jueves, 16 de mayo de 2019

Mi perplejidad ante las elecciones municipales y europeas



Seguramente que habrá gente que le pase lo que a mí
Ya estamos otra vez en vísperas electorales: europeas y municipales en mi caso y he de confesar que no tengo ni idea de a quién votar, ni si mi voto servirá para algo e incluso si resultará correctamente contabilizado.
Con respecto a las elecciones municipales podría parecer más fácil ya que las personas que ocupan el espacio de la papeleta pueden serme conocidas. Pues sí y no. A las que conozco no estoy dispuesto a votarlas, pues como se suele decir, se del pie que cojean. A las que no conozco, que son muchas más, y de los más variados partidos con siglas que ni me suenan, pues tampoco me merecen garantía alguna ya que ignoro si tratan de servir al bien común o buscan vivir de la política.
Los partidos que parecen con más posibilidades de conseguir algunos concejales son los que repiten y en su mandato defenestraron al alcalde anterior con una operación policial semejante al desembarco de Normandía y a pesar del ruido, los tribunales correspondientes mantienen el más espeso silencio. El cambio de alcalde, a mi parecer, no ha supuesto ningún beneficio apreciable para la ciudad que continúa incomunicada por ferrocarril con el resto de España.
Todos andan celebrando actos para darse a conocer a los que no asisto, pero sí leo las reseñas periodísticas al día siguiente. Lo más destacable de sus programas son las obras que piensan abordar para engrandecer la ciudad, su sierra y su turismo (no sé con qué dinero) y los más ideologizados aprovechan la tribuna que se les ofrece para hacer propaganda de la ideología de género o la violencia machista, sus exigencias y asociaciones subvencionadas.
Si voto a los que quieren engrandecer mi ciudad, Granada, sin saber de dónde sacarán el dinero, si luego siguen peleándose entre ellos y no hacen nada ¿dónde reclamo? Por supuesto que no se me ocurrirá votar a los neo marxistas que  andan pregonando la lucha de sexos (de la de clases se habla menos) o el apoyo a los okupas.
Respecto a las elecciones a diputados europeos leo las interminables listas que presenta cada partido, ¡incluido el que lleva como logotipo la cara del prófugo  Puigdemont! Algunos nombres me parecen interesantes, aunque de distintos partidos, pero solo puedo meter una sola papeleta, así que mis posibilidades electivas son escasas. ¿Llegarán a diputados europeos personas que busquen el bien de España? Realmente ¿quién manda en Europa?
A veces pienso que la Europa que soñaron Schuman, Adenauer, Jean Monnet, Spaak o Alcide De Gasperi, tiene poco que ver con la Unión Europea actual que parece más bien diseñada con escuadra y compás por los promotores del Nuevo Orden Mundial, aunque cada vez se van levantando voces contra la asfixiante burocracia de Bruselas. No parece una unión de estados libres sino el embrión de una súper-nación que quiere ir disolviéndonos en la marea imparable de gente de otros continentes con intereses que desconocemos.
Si no sé a quién votar para el gobierno de mi ciudad, ni para que estemos representados en Europa, ¿qué puedo hacer? ¿mi voto, si no me abstengo tiene algún valor? ¿será correctamente contabilizado?
Demasiados interrogantes para mi edad.
Francisco Rodríguez Barragán
Publicado en


sábado, 11 de mayo de 2019

El Catecismo de la Iglesia Católica, el de ahora y el Ripalda


            No sé si los que se dicen cristianos hoy manejan el Catecismo de la Iglesia                            pero pienso que los mayores, como yo, recuerdan el Ripalda.
En octubre de 1992 el Papa San Juan Pablo II aprobó el Catecismo de la Iglesia Católica, un grueso libro con más de 600 páginas y 2855 apartados que trató de ser una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia cuyas fuentes principales son la Sagrada Escritura, los Santos Padres, la Liturgia y el Magisterio de la Iglesia, estructurado en cuatro partes: La profesión de la fe, los sacramentos de la fe, la vida de fe y la oración en la vida de la fe. Las cuatro quieren ayudar a profundizar el conocimiento de la fe y se orienta a la maduración de esta fe, su enraizamiento en la vida y su irradiación en el testimonio.
Este Catecismo estaba destinado a ser el punto de referencia  para los catecismos que fueran compuestos en los diversos países. Aquí en España solo conozco el Youcat, que circuló con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud como catecismo para jóvenes, no específicamente español, cuya difusión ignoro si ha tenido continuidad.
En cambio el catecismo que aprendí de niño, del que recuerdo muchas cosas, era el famoso catecismo del Padre Ripalda que perdí en alguna ocasión, pero que encontré en una edición que hizo Luis Carandell, juntamente con el catecismo del Padre Astete en el año 1997.
Tanto Ripalda como Astete nacieron en el siglo XVI y murieron en el XVII y recogieron las enseñanzas del Concilio de Trento del que fueron contemporáneos. Ambos catecismos tienen una estructura similar y estaban pensados para aprenderlos de memoria en forma de preguntas y respuestas. Tuvieron una larga vida pues estaban vigentes en la primera mitad del siglo XX y estoy seguro de que muchos de mi edad lo recuerdan perfectamente y si se le inicia el comienzo “todo fiel cristiano es muy obligado a tener devoción de todo corazón a la santa cruz de Cristo nuestra luz...” es seguro que saben seguirlo. Después el maestro o el catequista preguntaban el nombre del niño y si era cristiano y éste respondía que lo era por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo.
En menos de cincuenta páginas un capítulo trataba del Credo y los artículos de la fe que eran catorce, siete sobre la divinidad y siete sobre la humanidad, donde estaba el misterio de la Encarnación que recitábamos de corrido: “ Vino el Arcángel San Gabriel a anunciar a la Virgen María que el Verbo Divino tomaría carne en sus entrañas sin detrimento de su virginal pureza…” Mis padres y mis abuelas lo sabían perfectamente.
Otro capítulo trataba sobre los diez mandamientos y el significado de cada uno de ellos en nuestras vidas, explicados con brevedad y exactitud, así como los sacramentos, las obras de misericordia o los pecados capitales, los enemigos del alma, los dones del Espíritu Santo y los novísimos o postrimería del hombre, hoy tan olvidados, muerte, juicio, infierno y gloria.
Aquellos pequeños catecismos que recitábamos en el colegio, la familia o la parroquia eran la más genuina transmisión de los valores religiosos que hoy resultan tan lejanos.
Ojalá haya reactivado la memoria de la gente de mi edad y se vuelvan a transmitir los auténticos valores cristianos sin modificaciones ni recortes.
Francisco Rodríguez Barragán
Publicado en
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/38248/2019-05-11.html

jueves, 2 de mayo de 2019

El principio de la sabiduría


            Nos creemos nuestros propios dioses y queremos alejarnos del Dios que nos                        creó y nos pedirá cuentas.
Cuando vemos una magnifica pintura preguntamos por su autor. Lo mismo si contemplamos una construcción imponente o leemos un bello poema. Siempre nos interesamos por saber algo de los autores de todas las cosas que nos impactan.
En cambio cuando contemplamos un cielo estrellado, un bello amanecer, una puesta de sol o el mar tranquilo o encrespado, no nos preguntamos por el autor de tanta belleza sino que nos conformamos con cualquier explicación más o menos científica sobre la naturaleza que por sí misma resulta capaz de todo, ya sea de la evolución o de la expansión de ese cosmos inabarcable que se nos ofrece como lugar donde enviar a algún astronauta.
Pero si comprendemos que detrás de un cuadro, una sinfonía, una estatua o un  descubrimiento tiene que haber necesariamente una mente inteligente, ¿por qué no queremos aceptar la existencia de un ser infinitamente grande, sabio y poderoso autor de todo lo creado? Buscamos mil y una explicaciones para evitar reconocer la existencia de un Dios personal que nos creó dotados de inteligencia y voluntad y que nos espera más allá de la muerte.
Dice la Biblia que el principio de la sabiduría es el temor del Señor. Un temor que no lo entiendo como terror ni miedo, sino como el vértigo ante la inmensa desproporción entre cada uno de nosotros, pequeños y limitados,  y un Dios eterno, todopoderoso, ilimitado que vive, fuera del tiempo y del espacio, pero que nos pedirá cuenta de lo que hayamos hecho con la vida que nos regaló desde el nacimiento hasta el inevitable final de nuestra muerte.
Es la poderosa tentación de Satanás en el paraíso, susurrando al oído de Adán y Eva que, desobedeciendo los mandatos del Señor, seríamos como dioses, nuestros propios dioses, capaces de determinar el bien y el mal, sin nadie que nos pida cuentas.
Si no tengo que dar cuenta a nadie de mis actos podría robar o matar, fornicar o mentir impunemente, pero como vivir sin leyes comprendimos que no era posible, nos inventamos otras mucho más complicadas, fijadas al arbitrio de los que nos gobiernan con códigos que determinan los delitos y las penas pero que pueden absolver a un culpable o condenar a un inocente, dependiendo de la imparcialidad de los tribunales o de la pericia de los abogados.
Abandonado el principio de la sabiduría no es extraño que sepamos muchas cosas, aunque el número de los idiotas aumente sin parar, nos hemos cerrado a los dones de Dios pues el que teme al Señor se aleja del pecado. ¿Deseas sabiduría? Guarda los mandamientos y el Señor te la otorgará, dice la Biblia. Podíamos probarlo ya que nuestro alejamiento de Dios nos va llevando a una situación deplorable: enemistades, contiendas, luchas, abusos, y cuando menos lo esperas llega la vejez y la muerte.
Hablando con uno de mi edad me decía que lo más seguro es que después de la muerte no haya nada. Sentí un escalofrío pensando que la suerte del bueno y del malo resulte idéntica. Que los asesinos y sus víctimas tengan el mismo destino, que no haya diferencia entre los embusteros y los engañados…
Al final de la conversación le dije que, dada nuestra edad, nos quedaba poco para averiguarlo. No estoy seguro de que me escuchara o de que me mandara a freír espárragos.
Francisco Rodríguez Barragán
Publicado en


viernes, 26 de abril de 2019

Aprender inglés pero amar el español


            Aplaudo que se quiera aprender inglés pero me apena que no se ame de          corazón  el español, su lengua, su vocabulario, su literatura.
Se dice que quien dos idiomas sabe dos hombres vale, aunque saber bien los dos idiomas, el propio y el aprendido no es cosa fácil. Conocer la propia lengua exige hacer un uso correcto de la misma, su vocabulario, sus reglas y su literatura y lo mismo de la que se aprenda.
Me parece muy bien la cantidad de personas que aprenden el inglés. Cerca de mi casa hay por lo menos tres academias funcionando a pleno rendimiento pues el lenguaje de las redes sociales y el uso de internet lo hace imprescindible. Cuando yo era joven, que no había internet,  se estudiaba más el francés.
Pero una lengua no es solo conversación sino literatura y no sé si los que se afanan por aprender el inglés tienen algún interés por conocer a Shakespeare y Joyce, o solo por conseguir un mejor manejo de las aplicaciones informáticas.
Este año ha sido concedido el premio Cervantes a una anciana uruguaya, Ida Vitale, que pronunció un discurso impecable en un magnifico español, esa lengua que usan millones de hispanoamericanos, pero que, a mi entender, resulta bastante maltratada en España.
Con una mentalidad cateta y provinciana se posterga el español en España, con el uso de hablas que fueron siempre minoritarias y locales, pero que quieren imponerlas como obligatorias algunas regiones que ahora se llaman pomposamente comunidades autónomas. Que yo sepa nunca se prohibió que los habitantes de cada lugar usen, junto con el español, hablas propias y dejes particulares.
En mi tierra andaluza podemos distinguir la forma de hablar de un sevillano de la de un granadino, de un malagueño o de un jienense, pero no se nos ocurre reivindicar como lengua propia los andalucismos que utilizaban en sus comedias y sainetes los hermanos Álvarez Quintero.
Nombrar a Granada, nuestra bella ciudad, como Graná no pasa de un inocente localismo pero no aprobaríamos en manera alguna que en los indicativos de las carreteras española se sustituyera Granada por Graná, como se han sustituido tantos nombres de lugares españoles por denominaciones locales: La Coruña por A Coruña, Lérida por Lleida, Hondarribia por Fuenterrabía y tantas otras.
A nadie le produce extrañeza que citemos a Nueva York en lugar de New York o Londres en lugar de London o a la Costa Azul en lugar de Côte d’Azur, pero a mí me produce extrañeza leer Alacant en lugar de Alicante.
Aprendí de niño, en un solo libro ─la Enciclopedia de Dalmau y Carles─ por cierto catalana, la gramática española, las matemáticas y la geometría, la geografía y la historia de España desde los romanos al descubrimiento de América, en un estupendo español, que echo de menos cuando oigo hablar sin tener en cuenta las reglas de género y concordancia.
Repito que me alegro de que cada vez haya más gente que estudie inglés pero que, por favor, no olviden el español, su lengua, su literatura y su vocabulario. Quedó sorprendido cuando hablo con inmigrantes que proceden de Ecuador, de Perú o de Panamá y que usan un vocabulario más rico que el nuestro.
El gran tesoro de nuestro Siglo de Oro era el imperio de nuestra lengua, lengua que los hispanohablantes utilizan para ofrecernos una riquísima literatura. Alguien ha dicho que nuestra patria es nuestra lengua y nuestra lengua es la española, aunque por necesidades técnicas tengamos que aprender inglés.
Francisco Rodríguez Barragán
Publicado en

sábado, 20 de abril de 2019

¿Creemos en Dios y en Cristo resucitado?





            Quizás nos hemos convertido en nuestros propios dioses para decidir el            bien y el mal, la virtud o el pecado.
La Semana Santa carece de sentido sin la resurrección de Cristo. Sin la alegría del mensaje de la Pascua todo queda en bellas imágenes pero sin trascendencia, sin fuerza para hacernos cambiar.
En cualquier museo podemos encontrar pinturas y esculturas bellísimas que se muestran a nuestra contemplación meramente estética pero sin ninguna finalidad religiosa.
En estos tiempos posmodernos en que nos creemos suficientes para determinar lo bueno y lo malo, el bien y el mal, sin ninguna referencia a un Dios supremo, ni siquiera a una ley natural, como orientación de nuestras acciones, el evangelio de Jesús, su muerte en la cruz ¿nos dice algo?
Pero si es verdad que Cristo murió pero volvió a la vida, la cosa cambia pues significa que después de esta vida hay otra que no se acaba a la que estamos llamados en virtud de su sacrificio, del que todos podemos beneficiarnos si creemos en El, si le seguimos aunque sea en el último momento.
Desde el relato de la creación han estado presentes en nuestro mundo Dios y el demonio, el tentador que deslizó en la oreja de Adán la taimada afirmación de que desobedeciendo a Dios seriamos como dioses, dueños del árbol de la ciencia del bien y el mal. El demonio ha seguido insistiendo a lo largo de los siglos pero con la habilidad de desaparecer de nuestro horizonte. Lo mismo que la gente no cree en Dios también ha dejado de creer en el demonio.
Cuando los discípulos de Jesús le pidieron que los enseñara a orar les dejó la oración del padrenuestro que termina con una doble petición: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. No dice en las tentaciones sino en la tentación, la fundamental, la de querer ser como dioses y librarnos del mal, del maligno, del diablo Satanás que se rebeló contra Dios en algún momento misterioso, al grito de “no te serviré”, engañó a la primera pareja humana que perdió el paraíso como nos relata el Génesis, aunque Dios prometió un salvador, un mesías, Jesús el Señor. Arrojado el demonio de la presencia de Dios sigue siendo señor del mundo y continúa sin descanso su guerra contra Dios y los hombres, hasta el fin del tiempo.
¿Acaso no resulta grave que las personas de estos tiempos dejen de creer en Dios y en la ley que fue revelando a través de patriarcas y profetas y por último proclamada por su Hijo Jesús de Nazaret?
Los diez mandamientos son ignorados y ridiculizados. No hay más leyes que las que nos dictan los parlamentos que se dicen democráticos, pero que deciden que el aborto es un derecho, que puede ser legalizada la eutanasia, que las personas pueden decidir sobre su sexo al margen de la biología, que pueden contraer matrimonio personas del mismo sexo, que hay muchos modelos de familia, es decir, la familia como educadora y transmisora de valores ha dejado de existir, que será el estado el que decida la educación de nuestros hijos, que la fornicación o el adulterio son antiguallas descatalogadas, que la relaciones entre hombres y mujeres resultan cada vez más confusas. ¿No tendrá el demonio nada que ver en todo esto?
Ojalá que la resurrección de Cristo, la Pascua que celebramos, signifique un cambio en nuestras vidas y volvamos a confiar en Dios-Padre y en la salvación que nos ofrece Cristo, el Señor.
Francisco Rodríguez Barragán
Publicado en




jueves, 11 de abril de 2019

Semana Santa


            ¿En un mundo tan alejado de Dios tienen sentido las procesiones con   Cristo en la Cruz y la Virgen Dolorosa?
Llega la Semana Santa, la gente va de un lado a otro, comienzan las procesiones, largas filas de penitentes con túnicas y capirotes de determinado color, bandas de música y unos pasos en los que se muestra la pasión de Cristo o el dolor de la Virgen.
Me pregunto si los que van en las procesiones, y los que las contemplan como espectadores, sienten algo del misterio de ese Cristo que muere en la cruz por los pecados de los hombres de todos los tiempos o simplemente miran sin más emoción.
En este tiempo en el que Dios resulta cada vez más ausente y las personas cada vez más alejadas de cualquier sentimiento de culpa, de pecado, de necesidad de perdón, la Semana Santa ¿sigue teniendo sentido?
La resurrección de Cristo, su vuelta a la vida después de pasar por una muerte atroz, ¿nos alegra con claridad de Pascua cuando se celebra el domingo o pasa casi desapercibida para la mayoría de la gente?
Este año la batahola de las elecciones y sus propagandas seguramente llegarán a más gente que la muerte y resurrección de Cristo y es una pena. Políticos,  batallas electorales, luchas por el poder, todo irá pasando mientras que Cristo permanece siempre, con el corazón abierto, a la espera de que alguien responda a su amor, a su invitación a seguirlo para entrar en la vida que no se acaba.
Nuestros políticos no nos dejarán a todos satisfechos, nos defraudarán a poco que empiecen a gobernar, es seguro que el bien común, las necesidades de todos no serán tenidas en cuenta, aunque algunos lo intenten. La política no resolverá nuestros problemas, nuestras inquietudes y seguiremos envejeciendo sin pausa, pero cualquier momento es bueno para volvernos hacia Dios, pedirle que nos acoja y perdone y también para que nosotros perdonemos a nuestros prójimos, familiares, amigos y enemigos,  vecinos, competidores.
Amar a Dios y amar al prójimo fue lo que Cristo nos repitió durante su vida y sigue repitiéndolo hoy desde esa imagen de la procesión, desde el silencio de un templo, desde el Sagrario donde quiso quedarse para siempre para estar cerca de nosotros.
Ya sé que la gente de hoy, incluso los que se dicen cristianos han desertado de la Iglesia, son pocos los que van a misa cada domingo, los que se arrodillan en silencio, los que rezan sin desfallecer, los que se arrepienten de sus pecados.
Desde este pequeño artículo invito a quienes me lean a que no se alejen de la Iglesia y si se han alejado a que vuelvan al calor de un Jesús que nos ama sin medida, que es más grande su amor que nuestros pecados y que nos dejó por madre a la suya cuando moría en la cruz.
Aunque nos hayan tratado de convencer de que no necesitamos a Dios para nada, que nos bastamos a nosotros mismos para decidirlo todo, que los valores de estos tiempos son el dinero, el placer y el poder y que más allá de la muerte no hay nada, miremos aunque sea por un momento a María, la Virgen Dolorosa, nuestra Madre, cuando pase la procesión y quizás suene algo en nuestro interior.
Francisco Rodríguez Barragán  
Publicado en
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/38226/2019-04-13.html

viernes, 5 de abril de 2019

El aborto en España, evolución y consecuencias


            Somos un país que se suicida: disminuyen los niños y aumentan los viejos
Casi al mismo tiempo que se manifestaba en Madrid la “España vacía” el Instituto de Política familiar (www.ipfe.org) presentaba su informe sobre el Aborto en España, en el que señala que el aborto es una de las causas del déficit de natalidad en España y que ha invertido la pirámide poblacional, lo que hace problemática la mera supervivencia de España, tal como ha sido hasta ahora.
Pienso por mi parte que una España envejecida queda abierta a ser sustituida  por la migración de otros pueblos que esperan simplemente a que nos vayamos muriendo para sustituirnos y ocupar nuestras casas. Seguro que no se está llegando a esto por mera casualidad, por el simple hecho de que los tiempos cambian, esta situación ha sido pensada e impulsada por fuerzas poderosas que, desde la sombra, dictan sus instrucciones que tanto la izquierda como la derecha obedecen sin rechistar.
Gobernando el partido socialista se produjeron 1.182.227 abortos  y gobernando el partido popular 1.108.457. Las leyes abortistas que promulgó el PSOE se han consolidado por el PP que, a pesar de haberlas recurrido y olvidado ante el Constitucional y no las abolió ni modificó a pesar de la mayoría absoluta del presidente Rajoy. Tampoco el nuevo presidente del PP parece muy dispuesto a modificarlas. Dice, incluso, que se trata de algo consolidado y el alegato del Sr. Suarez Illana  sobre la cuestión ha sido fuertemente criticado no solo por los adversarios sino por su propio partido, el PP.
Cualquiera podría pensar que con la proliferación de medios y métodos anticonceptivos el aborto, que arranca violentamente del vientre de su madre al concebido, resultaría innecesario, pero no ha sido así sino que el aborto se usa como un método anticonceptivo más, con la inquietante circunstancia de que 4 de cada diez mujeres que abortan ya habían abortado con anterioridad, el 13% lo hicieron más de dos veces y el 5% más de tres, lo que indica que el aborto se toma por muchas mujeres y sus parejas como un mero trámite.
En 2017 el número de abortos registrado fue de 94.123 equivalente a un tercio del déficit de natalidad que tiene España, cuya índice de fecundidad es de 1,31 hijos por mujer, totalmente insuficiente para hacer posible el reemplazo generacional lo que hará inviable, por ejemplo,  el mantenimiento del sistema de pensiones de la Seguridad Social, tal como lo conocemos.
Otro dato que aporta el informe es que hay nada menos 212 centros abortivos que mueven más de 60 millones de euros al año.
Hay algún colectivo pro-vida que, con grandes dificultades, trata de ofrecer a las mujeres que van a abortar otras soluciones, mientras que desde los distintos gobiernos no se ofrecen ayudas realmente eficaces para la maternidad.
Pienso por mi parte que cualquier niño concebido lo ha sido por el concurso de dos progenitores, pero el progenitor masculino ni opina ni se preocupa por ello. Esto sí que me parece un machismo auténtico aunque solo se hable de machismo cuando una mujer dice haber sido agredida o violada, aunque no he oído ni recuerdo que ninguna embarazada por violación pida responsabilidades al violador respecto al concebido.
La maternidad requiere sobre todo de una auténtica nupcialidad y no de una mera convivencia, de una revalorización de la familia estable y el mismo Instituto de Política Familiar presentó un programa de cien medidas con perspectiva familiar de las que me hice eco en un artículo anterior.
Francisco Rodríguez Barragán
Publicado en
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/38220/2019-04-07.html