miércoles, 18 de noviembre de 2020

No conocemos a los que están dominando el mundo

 


            Ya no se trata de imperios y conquistas sino de cambiar a las personas.            

Cada vez que un pueblo se ha sentido poderoso y ha tenido unos dirigentes ambiciosos, han intentado construir un imperio, ya se trate de Nabucodonosor, Alejandro Magno o Gengis Khan o más próximos a nosotros El Imperio Romano o Napoleón Bonaparte.

Con sus diferencias cada imperio ha tratado de  imponer a los vencidos sus leyes y sus gobernantes, situación que ha durado unas veces más y otras menos.

Con la difusión de las ideas comunistas Lenin, pero sobre todo Stalin, sometieron a muchos pueblos a su feroz dictadura y hemos sido testigos del fin aparente del imperio soviético, en cuya órbita podría haber caído también España si no hubiera triunfado la rebelión militar del 36.

De una manera más solapada los países capitalistas que vencieron a Hitler han ido imponiendo su poder en cuantos sitios han podido penetrar no tanto por las armas como por los intereses de una clase internacionalizada que hace y deshace en el mundo de las finanzas. Aquí no se trata de pueblos conquistadores acaudillados por reyes o césares, sino de minorías poderosas emboscadas tras decorados democráticos que la gente creemos que, por el hecho de votar cada equis años, somos quienes decidimos lo que han de hacer nuestros gobernantes.

Nada más falso. El tinglado democrático es una especie de teatro de polichinelas manejado por hilos o manos ocultas. Naturalmente los cristobitas que hacen de gobernantes mientras resulten bien pagados disfrutarán del espectáculo que protagonizan. Todo ello  es fácilmente observable para cualquiera que dedique algo de su tiempo a pensar.

Los avances técnicos resultan eficacísimos para dominar a la gente como nunca se había hecho. Las ubicuas redes sociales se encargan de mantenernos en la ignorancia atiborrándonos de noticias sobre las que se discute acaloradamente no solo en la calle sino en los parlamentos nacionales y supranacionales.

Los que mandan, o creen que mandan, no quieren que exista una educación plural que adiestre a las nuevas generaciones en el pensamiento crítico ni en valores morales. Los que destaquen en la ciencia pronto serán fichados para que pongan sus conocimientos al servicio de la causa general, que no es otra, que inculcar a todos que al planeta le sobran millones de personas que es necesario ir eliminando, especialmente a los mayores que somos una carga económica inútil, como dice la directora del FMI, que hay que poner remedio al calentamiento global y hacerle caso a Greta Thunberg, la niña mal encarada que se paseó por todo el mundo, poco antes de la pandemia. Cualquier cosa que se venda como moderna nos la tragamos.

Incluso pienso que la pandemia es algo programado, como un ensayo general, para hacernos tragar el sometimiento más absoluto al poder de los amos del mundo, a quienes no hemos votado ni nos representan,  pero manejan el dinero, el crédito, la inversión y los planes de destrucción masiva que tienen en mente.

Por supuesto que las religiones, especialmente la cristiana, es un escollo para sus planes, pero tienen medios para que el número de cristianos disminuya poco a poco. Cerrar las iglesias ya lo hicieron en la Francia revolucionaria, en la España del XIX con Mendizábal y así en casi todos los países de Europa. En la América española ya lo están intentando. Aquí y ahora ya veremos.

Desconfíen: las cosas no son como parecen.

Francisco Rodríguez Barragán

Publicado en

http://www.sotodelamarina.com/Francisco_Rodriguez_Barragan/Articulos/20201116Francisco_Rodriguez_Barragan.htm

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martes, 10 de noviembre de 2020

El nuevo orden mundial avanza imparable

 


        Desconfíen de todo, por favor. Quizás estamos asistiendo al fin        de una época y la que viene no me gusta.

Trump ha perdido las elecciones y nuestros medios de comunicación se felicitan,  pero los que están de enhorabuena son los que dirigen la internacional del aborto, Planned Parenthood, de la que forma parte España.

La que se dice planificación familiar y servicios de salud reproductiva no es otra cosa que el asesinato de niños desde su concepción al momento del parto. Es el gran objetivo de esa tropa descuartiza-niños, Obama,Clinton, Bill Gates, Soros y de la que ahora toma la jefatura Mr. Biden, que se declara ¡católico! Para ver y oír cosas, estar vivo. ¿Cómo se puede compaginar la fe católica con el aborto? A lo peor alguien lo ha decidido así.  (Hay tantos cambios ahora)

El derecho de toda persona por nacer entiendo que es haber  sido concebido por sus padres conscientemente, por amor, pero al parecer muchos son concebidos por error y para borrar la equivocación ahí tienen el aborto. Son millones los bebés que se abortan en el mundo, cuya sangre tiene que llegar ante Dios en forma de grito.

La matanza de inocentes que decretó Herodes es una fruslería frente a esta matanza planificada para, según dicen, salvar el planeta. Esta gentuza ha decidido reducir la población con la misma frialdad que toma medidas para  reducir el CO2.

Mr. Trump, a pesar de su extravagante figura, pensó que podía terminar con todo esto y ya se ve que los otros son más y ocupan todo el mundo para establecer un Nuevo Orden Mundial (NOM), el globalismo, una dictadura feroz, una combinación de socialismo, comunismo y capitalismo, que establecerá sin remisión lo que tenemos que pensar, sentir o cantar.

Ni Hitler ni Stalin tenían en sus manos los resortes de este globalismo que se aproxima al Mundo Feliz de Huxley, repartiendo sexo y soma (hachís) para abandonar la funesta manía de pensar, como decía el Manifiesto de los Persas y esa élite que se está formando, hinchada de orgullo  y prepotencia ante nuestros ojos y ¡no nos damos cuenta!

Ahora estamos preocupados con la pandemia pero muchos nos preguntamos si ella también forma parte del designio manifiesto del Nuevo Orden Mundial. Cuando la ruina de nuestra economía ponga a la venta nuestro patrimonio ¿de qué color será el capitalismo que se quedará con él a precio de saldo?

Este trasiego de personas que trae a nuestras costas, especialmente de Canarias, grandes cantidades de emigrantes, ¿será el anuncio de que España puede perder estas islas a manos de otros vecinos de la zona porque así lo haya decidido Soros y sus fundaciones?.

No habrá otra guerra mundial ya que no se perfilan dos bloques enfrentados sino una marcha imparable del globalismo que arrollará a los que piensen por su propia cuenta.

La ONU, la UE, la OMS y demás estructuras internacionales  ya están al servicio del globalismo, del NOM,  que decide a través de grupos discretos de gente con mandil, escuadra y compás, las medidas a tomar.

No pido que me crean sino que observen lo que pasa y desconfíen de este gobierno y de todos los gobiernos.

Francisco Rodríguez Barragán

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http://www.sotodelamarina.com/Francisco_Rodriguez_Barragan/Articulos/20201109Francisco_Rodriguez_Barragan.htm

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martes, 3 de noviembre de 2020

Oficio de difuntos

 


            Si está seguro de que no hay otra vida después de la muerte no lo lea, si           tiene dudas lea, por favor

El salmo 90 dice que “aunque uno viva setenta años y el más robusto hasta ochenta, todo es fatiga inútil porque pasan aprisa y vuelan.” Puedo personalmente certificarlo porque ya pasé de los ochenta y se me han pasado casi sin darme cuenta, han volado,  y ya son mis hijos los que se van haciendo viejos, aunque aún no se den cuenta.

Mientras que uno se siente joven camina a la búsqueda de una plenitud que nunca llega a alcanzar. Solo quedan los recuerdos de los momentos felices y los desgraciados, aunque ya no sea uno capaz de enlazarlos. En mi duermevela de cada madrugada recuerdo con nitidez juegos y canciones de mi infancia, familiares que murieron hace mucho, lugares que ignoro si se conservan como yo los contemplo y por el contrario olvido lo que hice hace un rato o lo que tengo que hacer cuando me levante.

Esa hambre de plenitud creo firmemente que solo la podré colmar cuando descanse en Dios, pero si Dios me excluye de su compañía mi vida habrá sido un fracaso, por muchos años que haya vivido. Ochenta o noventa años no son nada frente a la eternidad.

Mucha gente con la que hablo no me toma en serio si me refiero a la vida futura, a la vida tras la muerte y me pregunto para qué visitan en estas fechas los cementerios. Si los cadáveres de los que se fueron ya no son nada, puedes recordarlos mirando algún álbum de fotos. También yo necesito revisarlos para evocar los momentos felices y comprobar los cambios que he experimentado desde que me casé, desde que me jubilé, desde que visitamos aquellos lugares a los que no vamos a volver, o los nacimientos de mis hijos o de mis nietos.

La Biblia entera es la gran respuesta al significado de nuestras vidas. Cristo es la garantía de que Dios nos ama y quiere que vivamos con El por toda la eternidad. Nuestra libertad para elegir entre el bien y el mal, la gloria o el infierno, no son cuestiones baladíes.

Pero si queremos seguir distrayéndonos con las repetitivas historias que nos traen las cadenas de televisión o reenviando cada día por el móvil tonterías y cuchufletas, allá cada cual.

Calderón de la Barca nos dejó en su obra titulada “La vida es sueño” el monólogo de Segismundo que dice: “sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”.

Ahí está el problema: no entender nuestra propia vida, vivirla como un sueño, que puede tener un final dichoso si pasamos por ella amando a Dios y al prójimo o un final desdichado si  vivimos haciendo el mal.

No, nuestra vida no se acaba con la muerte sino que en ella empieza la eternidad. Ahora que tanto se habla de muertos pensemos más allá de la vacuna o de la Unidad de cuidados intensivos, pensar en aquello que aprendí de niño: mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que te has de morir, mira que no sabes cuándo.

Francisco Rodríguez Barragán

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martes, 27 de octubre de 2020

Pasan cosas que no nos explicamos

 

            Sin duda porque nos faltan los datos que nuestros medios de   comunicación eluden u ocultan.

Es muy probable que no hayan oído hablar de la Declaración de Consenso de Ginebra ya que los programas televisivos que nos “encadenan” no lo habrán considerado de interés mientras nos bombardean a todas horas con la pandemia y las medidas que pergeña el gobierno ante ellas.

De la moción de censura de VOX al gobierno sí se habrán enterado, sobre todo cuando ha resultado favorable al presidente, ya que el Partido Popular ha aprovechado la ocasión para romper con VOX de mala manera, proclamando que este partido es la extrema derecha al que no quiere parecerse. (En España no existe la extrema izquierda, solo la extrema derecha ¿no?)

Desde luego el PP no defiende los valores que tuvo en otros tiempos mientras que VOX sigue conservándolos.

Puede ocurrir que como los viejos valores de la derecha sobre la familia, la educación y la religión han dejado de estar vigentes en la Unión Europea, de lo que le habrá informado su correligionario Esteban González Pons, jefe de las huestes populares en Bruselas, el Sr. Casado quiera alejarse de viejos amigos. Al mismo tiempo al Sr. Sánchez le habrán advertido de que su intento de dominar el estamento judicial por el gobierno no es aceptable en la UE,  por lo que la izquierda y la derecha (sin VOX) pueden llegar a otros acuerdos.

Pero ha aparecido la Declaración de consenso de Ginebra, (la que no ha sido aireada por los medios de comunicación) cuya celebración había sido prevista al margen de la Asamblea Mundial de la Salud “para examinar los avances logrados y los retos que plantea la defensa del derecho de las mujeres a los más altos niveles posibles de salud… la fortaleza de la familia y de una sociedad eficaz y floreciente y para expresar la prioridad fundamental de proteger el derecho a la vida”

Esta Declaración tiene siete apartados, (que por mi parte comparto plenamente) y en el cuarto pone de relieve que “en ningún caso se debe promover el aborto como método de planificación familiar”…”que el niño necesita protección y cuidados especiales tanto antes como después del nacimiento y que se deben adoptar medidas especiales de protección y asistencia a favor de todos los niños”.

En el apartado quinto se reafirma que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad, que la maternidad y la infancia tienen derecho  a cuidados y asistencia especiales. Reconoce en el apartado 6 que la cobertura sanitaria universal es fundamental para alcanzar no solo los objetivos de desarrollo sostenible sino que los sistemas de salud tienen que atender además de los problemas de enfermedad el desarrollo óptimo de las personas en todas las etapas de la vida.

Hasta el momento solo 32 países han firmado esta declaración de consenso y de los que componen la UE tan solo Polonia y Hungría, naciones que son a menudo criticadas por Bruselas, sin duda porque no comparten el globalismo y el Nuevo Orden Mundial al que está entregada la UE.

Conociendo todas estas cosas, puede que entendamos algo más de lo que nos ofrecen los medios de comunicación “debidamente” subvencionados por el Gobierno.

Quizás todos deberíamos preguntarnos si compartimos la Declaración de Ginebra o la promoción del aborto, la educación estatalizada, la ideología de género, la ley de violencia de género, etc. y cuando llegue el momento votar en conciencia.

Francisco Rodríguez Barragán

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martes, 20 de octubre de 2020

Los cristianos podemos hacer algo aquí y ahora


            Cuando vivimos amenazados por virus, leyes y sanciones tenemos que            actualizar nuestra esperanza..

Cuando Adán y Eva dijeron a Satanás que Dios les había prohibido comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, éste se carcajeó de ellos diciéndoles: No quiere que comáis de ese árbol porque si lo hacéis seréis como dioses y desde entonces los hombres se creen que son sus propios dioses sin percatarse de su radical limitación, mientras que Dios es  plenitud total del tiempo y del espacio.

Como los hombres hacían poco caso de Dios y quisieron levantar una torre que llegara al cielo, comenzaron los problemas, y les envió profetas para recordarles su condición y que volvieran a Él, por último envió a su propio Hijo que les anunció la buena nueva, el evangelio, de que Dios nos ama y quiere salvarnos, pero respetuoso con la libertad que otorgó al hombre al crearlo, es necesario que el hombre, todos los hombres crean en Él y quieran salvarse.

A lo largo del tiempo ha habido muchas ocasiones en que Dios ha estado presente en la vida de los hombres, gracias a la predicación de la Iglesia, pero ahora los que nos decimos cristianos en lugar de anunciar el evangelio nos dedicamos a vivir para el mundo, ponernos de acuerdo con él, participando de las diversas doctrinas que el astuto Satanás pone a nuestra consideración.

Discutiendo sobre si es mejor el socialismo, el capitalismo, el liberalismo y otros muchos ismos, se nos va pasando la vida, nos morimos y todo sigue más o menos lo mismo de complicado.

En lugar de aceptar a Dios que nos promete gozar de su propia vida, nos perdemos elucubrando con el calentamiento global, la superpoblación del planeta, la desaparición de las especies, etc. Colaboramos en reducir la población mediante el aborto o perdemos el tiempo legislando sobre la ideología de género. Nos dicen que han desaparecido no sé cuantos millones de gorriones, cuando Jesús nos dijo que ni uno solo cae a tierra sin que lo permita Dios.

Quien ha creado el universo entero sin nuestra ayuda, ya lo conservará como tenga por conveniente. Malthus profetizó el hambre mundial diciendo que las personas crecían más de prisa que los alimentos y era mentira. Lo mismo pasa con Erlich y su explosión demográfica y hay hasta los que se encomiendan a la Pachamama, como diosa del planeta, y olvidan a Dios.

La pandemia que sufrimos sin duda ha sido permitida por Dios para recordarnos que,  por encima de todos estos acontecimientos está El, el  Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Todos esos que mandan, que nos imponen sus ideas, sus mandatos, sus políticas pasarán y serán olvidados. Creo haber leído que los caudillos del imperio de Roma cuando entraban victoriosos, el que le sujetaba la corona de laurel le iba repitiendo: recuerda que eres mortal.

Todos somos mortales, moriremos y habremos de dar cuenta a Dios de nuestras vidas. Muchos creen que con la muerte todo termina. Si esto fuera verdad sería aun más trágico pues el inocente y el culpable, la víctima y su asesino, los tiranos y los tiranizados, tendrían el mismo destino.

Los cristianos tenemos que seguir anunciando al  mundo que Dios nos ama, que Jesús no es ningún mito, que la buena nueva del evangelio sigue vigente, que nuestro testimonio es necesario aunque eso nos lleve al circo de fieras que han montado los que se creen los amos del mundo. Lo que nunca debemos hacer es pactar con nuestro enemigo el diablo que anda como león rugiente buscando a quien devorar.

Francisco Rodríguez Barragán

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martes, 13 de octubre de 2020

Día de la Hispanidad: La Virgen del Pilar y la reina Isabel la Católica

 


No dejen nunca de sentirse españoles y estén orgullosos de serlo

Me dispongo a escribir mi artículo semanal el Día de la Hispanidad. Seguramente los que andan empeñados en pergeñar la ley de “Memoria democrática”, quisieran borrar de un plumazo el pasado de nuestra Patria y su devoción a la Virgen del Pilar, como si todo hubiera empezado en el 1931.

Vivimos en un mundo convulso con la pandemia del Covid y la ruina que se avecina para los próximos años. ¿Qué será de España? Hay quienes están empeñados en que volvamos a las cartillas de racionamiento y nos parezcamos a Venezuela, Cuba o Argentina, donde una minoría de gerifaltes ejerce un poder omnímodo sobre un pueblo dependiente que espera la limosna de los poderosos.

Todos los españoles de bien debemos unirnos para evitar la catástrofe que se avecina y poder seguir elevando nuestra bandera entre las naciones libres. No crean que exagero, quizás me quedo corto.

Toda América desde California a la Patagonia recibió de los españoles que llegaron allí en 1492 el cristianismo y la civilización. Nuestra reina Isabel de Castilla no consintió, desde el primer momento, que se tratara como esclavos a los indios y cuando entró en duda nuestro derecho, se discutió en Salamanca todo el proceso que siguió apoyado por Calos V, Felipe II y sus sucesores.

Pero en lugar de examinar la actuación española en aquel continente, somos tan obtusos que ensalzamos al fraile Bartolomé de la Casas que no quería que los indios trabajaran sino que se trajeran negros de África, pues pronto empezó la trata de personas, reyezuelos que cazaban a otros negros para venderlos a europeos de varias nacionalidades que entraron a saco donde pudieron.

Alguna vez he escrito sobre el juicio de residencia que se hacía a virreyes y gobernadores cuando cesaban en sus cargos y todos los que se sentían agraviados podían pedir justicia y los culpables eran condenados. ¿Podríamos hacer eso ahora a nuestros gobernantes? Muchos tribunales pero pocas sentencias y demoras, muchas demoras.

Aprovechando el mal gobierno de Carlos IV y Fernando VII muchos territorios consiguieron su independencia por obra de malos españoles que la querían para caer como buitres sobre las propiedades de los indios y rapiñar todo el oro y la plata de las haciendas de cada colonia. ¿Reivindicamos acaso las reducciones que pusieron en marcha los jesuitas, víctimas de las ideas progres de Carlos III? Hemos visto alguna película sobre ello.

Hay que reconstruir nuestro ser de españoles con la historia de España, de toda España, desde la reconquista donde nos fuimos forjando hasta la obra del mallorquín Fray Junípero Serra que fundó ciudades en el oeste americano, desde Méjico al Canadá, bautizándolas con nombres cristianos como San Diego, San Francisco, Los Ángeles, etc.

Por favor déjense de memorias democráticas para adoctrinar a las nuevas generaciones y ofrezcan la verdadera historia de España, desde San Isidoro a Isabel la Católica, de la que podemos sentirnos orgullosos.

En mi tierra, Granada, podemos visitar la Alhambra, pero no dejen de detenerse en la Capilla de Reyes de Granada, donde duerme la reina enamorada de sus altas querellas: madre de España, madre de la América hispana y si pasan por Zaragoza visiten a la Virgen del Pilar y se sentirán mejores españoles.

Francisco Rodríguez Barragán

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martes, 6 de octubre de 2020

El principio de la sabiduría es el temor del Señor

 

            Con la muerte no termina todo, más bien empieza otra vida sin fin

En mi anterior artículo escribí pensando en nuestra situación actual la respuesta que podía darnos la Biblia y encontré en el Eclesiastés que todo pasa y todo se repite, que los que ahora viven en olor de multitudes pasarán y serán olvidados irremediablemente, como los que le precedieron.

Pero la segunda parte de este libro y también de otros libros sapienciales de la Biblia nos dice que el principio de la sabiduría es el temor del Señor. Para tanta gente que ha dejado de creer en Dios ¿tiene algún significado este temor?

Creo que el problema de nuestra increencia corta nuestra peripecia vital con la muerte donde creemos que se acaba todo. Pero ¿es lógico que el malvado y el caritativo terminen de la misma manera?

Muchos piensan que Dios es una fantasía, sin darse cuenta de que la fantasía es pensar que somos creaturas surgidas de la nada y que volveremos a la nada. Esto repugna a nuestra propia sensibilidad. Nosotros, seres inteligentes, dotados de libertad, que estamos orgullosos de conocer el universo en su inmensidad o la acción de las pequeñas partículas que hemos conseguido acelerar con complicadas máquinas, que volamos por el aire o nos sumergimos en lo profundo de los mares, ¿iremos a parar a la tumba y ahí se acaba todo?

El hombre sabio reconoce que ha sido creado por un Dios infinitamente grande y poderoso que, además, lo ha hecho todo por amor. Que nos ama a cada uno de nosotros hasta el extremo y espera que le correspondamos, porque la vida no termina con la muerte, hay otra vida sin fin después.

Ahora, enredados con otras cosas, no sabemos nada de lo que el viejo catecismo de Ripalda llamaba los novísimos, las postrimerías, que sintetizaba en cuatro palabras: muerte, juicio, gloria o infierno. Inevitablemente tendremos un juicio en el que Señor juzgará de nuestras acciones y no puede ser idéntica la suerte del malvado que la del inocente o la del arrepentido que pide perdón antes de morir. Esto es el temor del Señor, el principio de la sabiduría, que tienen buen juicio los que lo practican.

Así pues tenemos una realidad insoslayable: que fuimos creados, que recibimos la vida de un ser infinitamente grande y poderoso, que nos pedirá cuenta del uso que hemos hecho de ella. Nuestras acciones, esas que serán olvidadas por los que nos sustituyan en este mundo, no serán olvidadas por Dios.

Algunos dirán que esto son fantasías, pero ¿hay mayor fantasía que creernos dotados de una autonomía total? Algunos hombres son y serán recordados por sus ideas, sus libros, sus descubrimientos, son los sabios; otros se recordarán por sus obras: su amor al prójimo, su humildad, sus virtudes, sus oraciones: son los santos y otros son recordados por sus maldades, sus crímenes, su orgullo o su vanidad, quizás sean los condenados que ocupan el infierno para siempre y que Dante nos describió en su obra.

Merece la pena pensar sobre todo esto en lugar de vivir distraídos con las diversiones, el sexo y tantas cosas inútiles que se nos imponen por todos los medios de comunicación.

Francisco Rodríguez Barragán

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