domingo, 17 de febrero de 2019

Hacia una fraternidad universal sin Dios



            Hay oscuras fuerzas que pretenden configurar nuestro mundo a su        antojo y pueden conseguirlo si nos dejamos.
Entiendo que siguiendo el Evangelio, y a través de la virtud de la caridad, pueda llegarse a la fraternidad universal pero cada vez recibo más mensajes que ofrecen  llegar a tal fraternidad al margen de Dios.
Desde el repertorio de propuestas de la New Age para encontrar la iluminación  a través de posturas, ejercicios y meditaciones para identificarse con el todo (o más bien la nada) a las miles de iniciativas de colaboración inter-religiosa, incluidos los que se declaran ateos, para promover la fraternidad universal, la misma que trataba de conseguir la Orden de los “illuminati”, sociedad secreta del siglo XVIII, y que no sé si sigue viva y actuando a través de las logias masónicas o que los masones son los mismos “illuminati”.
De cualquier forma creo que todos estos movimientos lo que tratan es de probar que el hombre puede organizar el mundo al margen de Dios y que la presencia de Cristo y su iglesia en el mundo de hoy resultan innecesarias. Es más pienso que de alguna manera hay una decidida actuación para ocupar la Iglesia y convertirla en una pieza más de su pretencioso ideal.
Si el mandato de Cristo a sus seguidores fue id y evangelizar al mundo entero hoy más bien parece que es el mensaje del mundo el que se va introduciendo en la Iglesia. Quieren ir desnaturalizando el mensaje de Jesús para adecuarlo, dicen,  a las circunstancias actuales y me temo que lo van consiguiendo.
Alarmados por la decreciente presencia de los cristianos en los templos o la falta de vocaciones religiosas, muchos piensan que es mejor no mentar el pecado ni el juicio de Dios ni el infierno a ver si los jóvenes vuelven, ¡pero ni por esas!
Lo que parece que engancha a la gente joven es el “compromiso social” o la defensa del planeta y en eso son maestros los que llevan tres siglos promoviendo la fraternidad universal, pero siempre que ese compromiso no los obligue, por ejemplo a dominar la sexualidad en sus múltiples manifestaciones, ni a hacer oración, ni a frecuentar los sacramentos, ni a confesar, ni a contraer matrimonio indisoluble y fiel…
El alejamiento de Dios y del evangelio está produciendo, en nuestro mundo, la aceptación social del aborto, de la ideología de género, de la lucha de sexos, del feminismo feroz contra un sedicente “machismo heteropatriarcal”, el abandono de la educación por la familia y el adoctrinamiento desde el Estado, el hundimiento de la natalidad y el envejecimiento de la población, un auténtico suicidio colectivo que nos condena a ser sustituidos por otros pueblos. ¿Será esta la fraternidad universal que promueven los gobiernos en la sombra, las logias masónicas, las mafias de la emigración o la economía, los “illuminati” actuales?
Entretenidos con nuestros juegos políticos, nuestras divisiones partidarias, nuestra corrompida democracia, pienso que no meditamos suficientemente en unas realidades que pretenden cambiar nuestras vidas y nuestras almas, (porque tenemos alma aunque mucha gente no se lo crea).
Dotados de razón y libertad no nos dejemos adoctrinar ni manejar por las oscuras fuerzas que quieren dominar el mundo. Desconfiemos de los que nos dicen al oído que nosotros somos nuestros propios dioses, que hay que adaptarse a los nuevos tiempos y olvidar el pasado… seguro que son sugestiones demoniacas.
Francisco Rodríguez Barragán
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Me sorprende nuestro mundo


            Un mando capaz de conmoverse por el niño que cayó a un pozo y que no se inmuta por cien mil niños abortados cada año
Cada día me sorprende más el mundo en el que vivo. La ola de generosidad y altruismo que ha mostrado el triste suceso del niño de Totalán me ha conmovido y alegrado el alma.
También me alegra la preocupación de mucha gente por evitar el sufrimiento de los animales, el amor por las mascotas o el interés por preservar la biodiversidad de nuestro planeta.
Severas leyes castigan a quienes maltraten a los animales, destruyan nidos o pongan en peligro la fauna y la flora de nuestros campos ya se trate del lince ibérico, la desaparición de las abejas, los incendios de nuestros bosques o las basuras que ensucian las aguas de fuentes, ríos, playas y mares, todo lo cual acredita que aumenta nuestro nivel de concienciación y nuestra calidad humana.
Pero todo esto no cuadra con la indiferencia que muestra nuestra sociedad hacia la cruda realidad del aborto. Nos conmovemos por el dolor que pueda infligirse a los animales, casi hasta pretender que ninguno sea sacrificado y si hay que matarlos que se haga casi con anestesia, pero cien mil abortos al año, la muerte de personas que comienza a vivir en el vientre de su madre, no merece más atención  que la de sacarse una muela.
Habrán visto que nunca se muestran los niños abortados, quemados o descuartizados, los fetos pasan de las manos del abortista (ser médico es otra cosa) a la picadora que convertirá todo en una pasta a destruir, restos de paritorio sin valor, salvo que haya partes que puedan aprovecharse con fines industriales.
La más alta facultad concedida a las personas, como es la de transmitir la vida, queda reducida al ejercicio de una sexualidad sin responsabilidad que busca el placer por el placer. Luego pueden  inventarse las mil y una razones para no querer tener hijos que no pueden encubrir el egoísmo radical de preferir unas mascotas a un niño.
Una vez eliminado Dios de nuestro horizonte nos creemos nuestros propios dioses para decidir cualquier cosa pero en realidad nos convertimos en esclavos de nuestros deseos, de nuestras pasiones, de nuestros vicios.
La que creemos nuestra omnímoda libertad para decidir sobre nuestra vida sin tener que dar cuenta a nadie es el gran engaño de una sociedad que envejece sin remedio, que se va suicidando sin futuro.
Resulta todo tan contradictorio que, por eso digo que estoy sorprendido del mundo en el que me ha tocado vivir, capaz de cosas estupendas y de cosas horribles, unos capaces de descubrir o inventar maravillas y otros que se revuelcan en el infierno de la droga, el sexo, la pornografía o el alcohol.
Para los asesinatos de mil mujeres a manos de hombres se ha inventado el término “violencia de género” que nos golpea cada día desde todos los medios de comunicación, pero la violencia contra cien mil niños concebidos que se matan cada año antes de nacer solo se nos ha ocurrido la barbaridad de convertirlo en un derecho de la mujer del que puede hacer uso en cualquier momento. (En Nueva York hasta el día antes del parto)
Si el recién nacido se encuentra en un depósito de basura se busca al culpable, si se deja en la clínica abortista no pasa nada, es que una mujer ha ejercicio su derecho a matar al inocente que fue concebido por placer.
Francisco Rodríguez Barragán
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¿Cómo van las cosas?



            A mi parecer no van nada bien. ¿Ojalá esté equivocado?
Hay días en que se hace más agudo el sentimiento de que las cosas no van bien, hoy es uno de ellos. No va bien la convivencia entre españoles, nuestras libertades, nuestra lengua común, la realidad de nuestra nación. Parece como si todo hiciera aguas y vamos dando cada día más pasos hacia un precipicio. Quizás esté equivocado y las cosas no marchen tan mal.
Siempre he pensado que la política tenía como finalidad esencial buscar las mejores soluciones para el bien común, el bien de los andaluces, de los extremeños, de los catalanes o de los gallegos, pero tengo la impresión de que los gobernantes de cada trozo de España lo que tratan es de imponer sus ideas, sus intereses, su manera de ver la vida a todos los que se encuentren dentro de su ámbito de acción utilizando para ello  los medios de adoctrinamiento que tengan a su alcance.
En lugar de colaboración entre las diversas de formaciones políticas para superar los problemas,  parece que siempre tiene que haber enfrentamiento, acoso al que piensa diferente al que se le coloca una marca amarilla como a los judíos bajo el nazismo, se le señala con algún adjetivo denigratorio: facha, nazi, extrema derecha, franquista y otros por el estilo buscando su destrucción.
La forma más efectiva de manipulación ya está inventada por el neo-marxismo: destruir las instituciones que sostienen al individuo, la familia, la religión, la propiedad para dejarlo inerme frente al poder.
La familia, a la vista está, ha sido casi destruida, sus funciones van quedando en suspenso. La familia formada por un hombre y una mujer para toda la vida y para engendrar vida, parece en trance de desaparición. La nupcialidad ha caído, las personas no se casan y una mayoría de los que se casan rompen su compromiso con toda facilidad. Si no hay familia estable los hijos es un estorbo, mejor no tenerlos utilizando los métodos anticonceptivos y si se llega al embarazo se elimina el concebido mediante el aborto practicado sin cortapisas.
Si a pesar de todo hay familias con hijos, pues se evita que los eduquen en sus propios valores, ya los educará el gobierno, de uno u otro color, en la perversa ideología de género para que sean ciudadanos de este mundo tan moderno que terminará por extinguirse.
La religión, la relación del hombre con Dios, si se toma en serio,  puede poner en cuestión la validez de las ideas y valores que difunde la modernidad, razón por la cual tratan de vaciarla de contenido y convencer a las personas de que nosotros somos nuestros propios dioses, que no hay mas leyes que las que emanen del parlamento.
Pero en  esos parlamentos también se decide sobre nuestro trabajo, sobre nuestras actividades, sobre nuestras propiedades y tendremos que soportar las crisis que la mala administración de los que nos gobiernan nos cause. Cada vez estamos más inermes ante una economía que no controlamos, ni nuestros políticos tampoco. ¿Qué impuestos gravarán nuestros ingresos? ¿Qué ingresos podremos obtener? ¿Seguirán pagándose las pensiones? ¿Qué futuro nos espera? ¿Seguirá existiendo la España de hoy?
Mi sentimiento de que las cosas no van bien ¿estará equivocado?
Francisco Rodríguez Barragán
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Hacia una fraternidad universal sin Dios



            Hay oscuras fuerzas que pretenden configurar nuestro mundo a su        antojo y pueden conseguirlo si nos dejamos.
Entiendo que siguiendo el Evangelio, y a través de la virtud de la caridad, pueda llegarse a la fraternidad universal pero cada vez recibo más mensajes que ofrecen  llegar a tal fraternidad al margen de Dios.
Desde el repertorio de propuestas de la New Age para encontrar la iluminación  a través de posturas, ejercicios y meditaciones para identificarse con el todo (o más bien la nada) a las miles de iniciativas de colaboración inter-religiosa, incluidos los que se declaran ateos, para promover la fraternidad universal, la misma que trataba de conseguir la Orden de los “illuminati”, sociedad secreta del siglo XVIII, y que no sé si sigue viva y actuando a través de las logias masónicas o que los masones son los mismos “illuminati”.
De cualquier forma creo que todos estos movimientos lo que tratan es de probar que el hombre puede organizar el mundo al margen de Dios y que la presencia de Cristo y su iglesia en el mundo de hoy resultan innecesarias. Es más pienso que de alguna manera hay una decidida actuación para ocupar la Iglesia y convertirla en una pieza más de su pretencioso ideal.
Si el mandato de Cristo a sus seguidores fue id y evangelizar al mundo entero hoy más bien parece que es el mensaje del mundo el que se va introduciendo en la Iglesia. Quieren ir desnaturalizando el mensaje de Jesús para adecuarlo, dicen,  a las circunstancias actuales y me temo que lo van consiguiendo.
Alarmados por la decreciente presencia de los cristianos en los templos o la falta de vocaciones religiosas, muchos piensan que es mejor no mentar el pecado ni el juicio de Dios ni el infierno a ver si los jóvenes vuelven, ¡pero ni por esas!
Lo que parece que engancha a la gente joven es el “compromiso social” o la defensa del planeta y en eso son maestros los que llevan tres siglos promoviendo la fraternidad universal, pero siempre que ese compromiso no los obligue, por ejemplo a dominar la sexualidad en sus múltiples manifestaciones, ni a hacer oración, ni a frecuentar los sacramentos, ni a confesar, ni a contraer matrimonio indisoluble y fiel…
El alejamiento de Dios y del evangelio está produciendo, en nuestro mundo, la aceptación social del aborto, de la ideología de género, de la lucha de sexos, del feminismo feroz contra un sedicente “machismo heteropatriarcal”, el abandono de la educación por la familia y el adoctrinamiento desde el Estado, el hundimiento de la natalidad y el envejecimiento de la población, un auténtico suicidio colectivo que nos condena a ser sustituidos por otros pueblos. ¿Será esta la fraternidad universal que promueven los gobiernos en la sombra, las logias masónicas, las mafias de la emigración o la economía, los “illuminati” actuales?
Entretenidos con nuestros juegos políticos, nuestras divisiones partidarias, nuestra corrompida democracia, pienso que no meditamos suficientemente en unas realidades que pretenden cambiar nuestras vidas y nuestras almas, (porque tenemos alma aunque mucha gente no se lo crea).
Dotados de razón y libertad no nos dejemos adoctrinar ni manejar por las oscuras fuerzas que quieren dominar el mundo. Desconfiemos de los que nos dicen al oído que nosotros somos nuestros propios dioses, que hay que adaptarse a los nuevos tiempos y olvidar el pasado… seguro que son sugestiones demoniacas.
Francisco Rodríguez Barragán
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Mantenerse en sus trece



            Es triste contemplar la terquedad y cabezonería de los políticos y su        incapacidad de dialogar ni de buscar puntos de encuentro
Al observar la terquedad, cabezonería y tozudez de tantos políticos, gobernantes y comentaristas, tanto dentro como fuera de España, he recordado al que terminó como antipapa Benedicto XIII en Peñiscola en el año 1423, que ha dado lugar a la expresión “mantenerse en su trece”.
En el periodo eclesialmente convulso del Gran Cisma de Occidente, nuestro famoso aragonés Pedro de Luna, mantuvo contra viento y marea que el papa era él y aburrió con su terquedad a San Vicente Ferrer,  al rey, Fernando I de Aragón y al emperador Segismundo, que no fueron capaces de hacerle cambiar de opinión y lo dejaron por imposible.
Políticos tercos y cabezones los tenemos por docenas en España, desde Pedro Sánchez que se mantiene en sus trece de no abandonar el palacio de la Moncloa y desenterrar a Franco a la ex presidenta de Andalucía Susana Díaz que ha costado trabajo desalojarla de su cargo.
También tenemos otros ejemplos de tozudez y terquedad en loa separatistas catalanes con Puigdemont, su sucesor Torrá, Junqueras  y la amplia nómina de sus seguidores. Claro que la postura de los separatistas les está resultando  rentable pues el tal Pedro Sánchez está dispuesto a entregarles lo que pidan, aun a costa de perjudicar al resto de las comunidades autónomas.
Fuera de España tenemos a Maduro que se mantiene en sus trece de seguir como presidente de Venezuela, siguiendo el ejemplo de su admirado Fidel Castro, Evo Morales o Daniel Ortega. En Estados Unidos también tiene al frente a otro cabezota, empeñado en levantar un muro con Méjico, pase lo que pase.
En el llamado Reino Unido, que no parece estar tan unido, la señora May también parece de ideas fijas frente a otras ideas fijas que tienen sus contrarios y que con su salida de la Unión Europea ya aburren hasta a las ovejas pero sin solucionar el problema.
No hace falta seguir pues en todos los países podemos encontrar políticos cabezotas, empeñados en imponer sus ideas pero impermeables a las ideas de los demás. Entender la democracia como diálogo y colaboración son pocos los que la practican.
Pero los políticos no serían nada sin los voceros que desde todos los medios de comunicación los apoyan o los combaten  sin tregua, pero curiosamente están más escorados a la izquierda que a la derecha, tan es así, que han encontrado el arma de destrucción masiva para tratar de eliminar a los nuevos que aparecen en la escena política: “no son la derecha sino la extrema derecha” y curiosamente no existe, para ellos, la extrema izquierda.
Si quieren contemplar ejemplos de terquedad y tozudez política no tienen más que ponerse a ver los programas que nos ofrecen los medios que son cualquier cosa menos diálogo y búsqueda de la unión y el compromiso.
Ya leí en alguna ocasión que los variados parlamentos que dicen gobernarnos se dedican más a la “demogresca” que a la democracia.
Hay quien dice que los políticos son fiel reflejo de los ciudadanos. Tengo mis dudas. Por lo pronto trataré de evitar mi propia terquedad y mantenerme  abierto al diálogo, sin exclusiones ni cordones sanitarios.
Francisco Rodríguez Barragán

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Hay quien quiere cambiar nuestro mundo



            Como me temo que es a peor, deberíamos poner remedio a tiempo
Los ecologistas se alarman cuando cualquier especie animal disminuye su reproducción o deja de reproducirse y se dedican a buscar las causas: deforestación, calentamiento global, invasión de plásticos en los mares, introducción de otras especies, etc. y a proponer remedios.
Cuando se trata de la especie humana, por el contrario, la alarma, desde Malthus, es que crezca demasiado y que el planeta tierra, (o la Pachamama) no podrá alimentarnos y anuncian hambrunas y cataclismos que hasta el momento no se han cumplido, pero siguen asustándonos. Paul Ehrlich en su “Explosión Demográfica” vaticinó la catástrofe para 1970, pero en realidad la producción de alimentos sigue aumentando aunque su distribución resulte manifiestamente mejorable. Me llama la atención que la preocupación ecologista por los seres vivos no se extienda también a la especie humana.
Aunque el descenso continuado de la natalidad en nuestro país se haya advertido desde hace muchos años no ha sido hasta ahora cuando se ha producido una fugaz alarma al comprobar que los que nacen son menos de los que se mueren y han tratado de neutralizarla hablándonos  del crecimiento de los emigrantes. Pero que crezcan los emigrantes no modifica el hecho de que los españoles disminuimos y envejecemos a un ritmo tal que el futuro no resulta nada halagüeño.
Fuimos hechos hombres y mujeres para crecer y llenar la tierra a través de la unión sexual, placentera y complementaria, que no estaba sometida a ritmos estacionales como los animales, sino al ejercicio de nuestra libertad regida por la razón, razón que se nos dio para distinguir el bien del mal.
Mucha gente dice no creer en Dios pero no dudarán de la existencia del mal. Deseamos el bien pero hacemos el mal, unas veces por ignorancia, otras por propia voluntad y en esto del sexo elegimos el placer en lugar del dominio de nosotros mismos, excluimos la reproducción y caemos en la lujuria.
La lujuria antepone el placer a cualquier otra cosa. La maravillosa facultad y responsabilidad de transmitir la vida se rechaza a cambio del placer y cuando esa actitud pasa a generalizarse y considerarse normal, la sociedad resulta gravemente enferma, va a su ruina y será sustituida inevitablemente por otras gentes que ocuparán su lugar.
Pienso que los mismos maltusianos son los que trabajan activamente para conseguir una reducción de la natalidad y ¿salvar el planeta? para lo cual han ido consiguiendo desde poner en marcha los anticonceptivos a gran escala al mismo tiempo que se predicaba el aborto como derecho de la mujer, Se ha puesto en marcha la ideología de género para negar la realidad biológica del sexo y convertirla en un constructo social, modificable a voluntad al mismo tiempo que se atiza la lucha de sexos desde un feminismo feroz.
Todo esto no es una evolución normal, “no es que estamos en otros tiempos” que traen nuevas formas de comportamiento sino un bien planeado ataque a la familia como estructura a abatir, pensado por tenebrosas organizaciones que se consideran “iluminadas” para cambiar el mundo y convertirlo en una distopía como la que imaginaron Orwell en su 1984 o Huxley en su espantoso Mundo feliz.
Quizás estemos a tiempo de evitarlo. Al menos piensen sobre ello.
Francisco Rodríguez Barragán
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Año nuevo ¿y actitudes nuevas?



            Cada año que llega puede ser una oportunidad para mejorar como          personas
Nos repetimos unos a otros la frase: Feliz Año Nuevo y  el año puede ser nuevo pero nuestras actitudes pueden seguir siendo viejas, las mismas que ya teníamos en el 2018 y anteriores. La única novedad es el cambio del último dígito. 
Seguramente podemos haber pensado en hacer algún propósito: el año que viene voy a… Pasados unos días ya habremos olvidado el propósito y seguiremos nuestra vida como siempre: creyendo lo que nos cuentan unos y otros, pero sin someter las ideas que utilizamos a un juicio de nuestra propia razón para decidir si lo que dicen es verdadero o falso, justo o injusto, posible o imposible.
La vieja virtud de la prudencia, de la que ya se ocuparon los griegos, la consideraron imprescindible juntamente con la justicia, la fortaleza y la templanza para adquirir la excelencia como personas.
Como tantos otros valores, estas virtudes las tenemos, quizás,  olvidadas, pues creemos que sabemos de todo y no necesitamos someter a nuestra razón al arduo trabajo de pensar, de meditar, de reflexionar sobre la realidad que se nos ofrece.
Por desgracia hay otros que piensan por nosotros y saben llevarnos a donde quieren, ya se trate de votar, de consumir o de orientar nuestra propia vida, nuestra sexualidad y hasta si somos hombres y mujeres o si somos… otra cosa.
Reflexionar sobre la justicia o injusticia de nuestras propias acciones y de las que tratan de imponernos es imprescindible. Solo sentimos de verdad, el dolor de la injusticia cuando nos afecta personalmente, sin posibilidad de eximirnos.
Pero nos presentan cada día injusticias frente a las cuales solo buscan nuestra reacción, nuestra condena a quienes nos dicen que son culpables de las mismas para que los odiemos, los denunciemos y  nos sintamos con buena conciencia. Los jueces tardarán años en dictar su fallo, pero por nuestra parte ya están juzgados y condenados.
La virtud de la fortaleza, salvo que se trate de fortaleza física, no tiene muchos seguidores. Pero necesitamos ser fuertes para mantener nuestros propósitos, ser fuertes para cumplir nuestras promesas, ser fuertes para ser fieles a la palabra dada, ser fuertes para resistir las tentaciones de quedarnos con lo ajeno, ser fuertes para rechazar el hedonismo y los placeres destructivos (pornografía. sexo, alcohol, drogas, juego, aberraciones, etc.)
La virtud de la fortaleza va unida siempre a la de la templanza. No podemos ser fuertes si no tenemos templanza, no podemos tener templanza si no somos fuertes y esto es una tarea diaria que podemos empezar este año pero no funcionará si no revisamos nuestra vida constantemente.
Nuestra vida es el negocio más importante que tenemos entre manos. Lo mismo que buscamos la ayuda de un dietista para perder peso, quizás necesitemos  ayuda para mantener el compromiso de utilizar siempre nuestra razón sin dejarnos manipular, para distinguir lo verdadero de lo falso, lo justo de la injusto, lo que nos construye como verdaderas personas libres, de lo que nos hunde en la mediocridad.
Año nuevo e ímpetus nuevos para vivir en plenitud.
Francisco Rodríguez Barragán
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