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sábado, 14 de enero de 2017

Fillon y la derecha francesa


No sé si hay católicos hoy en la derecha española
La derecha francesa ha elegido a Fillon para las próximas elecciones lo cual me reconforta pues se trata de un católico que no esconde su fe, que le ha llevado a defender la vida, la familia o las raíces cristianas de Europa, en una sociedad tan plural y secularizada como la francesa. Si se presenta a las elecciones será porque entiende que tiene algo que aportar.
Lamento que en la derecha española, nadie se reconozca públicamente como católico. Su catolicismo no puede darse por supuesto cuando no vemos por ningún lado que defiendan la vida, ni la familia, dedicados en cuerpo y alma a la economía. Por el contrario, son tan favorables como la izquierda a la imposición de la ideología de género a través de la educación desde la infancia, la consideración del sexo como decisión personal, al margen de la biología,  la aceptación del aborto y las leyes para sancionar a quienes expresen su oposición a todo ello.
Cuando el manoseado estado de bienestar toma bajo su batuta el derecho a la educación, se erige en único agente transmisor de su propia ideología, por encima de los padres y las familias. Desconectado de sus raíces el sujeto no es más libre sino más fácilmente manipulable. La revolución proletaria fracasó pero la revolución educativa que soñara Gramsci se está desarrollando ante nuestros ojos. Seguramente la reforma de la que ahora se habla, no abordará, por desgracia, ningún rearme moral de las nuevas generaciones, ni la exigencia de mérito y capacidad ni la búsqueda apasionada de la excelencia. ¡Ojalá me equivoque!
A veces me pregunto qué es ser católico aquí y ahora. Por un lado noto que se nos va expulsando de la vida pública ya que con facilidad se nos puede señalar como “ultraderecha”, como enemigos del progreso y de la implantación de los “nuevos derechos” que se cocinan en el Nuevo Orden Mundial que patrocina la ONU y la UE, con los que efectivamente estoy en desacuerdo.
Ser católico de procesión y romería se lleva bastante, ¡hasta por los políticos! Y la Iglesia, como tal, recibe parabienes y buenas palabras por su tarea asistencial, aunque las tareas asistenciales también las realicen otras administraciones, seguramente de forma insuficiente en estos tiempos de crisis. Los que sean tan viejos como yo quizás recuerden la organización humanitaria Auxilio Social que fundara Mercedes Sanz-Bachiller.
No solo la Iglesia sino muchas organizaciones filantrópicas realizan tareas asistenciales con eficacia, pero habría que advertir que solo la Iglesia es la que está llamada a realizar una labor evangelizadora a través de los cristianos, cada cual en su ambiente de familia, de barrio, de profesión o de parroquia, lo que a mi juicio no se hace o no se hace en la medida que sería necesario.
Es indudable que la difusión de los valores del evangelio choca frontalmente con muchas de las ideologías que se ofrecen desde la política, de aquí la importancia de lo que pueda representar Fillon y la derecha francesa en la escena política donde hay que respetar y convivir  con un variado pluralismo en el que pienso que los católicos podemos aportar bastante, siempre que se nos deje.
En España  ¿hay cristianos en la derecha dispuestos a actuar defendiendo sus convicciones y sin pretender imponerlas a los demás?
Francisco Rodríguez Barragán 

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El Nuevo Orden Mundial y el reino de Dios


No hay que dejarse seducir por los engaños del Nuevo Orden Mundial
Desde diversas instancias nos amenaza un Nuevo Orden Mundial (NOM) basado en la ideología de género, los “nuevos derechos” o la agenda LGBT. Tanto la ONU y sus diversos tinglados, conferencias, programas  y objetivos a imponer a todo el mundo, como la Unión Europea y hasta nuestras entidades autónomas, siguen tratando de imponer y educar a las nuevas generaciones en una sexualidad malsana, incluido el aborto o el cambio de sexo, persiguiendo y reprimiendo a cualquiera que ose mostrar su rechazo a tales cosas.
Cada vez que los hombres, creyéndose autosuficientes, han decido organizar el mundo, no han dejado de traernos desgracias. Pensemos en la revolución francesa y las guerras napoleónicas para instaurar por las bravas los principios revolucionarios. Los resultados fueron muertos y desastres, luego llegaron a pactos y componendas pero ¿sirvió todo aquello  a los que cayeron? La mano invisible del liberalismo ¿consiguió un mundo sin pobres, sin mendigos? La dictadura del proletariado ¿no se convirtió en el espanto del gulag?
Para ordenar el mundo los vencedores se repartieron África. Para hacer un mundo de superhombres los nazis asesinaron a millones de personas y Mao hizo la larga marcha y Pol-Pot, y tantos otros mataron y sometieron a millones de hombres. Para ordenar el mundo loa americanos dejaron en manos de Stalin muchos pueblos que fueron salvajemente tratados…
Ahora quieren embaucarnos con otro Nuevo Orden Mundial, ¡cuidado con sus mentiras! No sobran personas en el mundo, ni es seguro que haya un calentamiento global, ni podemos cambiar la realidad de los sexos a voluntad, ni la globalización es ninguna panacea para resolver los problemas del mundo.
Hoy cuando escribo, es para los cristianos la fiesta de Cristo Rey del Universo, pero del que no hacemos ningún caso a pesar de que todo lo que existe es obra de sus manos. La maravilla del cosmos no es el resultado de una mera casualidad, de una gran explosión sino de una inteligencia poderosa y creadora a quienes llamamos Dios y nuestra vida, la de cada uno de nosotros, está en sus manos y no se acaba con la muerte. Si todo acabara con la muerte ¿a qué tanto esfuerzo?
Pero las viejas palabras de Satanás siguen llegando a nuestros oídos: seréis como dioses, conocedores del bien y del mal, nos dijo: sois libres y en realidad hemos resultado ¡esclavos de tantas cosas!
Los cristianos confesamos que el reinado de Cristo es un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Este reino está al alcance de nuestras manos si buscamos honestamente la verdad y respetamos la vida desde la concepción hasta la muerte natural. La santidad y la gracia nos la ofrece a raudales desde la cruz Jesucristo, solo hace falta que la recibamos con las manos abiertas, pues si las tenemos ocupadas en aferrar las cosas que pasan, los bienes de este mundo, será imposible.
La justicia, el amor y la paz son las grandes realidades que nos ofrece el reino de Dios. ¿Quién se decide a buscar la justicia sin desfallecer? ¿Quién se apunta a construir un mundo más humano, más fraterno, donde todo dolor sea compartido, donde cada cual sienta como propias las dolencias del hermano?
Frente a tanto embuste, tanta quimera, el reinado de Cristo puede llegar hasta nosotros, basta con que abramos nuestro corazón a la esperanza.
Francisco Rodríguez Barragán
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Reflexiones de un ignorante sobre economía y globalización


Dicen que hemos salido de la crisis pero muchos se han hundido en ella
He escuchado en la radio que en China una fábrica de móviles de una famosa marca ha despedido a 50.000 trabajadores en razón a que las tareas que realizaban serán efectuadas por robots.
He recordado haber leído sobre los disturbios que se produjeron en el Reino Unido por parte de los tejedores que perdieron su empleo por la introducción de máquinas de vapor. Naturalmente las nuevas máquinas funcionaron satisfactoriamente para los dueños de las fábricas. Pasados unos años el gobierno anunció que el paro había disminuido, pero sin duda un determinado número de tejedores no llegarían a encontrar un nuevo empleo y sufrirían las consecuencias, sin que ello importara demasiado a la economía.
En nuestra época globalizada se produce la deslocalización de empresas que se trasladan a otros países cuyos salarios y derechos laborales son mucho más bajos. Las empresas consiguen una mayor competitividad en los mercados pero los trabajadores que perdieron su empleo cobrarían las correspondientes indemnizaciones y subsidios pero, posiblemente, empeoró su situación social al no encontrar nuevos trabajos equivalentes.
Nos han contado que la globalización esté beneficiando a los países pobres cuyas economías han crecido notablemente. Lo que no sabemos es si el crecimiento económico de estos países ha beneficiado a los trabajadores de forma correlativa o si solo ha beneficiado a sus empresas, si los trabajadores han conseguido aumentar sus derechos laborales o siguen con jornadas de trabajo agotadoras y sin organizaciones sindicales que los defiendan.
Invito a mis amigos a leer las etiquetas que llevan las prendas que compramos y vean que están fabricadas en China o en cualquier otro país asiático, aunque luego se vendan en nuestros comercios. Podemos preguntarnos la razón de que tales prendas no se fabriquen en cualquier lugar de España, que tiene dos millones de personas en paro. Seguramente los sueldos que habrían de pagar a los españoles no permitirían ofrecer tales productos a precios competitivos.
¿Tendrá este desbarajuste algún arreglo? Los economistas me aburren con sus altisonantes palabras y sus series de porcentajes de todo lo habido o por haber, pero no me ofrecen soluciones que beneficien a nuestros trabajadores y a los trabajadores de los países pobres, solo contabilizan como éxito el aumento de ganancia de las empresas. ¡Oh, los mercados y sus misterios!
Pienso que esta situación es el caldo de cultivo de los populismos que proponen utopías disparatadas o soluciones imposibles. Ni el liberalismo económico ni el socialismo y mucho menos el comunismo han conseguido resolver los problemas que plantean las crisis que se repiten una vez y otra y que siempre sufren los mismos.
El invento del estado de bienestar, en el que un Estado paternalista dice que nos cuida desde la cuna a la tumba, ha funcionado aceptablemente en las épocas prósperas pero ha entrado en crisis por la caída de la natalidad y el envejecimiento imparable. Pero de esto se habla poco o nada y un gobierno auto-satisfecho nos repite a todas horas que hemos conseguido salir de la crisis y que en unos pocos años llegaremos al pleno empleo. Pero quizás crecerá más deprisa el número de jubilados que el de empleados. Ya veremos si el pacto de Toledo es capaz de alguna idea luminosa.
Francisco Rodríguez Barragán
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viernes, 26 de agosto de 2016

La regla de oro


En el primer artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos se afirma que todos los hombres están dotados de razón y conciencia, por lo que deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Claro que del dicho al hecho hay un gran trecho.
Mucho siglos antes de esta Declaración de 1948, filósofos, sabios y pensadores han reflexionado sobre lo que se ha llamado la regla de oro, principio moral general que puede expresarse “trata a los demás como querrías que te trataran a ti” o “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Prácticamente la regla puede encontrarse en todas las culturas que nos han precedido, al menos desde el imperio medio egipcio.
No se trata de ninguna imposición autoritaria sino de una regla de puro sentido común, como norma para nuestras relaciones con los demás, aunque sobre ella hayan escrito todos los grandes pensadores.
Kant lo formuló como imperativo categórico: “Actúa de tal modo que puedas igualmente querer que tu máxima de acción se vuelva una ley universal” lo que queda muy bonito y redondo pero en nuestra vida diaria ¿se da esto?
¿Quiénes son los otros para mí, para cada uno de nosotros? ¿Quizás los que tiene el mismo color de piel, nuestros paisanos, los de nuestro mismo partido político, los de nuestra propia familia?
Tendremos que reconocer que no es fácil la cosa. Estamos siempre alerta por si alguien nos perjudica, pero siempre también tenemos razones para tratar de justificar los perjuicios que causamos a los demás, bien sean nuestros coherederos, nuestros vecinos, nuestros conciudadanos.
El acoso escolar o el acoso laboral, la violencia doméstica, el vandalismo que se produce contra el mobiliario urbano o la propiedad ajena, la agresividad política o sindical contra los ricos, los patronos, los diferentes, llenan todos los días los medios de comunicación. Hasta la rivalidad deportiva crea enemistades incomprensibles.
También hay quienes manipulan la regla de oro para que solo haya de aplicarse entre “los nuestros”. Los demás son enemigos, herejes, infieles a los que exterminar, los que forman el bloque del mal.
Aceptar y vivir la fraternidad universal no es una actitud generalizada en nuestro mundo enfrentado y dividido en el que Dios va siendo arrinconado y si no hay un padre común, ¿cómo podemos creer que somos hermanos? ¿Es suficiente la Declaración de Derechos Humanos para vivir en paz y armonía?
Naturalmente lo que es imposible para los hombres es posible para Dios y los que a Él se acogen podrán, con su ayuda, avanzar por caminos de fraternidad. Jesús de Nazaret formuló la regla de oro de manera mucho más exigente:”Se os dijo amarás a tu prójimo y odiaras a tu enemigo, pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para ser hijos de vuestro Padre del cielo que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos. Si queréis solo a los que os quieren ¿qué mérito tenéis? Eso es lo que hacen los paganos. Vosotros sed buenos del todo, sed buenos siempre.
¿Cuántos de los que nos decimos cristianos estamos dispuestos a todo ello?
Francisco Rodríguez Barragán
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martes, 21 de junio de 2016

¿Podemos hacer algo los cristianos aquí y ahora?


Según los datos del CIS los cristianos pasan en España del 70% y los que van a misa los domingos en toda España, quizás pasen de ocho millones. Pero todo ello tiene un escaso reflejo en la vida de cada día, en la política, en las leyes que se publican en los numerosos boletines oficiales de distintos ámbitos o en la opinión pública.
Lo secular y lo sagrado marchan por caminos distintos, incluso los creyentes y los que no lo son, piensan que ello debe ser así, que la democracia ya es suficiente para organizar la convivencia.
Pero algo debemos estar haciendo mal cuando hay mucha gente que vive mal y recurre a la ayuda de Cáritas, cuando hay manifestaciones de violencia de todo género, cuando las familias estables están desapareciendo, la natalidad se hunde, cuando disminuye la población y somos un país de viejos.
Los cristianos seguimos diciendo que Dios es el Señor, ¿pero de qué? ¿De nuestras fiestas patronales, de nuestras procesiones, de nuestras romerías?
Cuando lo secular y lo sagrado se dividen, la religión queda reducida a poca cosa y quizás en fase de extinción. Lo secular, representado por la política, las leyes, los partidos, la economía o los tratados internacionales, no quiere saber nada de Dios y los cristianos, por el momento, no parece que seamos capaces de anunciar el reino de Dios, la santificación del mundo. Casi nos parece suficiente que nos dejen sacar nuestras procesiones.
No se trata de que los cristianos queramos imponer a los demás determinadas soluciones, pero sí de que advirtamos en toda ocasión que una economía, bien se denomine liberal o comunista, si favorece a unos y perjudica a otros se opone al plan de Dios. Que hay soluciones políticas, ya ensayadas, que han resultado nefastas para generaciones enteras y no deben volver. Que la tierra es un don de Dios para todos los hombres y no puede dañarse impunemente a pueblos enteros dejándolos en el hambre y el subdesarrollo.
Los cristianos de todo el mundo rezan el padrenuestro, pero no parece que se lo tomen en serio. Piden que venga el reino de Dios y que se haga su voluntad así en la tierra como en el cielo, pero hacer la voluntad de Dios aquí en la tierra es preguntarse antes de actuar si nuestras conductas concuerdan con nuestra fe, que exige el amor a los demás y el seguimiento de Cristo.
No es posible ser un cristiano que cree que la vida es sagrada y un don de Dios y transigir con el aborto, la eutanasia, los vientres de alquiler o la ideología de género, aunque los promocione la ONU, la Comunidad Europea y toda la progresía mundial.
Invocando la democracia como razón última que rige el mundo secular se está llegando a verdaderas aberraciones como decidir en los parlamentos sobre lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira y ¡hasta el sexo!
Pero la ciudad y el mundo es mucho más grande que los parlamentos y ahí es donde los cristianos tienen que estar para gritar que Dios es el Señor de todo lo creado y que dar la espalda a Dios no nos llevará a la felicidad sino al desastre. Dios no cercena nuestra libertad sino que la garantiza. La gloria de Dios es que el hombre viva y viva en la plenitud del bien y la verdad, aunque el mal trate de impedirlo, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios.
Francisco Rodríguez Barragán
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sábado, 21 de mayo de 2016

Europa en el discurso del Papa con motivo del premio Carlomagno



No deja de ser curioso que una Europa cada vez más problemática y descristianizada ofrezca el premio Carlomagno al Papa Francisco. He leído y releído el discurso del Papa y se me ocurren algunas observaciones, dentro del mayor respeto..
Habla el Papa de la creatividad, el ingenio y la capacidad de levantarse que forman parte del alma de Europa y después de tantos enfrentamientos y crueles guerras ha sido una novedad el acuerdo de los pocos países que buscaron resurgir de las cenizas y buscar acuerdo para el bien común.
Señala también el Papa que esta Europa cada vez más amplia parece sentir menos suyos los muros de la casa común, seguramente por haberse apartado del proyecto de los padres fundadores, somos más países pero no está nada claro que busquen el bien común sino los propios intereses. Dice el Papa que está convencido de que la resignación y el cansancio no pertenecen al alma de Europa.
A continuación recuerda Francisco de que en el Parlamento Europeo dijo que crecía la impresión generalizada de encontrarnos con una Europa cansada y envejecida, incapaz de generar nuevos dinamismos en la sociedad, lo cual comparto.
Trata el Papa de levantar la moral de Europa recordando a los padres fundadores, mensajeros de esperanza, que invitaron a todos a un trabajo constructivo de paciente y amplia cooperación y trata de conseguir una transfusión de memoria, capaz de actualizar la idea de Europa con capacidad de integrar en ella a las gentes que ahora la poblamos.
Tengo mis dudas de que sea posible, aquí y ahora, conseguir una identidad europea dinámica y multicultural. Desde luego el camino que hemos emprendido me parece absolutamente equivocado. Para integrar a gentes de otras religiones no se nos ha ocurrido mayor disparate que abandonar nuestras raíces cristianas. Esto no lo dice el Papa, lo digo humildemente yo.
La capacidad de diálogo que evoca el Papa como constitutivo del alma europea no me convence. De hecho el mundo musulmán me parece impermeable a nuestras ideas. El mundo romano y el mundo bizantino pueden entenderse pero el mundo musulmán me parece difícil, aunque haya llegado un musulmán a Alcalde de Londres  Nada me alegraría más que tener que cambiar de opinión sobre esto.
Otra capacidad que invoca Francisco es la de generar que se produce cuando todos resultan implicados en una tarea común, especialmente  la juventud. Dice el Papa que ha reflexionado sobre ello preguntándose la forma en que podemos hacer partícipes a los jóvenes “cuando les privamos del trabajo”, de empleo digno que les permita desarrollarse. Se pregunta también sobre la dificultad de reconocerles protagonistas cuando los índices de desempleo y subempleo de millones de jóvenes van en aumento.
Dice que esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos. Pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio de obtener beneficios a una economía social que invierta en las personas, pero desgraciadamente no dice cómo hacerlo.
Termina su discurso soñando con una Europa joven, soñando que se hace cargo del niño y que socorre el pobre que viene buscando acogida, soñando con que los jóvenes pueden casarse y formar una familia…
Creo que es fácil compartir el sueño de Francisco, pero ¿Cómo hacer realidad estos sueños?
Francisco Rodríguez Barragán

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viernes, 15 de abril de 2016

Ingeniería social: ideología de género



Ante tanto dislate acerca de la ideología de género es una satisfacción leer el comunicado del Colegio Americano de Pediatras en el que advierte del abuso infantil que constituye condicionar a los niños a creer que pueden elegir su propio sexo como se está introduciendo en la educación pública y, lo que es más grave, en las leyes “progresistas” que se elaboran por unos parlamentos que se arrogan unos poderes absurdos.
Dice el Colegio Americano de Pediatras que no existe un tercer sexo pues la sexualidad humana es un rasgo biológico objetivo binario. Nuestros cromosomas XY y XX son marcadores genéticos saludables. Somos concebidos como hombre o como mujer, siendo su finalidad obvia la reproducción y crecimiento de nuestra especie, lo cual es evidente por sí mismo. También dice el citado Colegio que nadie nace con un género sino con un sexo biológico.
Nadie nace con conciencia de ser hombre o mujer sino que se va desarrollando con el tiempo, aunque puede desviarse a consecuencia de percepciones subjetivas del niño, de sus relaciones y experiencias adversas desde la infancia y quienes se identifican como del sexo opuesto o como algo intermedio, no conforman un tercer sexo sino que siguen siendo hombres o mujeres biológicos.
Que un niño se crea niña o una niña se crea niño es un problema psicológico objetivo en su mente pero no en su cuerpo, es una disforia de género y debe ser tratada como tal. Utilizar bloqueadores hormonales en la pubertad o la mutilación quirúrgica de sus órganos sanos es una barbaridad respaldada por el lobby de lesbianas, gay, bisexuales y transexuales con grandes influencias en organismos internacionales.
El pasado 21 de marzo tres obispos españoles publicaron su reflexión sobre la «Ley de Identidad y expresión de Género e Igualdad Social y no discriminación» aprobada por la Asamblea de la Comunidad de Madrid en la que señalan que el “supuesto derecho” al reconocimiento de la identidad de género libremente manifestada, es mera ideología nacida de la revolución sexual y la dictadura del relativismo que pretende en nombre de la libertad abolir cualquier norma moral que impida el imperio de la libertad absoluta de la técnica.
Dicen también los obispos que el contenido de esta ley no es algo separado del proyecto de ingeniería social que se viene propiciando en España y también a nivel mundial, del que forman parte la anticoncepción, la esterilización, el aborto, el amor libre, las técnicas de reproducción asistida, la usurpación deliberada de la filiación natural de los niños, manipulación hormonal y extirpación quirúrgica para la reasignación de la identidad personal, la eutanasia, el suicidio asistido, la manipulación de embriones, etc. en una tarea de deconstrucción del hombre que avanza inexorable.
El campo educativo en manos de los poderes públicos es una herramienta decisiva en esta tarea, a través de la implantación de una educación sexual, promovida por la Organización Mundial de la Salud que afecta a los niños desde la escuela infantil hasta el bachillerato, sin contar para nada con la voluntad de los padres y otorgándoles la capacidad legal para definir su orientación sexual.
Como puede verse los políticos hablan de “derechos” al mismo tiempo que conculcan los que teníamos como personas y como padres.
Francisco Rodríguez Barragán
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viernes, 11 de marzo de 2016

Buscar la verdad no es fácil, exige utilizar la razón.



Cuando yo era joven, hace ya muchos años, si alguien me contaba alguna cosa y le mostraba mis dudas me contestaba: ¡pues lo ha dicho el periódico o la radio!, argumento que casi siempre me parecía convincente y es que lo que aparece en los medios de comunicación, antes y ahora, nos lleva a creérnoslo, máxime si hay una predisposición a aceptarlo. La guía de conducta de mucha gente es lo que diga su periódico de cabecera o su cadena favorita.
Analizarlo todo para exprimir la verdad no es lo habitual, quizás porque no buscamos la verdad sino el argumentario que apoye nuestras filias, fobias, aficiones y posturas preconcebidas. Pocas veces admitimos estar equivocados en nuestras opiniones y si nos proponen revisarlas desconfiamos.
Quizás no nos damos cuenta de que todo es un montaje propagandístico dirigido a hacernos aceptar, poco a poco, nuevas ideas y opiniones que irán modificando nuestros comportamientos.
Si nos invitan a cambiar nuestros comportamientos mostramos rápidamente nuestra oposición. Si la Iglesia nos repite: convertíos, cambiad de vida, creed en el evangelio, no hacemos ningún caso, estamos convencidos de que todo lo hacemos bien o al menos como lo hace la mayoría, la que según nos repiten nunca se equivoca.
Lo que buscamos son argumentos para defender nuestras propias posturas que se apresuran a facilitarnos los medios de comunicación. Cuando comprobamos que otras personas o grupos piensan diferente no se nos pasa por la cabeza examinar lo que puedan tener de razón. Así vivimos encerrados en nuestras propias opiniones, formas y maneras mirando a los demás con indiferencia, en el mejor de los casos, o incluso con odio.
Estamos asistiendo, a escala nacional, a una cerrazón absoluta que no augura nada bueno. Es una lucha por el poder, a cara de perro, en la que todo vale para “desalojar a Rajoy de la Moncloa”. Un espectáculo poco edificante entre los que ha recibido el voto de los españoles para gobernar con eficacia.
También habrá que contemplar las razones, si las hay, de los que quieren acabar con el sistema y hacer la revolución. Pienso que llevamos ya demasiadas revoluciones a nuestras espaldas, pero si hay personas que se sienten engañadas y perjudicadas por el sistema habrá que abrir el diálogo para conocer la forma que proponen para resolver el conflicto de intereses, pero lo mismo que hay que escuchar habrá que exigir que se escuche a los demás y encontrar soluciones que pasen por el respeto mutuo.
El egoísmo es sin duda un mal camino para entenderse, pero las recetas fracasadas de movimientos revolucionarios hay que erradicarlas, pero buscando que la realización de una política más justa haga innecesaria ninguna clase de revolución.
La solución de todos los conflictos pasa por una regla de oro: ama a tu prójimo como a ti mismo, pero me temo que está por estrenar y no resulta demasiado publicitada por los medios de comunicación. Lo mismo pasa con otra regla de oro: si quieres ser el primero has de ser el último y el servidor de todos.
Bueno, dejo de escribir y voy a ver lo que pasa en el discurso de investidura de Pedro Sánchez.
Francisco Rodríguez Barragán
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domingo, 28 de febrero de 2016

Hablar de pecado desentona


El carnaval con sus disfraces y sus derroches pasa rápido, aunque aquí parece que estamos de de juerga desde el 20 de diciembre pasado. Si el pesado artefacto de la administración pudiera seguir funcionando a lo mejor descubríamos que el gobierno no era tan imprescindible. Quién sabe si cuando armen el nuevo gobierno iremos a peor ya que las perspectivas no son nada halagüeñas para mantener la paz y la convivencia entre los españoles.
Pero empieza la Cuaresma con el miércoles de ceniza, cuarenta días hasta la Pascua. Es una llamada a la conversión que no será objeto de ningún programa exitoso de televisión ni los diarios le dedicarán portadas ni páginas.
La conciencia personal, que debía ponernos ante los ojos nuestra situación de pecadores, ha quedado eliminada con el manoseado estado de bienestar que cuida de nosotros y no quiere que nos sintamos enfermos del pecado.
Para la mayor parte de la gente el pecado no existe, ni siquiera se le nombra. Nos sentimos contribuyentes, votantes, televidentes, empleados o desempleados… ¡pero pecadores! Al parecer solo existen los delitos o faltas tipificados por el código penal.
Por mi parte alzo mi pequeñísima voz para recordar a quienes me lean que todo pasa excepto Dios. Como dice la Biblia Dios es compasivo y misericordioso y no nos trata como merecen nuestros pecados pero si por nuestra parte no hay respuesta a su misericordia ¿no nos aplicará su justicia?
Si no queremos distinguir el bien del mal y ajustar nuestra conducta a la regla de oro de no hacer a otro lo que no quieras para ti, vamos cuesta abajo por un mundo hedonista que solo se preocupa de su propio placer o relativista para el que todo vale lo mismo. Cada uno de nosotros se siente bueno y no necesita de conversión ni de perdón, los malos son los otros, los que nos señalan cada partido político, la derecha o la izquierda, el mercado o los bancos, la comunidad europea o la economía americana…
El estado de bienestar es el invento destinado a hacernos vivir en una infancia inocente y permanente, como ya advirtió Tocqueville  Hemos llegado a creer absolutamente que es el Estado, sus políticos y gobernantes, quienes tienen que proporcionarnos la solución de todas nuestros deseos y necesidades, sin duda a cambio de nuestra servidumbre. Por eso cada grupo político pregona las prestaciones y derechos  que nos dará  si lo votamos, aunque luego ni quiera ni pueda cumplir con su programa, mientras utilizan el humilde servicio de nuestro voto para disfrutar del poder y sus prebendas.
Hablar de pecado desentona, por eso los cristianos seremos cada vez más silenciados, salvo para la promoción del tipismo y el turismo. Cristo crucificado es contemplado quizás como obra de arte por la mayoría, pero no como la salvación de nuestros pecados ya que no nos sentimos culpables ni necesitados de perdón.
Si una mínima parte del tiempo que pasamos ante el televisor lo utilizáramos para entrar en nuestro interior y ponernos en la presencia de Dios, esta cuaresma que empieza no será inútil.
Francisco Rodríguez Barragán
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viernes, 29 de enero de 2016

¿Mandar o servir?


Tratar de conseguir poder es el sueño de todos los políticos. El poder tiene un componente atractivo y libidinoso que ejerce un poderoso tirón, mejor una poderosa tentación, una seducción irresistible, sobre los que eligen la política como campo de acción.
En tiempos de Cristo, sus seguidores esperaban que fuera a restaurar el reino de Israel, lo que podía ser una estupenda posibilidad de pasar de pescadores a gerifaltes. La madre de dos de ellos planteó formalmente su petición a Jesús de que se concedieran a sus hijos los dos mejores puestos.
Como nos cuenta el evangelio de Mateo los otros del grupo protestaron, pero Jesús les dijo: sabéis que los jefes y los señores oprimen a los demás con su poder, pero entre vosotros no sea así el que quiera llegar a ser grande sea vuestro servidor y el que quiera ser el primero que sea vuestro esclavo.
Si nuestros políticos y gobernantes pensaran menos en ellos mismos y sus partidos y entendieran su papel como servidores del pueblo, como simples gestores del bien común, seguramente las cosas serían diferentes. Pero no es precisamente el evangelio el inspirador de sus programas. Unos para mantener unas estructuras, sin duda,  injustas, otros para querer cambiarlo todo y establecer otras estructuras igualmente injustas, desde la imposición, la violencia y el odio.
Todos invocan la democracia a su favor sin tener en cuenta que la democracia no pasa de ser un sistema de decidir sobre cosas contingentes y que lo mismo puede utilizarse para mantener unas estructuras que otras, pero en forma alguna la democracia puede decidir sobre valores absolutos como pueden ser la verdad, la justicia, la conciencia y hasta el sexo de las personas.
Si los políticos y los ciudadanos en lugar de buscar soluciones para la convivencia optamos por el enfrentamiento, la radicalización, la gestión interesada del resentimiento y el odio, mal vamos.
Posiblemente los cristianos hemos desertado de la política, o nos han echado de ella, razón por la cual casi nadie defiende los valores que debíamos estar defendiendo: la vida, la familia, la justicia, el respeto, la libertad de elección, la ausencia de coacción, la búsqueda de la verdad, el rechazo del odio, el ejercicio de la caridad como amor al prójimo y tantas cosas más.
El mejor gobierno es el que menos se nota, el que es capaz de estar engrasando constantemente la maquinaria del estado, para que los ciudadanos podamos desarrollarnos en libertad, sin querer vivir unos a costa de otros sino aportando todos nuestros esfuerzos y conocimientos para lograr el bien común.
Siempre andamos hablando del estado de bienestar más que del bien común.  El estado de bienestar acentúa de alguna manera la idea de “estado” el cual debe satisfacer nuestras necesidades de la cuna a la tumba y cuando deviene insostenible se nos hunde el mundo. En cambio en el bien común lo que se acentúa es lo común, lo de todos, el bien que todos podamos aportar.
Hay quienes nos dicen que lo que hay que hacer es “dar la vuelta a la tortilla”, no los creamos, por favor.
Francisco Rodríguez Barragán.


miércoles, 13 de enero de 2016

Inventores de ídolos


En el capítulo tercero del Génesis podemos leer el diálogo entre la mujer y el diablo que termina diciéndole que no les pasará nada por desobedecer a Dios, sino al contrario, Dios sabe muy bien que el día  que comiereis del árbol prohibido se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.
Desde entonces los hombres siguen queriendo ser como dioses olvidando que no se han  hecho a sí mismos sino que son criaturas porque Alguien  les concedió la existencia inexorablemente limitada por la muerte.
Eliminar a Dios de nuestras vidas nos parece la única forma de ser libres, pero el vacío de Dios tenemos que rellenarlo de alguna manera y creamos los ídolos, obras de nuestras manos que no nos pueden salvar.
En cada época y lugar los hombres han dado forma a sus ídolos que rara vez han resultado indulgentes pues han sido manejados por otros hombres en su propio beneficio y han exigido desde sacrificios humanos a ciega obediencia a los dictados de sus hierofantes.
No tenemos que remontarnos a la idolatría de los antiguos paganos sino observar los ídolos de la modernidad, quizás desde la diosa Razón de los revolucionarios franceses que impusieron sus razones a golpe de guillotina, los marxistas que entronizaron la lucha de clases y el socialismo como ídolos inapelables para encarcelar a las personas en gulags o eliminarlas para hacer posible el triunfo de su revolución o qué decir de los ídolos nazis del racismo y la fuerza. Ídolos todos creados por hombres que se creyeron dioses.
En la actualidad seguimos lo mismo. Rechazamos el orden natural creado por Dios y creamos el ídolo de la ciencia como única verdad, que debemos aceptar humildemente si no queremos ser tachados de tontos. Mantener que hay verdades más allá de la ciencia no resulta aceptable por lo que, en el mejor de los casos, simplemente seremos tolerados si no alzamos demasiado la voz.
Otro ídolo al que hemos de doblegarnos es la democracia. Un simple procedimiento para resolver problemas administrativos y de gestión, como puede ser nuestra comunidad de vecinos, resulta que se convierte en la ley inapelable de la mayoría que siempre lleva razón y puede decidir sobre lo bueno y lo malo, lo justo o lo injusto, la vida y la hacienda de los ciudadanos. Si se nos ocurre invocar la ley divina, como por ejemplo en el aborto, seremos rechazados por casi todos los partidos políticos y casi todos los medios de comunicación.
Las organizaciones supranacionales como pueden ser la Comunidad Europea o la ONU, también se erigen en súper ídolos, a los que acatar y obedecer, sin otra autoridad que la que ellos mismos se atribuyen para decidir sobre cualquier cosa ya sea el control de la natalidad, el calentamiento global, la ecología, la ideología de género, etc. mientras es dudosa su eficacia en acabar con las guerras, distribuir mejor los alimentos, garantizar los derechos humanos que nos otorgó Dios, sin andar retorciéndolos e interpretándolos para que digan lo que interesa a determinados gobernantes y grupos de presión.
Seréis como dioses nos sigue diciendo el demonio y seguiremos creando ídolos que no nos pueden salvar, pero Dios sigue llamándonos y ofreciendo su misericordia si nos convertimos a Él.
Francisco Rodríguez Barragán



viernes, 8 de enero de 2016

Un propósito para este año


El paso de un año a otro, aunque se revista de formas alegres y burbujeantes, no cambia nada de la realidad, excepto el almanaque que colgamos en la pared o ponemos sobre la mesa. El mundo en que vivimos sigue el 1º de enero en la misma situación que estaba el 31 de diciembre, con los mismos problemas, las mismas incógnitas, las mismas amenazas, las mismas injusticias.
Lo peor, a mi parecer, es que seguimos esperando que alguien lo  resuelva  todo, como los personajes de Beckett en Esperando a Godot, aquella vieja obra de teatro del absurdo. Ahora con nuestra democracia nos entretenemos votando a personas que tampoco sabemos si van a resolver algo o van a empeorar la situación.
Nos hemos acostumbrado a que todas nuestras necesidades deba resolverlas ese ente omnipotente que llamamos Estado en lugar de decidirnos a tomar la vida en nuestras propias manos, las manos de cada uno, para buscar nuestro propio destino, para buscar la verdad y la justicia, para dejar de exigir derechos y entregarnos a nuestro deber de ser personas cabales, honestas, fieles y libres.
Es peligroso que sea el tinglado estatal el que quiera decidir sobre nuestras vidas, sobre nuestra familia, sobre la educación, sobre el bien y el mal, un estado que en lugar de dedicarse a una austera administración, a buscar el bien común y garantizar la libertad, caiga en manos de quienes quieren someternos a sus trasnochadas ideologías de izquierdas o de derechas.
No hay que doblegarse ante los poderosos que quieren mandar en su beneficio ni ante los charlatanes que hablan de emergencia social, de reparto de bienes, de prestaciones sin trabajar, de que el miedo cambie de bando, cuando necesitamos precisamente que sea el miedo el que desaparezca para todos.
Si todos hacemos algún propósito al comenzar el año aunque lo abandonemos pronto, quisiera que el propósito firme y mantenido de muchas personas fuera el no dejarse engañar, el tener un criterio claro sobre la bondad, la verdad y la belleza y esforzarse cada día por llevar a la práctica la justicia, la colaboración con los demás, el cuidado de los más desfavorecidos.
La orientación más segura para nuestra acción es el mensaje cristiano: amar a Dios y amar al prójimo y que no se puede amar a Dios a quien no se ve si no ama al prójimo al que vemos. Recalco lo de al que vemos, pues prójimo viene de próximo, el que tenemos al lado. No se puede decir que uno ama a los pobres, en general, si no se preocupa del bien de su propia familia, su esposa, sus hijos, sus padres, sus hermanos.
Si hacemos el firme propósito de mejorar como personas ello nos ocupará todo el tiempo y no nos preocuparemos demasiado de las luchas por el poder, los partidos políticos, los líderes, ni las estrellas televisivas.
El mal está presente en nuestro mundo en forma de odio, soberbia, envidia, robo, corrupción, lujuria, poderosos adversarios, pero hay que tener la convicción  de que el amor, el bien y la verdad pueden triunfar sobre ellos.
Francisco Rodríguez Barragán
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El año que se acaba

 

Termino el año con una inquieta sensación de pesimismo. A mi parecer, quizás equivocado, ni en España ni en el mundo las cosas marchan bien. También es verdad que todo cambia a gran velocidad y no podemos apenas vislumbrar el futuro más próximo.
Desde las pasadas elecciones autonómicas y municipales la convivencia entre los españoles no resulta nada fácil. Todos los pactos y componendas no se orientaron a la búsqueda del bien común sino a conseguir el desalojo de un partido. Para los que se proclaman de izquierdas la derecha es malísima, Rajoy ha hecho muchísimo daño, según la lideresa andaluza, por lo que tanto él como su partido hay que expulsarlo del terreno político, mientras que la izquierda alardea de una superioridad moral bastante discutible.
No veo ningún espíritu de colaboración sino lisa y llanamente odio, lo cual me parece que puede ser una fuerza capaz de hacer una revolución pero en modo alguno garantizar una convivencia pacífica.
A 80 años de la guerra civil y cuando creíamos que la Constitución del 78 había conseguido para siempre restañar viejas heridas, la ley de memoria histórica del socialista Zapatero anda invocándose para reformar el callejero de Madrid y volver a las andadas, con una izquierda y extrema izquierda empeñadas en hacer una nueva constitución sin que exista ningún consenso.
También el año acaba con la herida abierta de Cataluña en manos de políticos irresponsables y sectarios que no augura nada bueno para los españoles que siempre pensábamos que era la mejor de nuestras regiones.
El Obispo de San Sebastián, monseñor Munilla, ha señalado que entre los elegidos para formar las nuevas Cortes no hay ninguno que se haya declarado partidario de la vida y en contra del aborto, lo que muestra que el peso de los cristianos en la vida pública es inexistente. A mi parecer la Iglesia puede ser tolerada siempre que se dedique a mantener a Cáritas para repartir comida, pero contará con la intolerancia de los todos los políticos si habla de educación, de familia, de matrimonio, del crimen del aborto y ¡hasta de pecado!
Aunque muchos se sigan confesando cristianos han ido rápidamente asumiendo la ideología de género, la práctica libre de la anticoncepción hasta el aborto o el abandono del matrimonio, sustituido por una convivencia sin compromiso legal. Curiosamente, al mismo tiempo que las parejas heterosexuales abandonan el matrimonio religioso o civil, las parejas homosexuales exigen que se les reconozca su derecho al matrimonio e incluso a tener hijos por adopción o por complicadas tecnologías biológicas con el apoyo expreso de todos los partidos.
Dicen que ha descendido el número de abortos pero hay que caer en la cuenta de que también ha descendido el número de mujeres en edad fértil. Según parece la media de edad española es de más de 50 años. Como vengo repitiendo tenemos un problema de envejecimiento de la población que hará insostenible nuestro estado de bienestar.
En cuanto al mundo en general el año que acaba tampoco ha sido bueno, guerras, atentados, inseguridad, refugiados, sin que se divise a corto plazo una situación de paz.
¿Qué nos deparará el 2016? Les deseo a todos los que me lean lo mejor.
Francisco Rodríguez Barragán
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