de la vejez nunca. Somos una sociedad, una civilización, que se está suicidando sin darse ni cuenta.
Los políticos no hacen nada. Habrán podido comprobar que lo único que consideran importante es la economía. Ni se les ocurre crear un ministerio que defienda la familia, pero ellos, a través de sucesivos gobiernos, son los responsables del desastre al haber ido introduciendo, sin pausa, medidas nocivas y perjudiciales para la estabilidad de la familia, la transmisión de la vida y la educación de las nuevas generaciones, envuelto todo ello con la engañosa envoltura de la modernidad y los “nuevos derechos”.
El manoseado estado del bienestar además de establecer el derecho a la sanidad y a la educación para todos, ha incluido también el derecho a una sexualidad libre y un control de la natalidad que va desde los anticonceptivos al aborto, educando para ello a las niñas desde los diez años con el embuste de conseguir la salud sexual y reproductiva.
No se defiende el papel de la familia, pero todas las administraciones, desde las internacionales a las autonómicas, están preocupadísimas por la defensa de los derechos del colectivo LGTB y la bandera del arco iris, con leyes que, cuando menos, resultan sorprendentes, pues puedes ser delatado, acusado, juzgado y condenado por homofobia, con inversión de la carga de la prueba como en los tiempos de la inquisición.
Aunque la Constitución consagre que el estado es aconfesional y que los ciudadanos gozan de libertad de opinión, ahora resulta que el estado es extrañamente confesional respecto a la ideología de género y los ciudadanos obligados a profesarla.
Podemos opinar a favor o en contra de la reforma laboral, de la imposición fiscal o del sistema de pensiones,  pero es peligroso opinar acerca de las leyes relacionadas con la llamada defensa del colectivo LGTB, como si no fuera suficie
nte defensa para este colectivo el principio general de que nadie podrá ser discriminado en razón de su sexo, o de su orientación sexual.
Seguramente es que no se trata de luchar contra la discriminación,  sino de imponer una ideología concreta en materia de sexualidad en detrimento de la libertad de quienes no comparten esta ideología por entender que agrava la situación de crisis que vive nuestra sociedad.
Francisco Rodríguez Barragán
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Reflexiones de un ignorante sobre economía y globalización


Dicen que hemos salido de la crisis pero muchos se han hundido en ella
He escuchado en la radio que en China una fábrica de móviles de una famosa marca ha despedido a 50.000 trabajadores en razón a que las tareas que realizaban serán efectuadas por robots.
He recordado haber leído sobre los disturbios que se produjeron en el Reino Unido por parte de los tejedores que perdieron su empleo por la introducción de máquinas de vapor. Naturalmente las nuevas máquinas funcionaron satisfactoriamente para los dueños de las fábricas. Pasados unos años el gobierno anunció que el paro había disminuido, pero sin duda un determinado número de tejedores no llegarían a encontrar un nuevo empleo y sufrirían las consecuencias, sin que ello importara demasiado a la economía.
En nuestra época globalizada se produce la deslocalización de empresas que se trasladan a otros países cuyos salarios y derechos laborales son mucho más bajos. Las empresas consiguen una mayor competitividad en los mercados pero los trabajadores que perdieron su empleo cobrarían las correspondientes indemnizaciones y subsidios pero, posiblemente, empeoró su situación social al no encontrar nuevos trabajos equivalentes.
Nos han contado que la globalización esté beneficiando a los países pobres cuyas economías han crecido notablemente. Lo que no sabemos es si el crecimiento económico de estos países ha beneficiado a los trabajadores de forma correlativa o si solo ha beneficiado a sus empresas, si los trabajadores han conseguido aumentar sus derechos laborales o siguen con jornadas de trabajo agotadoras y sin organizaciones sindicales que los defiendan.
Invito a mis amigos a leer las etiquetas que llevan las prendas que compramos y vean que están fabricadas en China o en cualquier otro país asiático, aunque luego se vendan en nuestros comercios. Podemos preguntarnos la razón de que tales prendas no se fabriquen en cualquier lugar de España, que tiene dos millones de personas en paro. Seguramente los sueldos que habrían de pagar a los españoles no permitirían ofrecer tales productos a precios competitivos.
¿Tendrá este desbarajuste algún arreglo? Los economistas me aburren con sus altisonantes palabras y sus series de porcentajes de todo lo habido o por haber, pero no me ofrecen soluciones que beneficien a nuestros trabajadores y a los trabajadores de los países pobres, solo contabilizan como éxito el aumento de ganancia de las empresas. ¡Oh, los mercados y sus misterios!
Pienso que esta situación es el caldo de cultivo de los populismos que proponen utopías disparatadas o soluciones imposibles. Ni el liberalismo económico ni el socialismo y mucho menos el comunismo han conseguido resolver los problemas que plantean las crisis que se repiten una vez y otra y que siempre sufren los mismos.
El invento del estado de bienestar, en el que un Estado paternalista dice que nos cuida desde la cuna a la tumba, ha funcionado aceptablemente en las épocas prósperas pero ha entrado en crisis por la caída de la natalidad y el envejecimiento imparable. Pero de esto se habla poco o nada y un gobierno auto-satisfecho nos repite a todas horas que hemos conseguido salir de la crisis y que en unos pocos años llegaremos al pleno empleo. Pero quizás crecerá más deprisa el número de jubilados que el de empleados. Ya veremos si el pacto de Toledo es capaz de alguna idea luminosa.
Francisco Rodríguez Barragán
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Acatar lo que diga Europa sin discusión


Los eurodiputados españoles votan unánimes una merma de nuestra soberanía
En nuestro Parlamento estamos viendo que los diputados no se llevan precisamente bien. Las sesiones de investidura del jefe del gobierno han mostrado  sus discrepancias, odios, diferencias y enemistades y en el salón de sesiones hemos visto de todo.
Pero es seguro que poca gente se habrá enterado de que en el parlamento europeo, nuestros eurodiputados votaron favorable y unánimemente el informe presentado por  Sophie in 't Veld,  Vicepresidenta del Grupo ALDE, formado por liberales y demócratas, que resultó aprobado por 405 votos a favor, 171 en contra y 39 abstenciones.
Este informe pretende que, desde Bruselas, pueda imponerse a todos los países de la UE una misma política respecto a determinados derechos que estima fundamentales, lo cual implica una merma de la soberanía nacional, nada acorde con el principio de subsidiariedad del art. 51 de la carta de Derechos Fundamentales, ni con  el principio de unanimidad exigido por los tratados constituyentes de la Unión Europea.
¿El objetivo? Sancionar a las personas, partidos y países que no cumplan los estándares democráticos que desde allí se marcan respecto a la ideología de género, derechos del colectivo LGTB, matrimonio homosexual y aborto, cuestiones que han acogido con entusiasmo.
Quieren los promotores de este informe “meter en cintura”  a Polonia y Hungría que se oponen a autorizar el matrimonio homosexual o ampliar el aborto, para lo cual necesitan reducir su soberanía y anular el poder de sus propios tribunales.
La aprobación del informe In’t Veld es una mala noticia, aunque está redactado astutamente presentándolo como  medio de defender los derechos de todos los europeos al imponer unas leyes homogéneas, aunque el problema es que con ello están forzando la conciencia de las personas y la cultura de los pueblos.
Lo mismo que desde Bruselas se ha logrado el sometimiento de todos a sus reglas económicas, piensan que también podrán someternos a sus “reglas morales” y lo peor es que lo están consiguiendo. De hecho nuestros políticos y los medios de comunicación tratan con profusión de las cuestiones económicas y presupuestarias pero pasan de largo sobre todo lo demás.
Nuestros eurodiputados de todos los colores han asumido sin problema este informe, seguramente para demostrar que a modernos y avanzados no les gana nadie y les trae sin cuidado lo que podamos pensar los españoles a quienes nadie les ha explicado la transcendencia de aceptar esta merma de soberanía y el sometimiento a los tribunales europeos de nuestras normas de convivencia.
La Unión Europea, lo mismo que la ONU, están empeñadas en redefinir nuestros códigos culturales y morales, aunque en esta ofensiva esté naufragando la institución familiar, se separe la sexualidad de la procreación, la natalidad se hunda y terminemoss invadidos por otros pueblos que impondrán otra cultura diferente.
Mientras tanto andaremos felicitándonos por haber conseguido superar la biología por la técnica, cambiar de sexo o eliminar los niños en gestación si nos estorban, al mismo tiempo que fabricamos otros por encargo en vientres de alquiler, o en probetas como imaginó Huxley en su mundo feliz.
En mi opinión todo esto es más importante que las exigencias presupuestarias de Bruselas pero me temo que nadie hará el menor caso y nuestros eurodiputados seguirán aprobando unánimes lo que les presenten en Bruselas envuelto en modernidad y se invoquen los “nuevos derechos humanos”.
Francisco Rodríguez Barragán

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