miércoles, 25 de mayo de 2011

ATEOS Y CREYENTES


A PROPÓSITO DE ALGUNOS “INDIGNADOS”
Esa confusa plataforma de “indignados” que dice reclamar una democracia real, en la manifestación que protagonizaron el pasado día quince en Granada hasta más allá del horario que se le había concedido, trataron de boicotear una procesión de la Virgen del Rosario con gritos y consignas antirreligiosas.
Pienso que fue sólo una parte de los manifestantes los que demostraron su falta de respeto por una manifestación religiosa, pero es curioso que se aproveche cualquier ocasión para agredir a los cristianos, ya sea desde la izquierda partidaria como de la extrema izquierda anti sistema, pronta siempre a la algarada, la protesta, la bronca y el insulto.
Los que se proclaman ateos siempre andan atacando a los que se confiesan creyentes cristianos. Quisieran imponer a todos su ateísmo, una especie de contra-religión, de la que son ardientes propagandistas.
Hay mucha gente cuya postura es de indiferencia religiosa, viven como si Dios no existiera, aunque es posible que en cualquier momento se produzcan circunstancias que les hagan reflexionar y volverse a Dios. Normalmente no atacan a los cristianos, aunque alguna vez se burlen de ellos.
El ateísmo militante es el que resulta peligroso para los cristianos ya que están dispuestos a hacernos la vida imposible. Seguramente por aquello de “si Dios no existe, todo está permitido”, buscan eliminarlo para poder gozar del poder y de los placeres, sin que exista ninguna instancia que les recuerde que Dios es la garantía del hombre, la referencia inamovible sobre el bien y el mal.
Cuando reflexiono sobre los ateos pienso que, si no creen en Dios se toman demasiado trabajo contra algo inexistente, pero si existe todo su esfuerzo en combatirlo es ridículo y patético. Creo que lo que quieren es poner al hombre en lugar de Dios y gritar con el demoniaco “no te serviré”. Hay una especie de nostalgia de Dios que quieren sustituir por la divinización de la razón, la ciencia y sobre todo por el poder de decidir sobre la vida y la muerte de los hombres.
Esta especie de cruzada antirreligiosa tiene sus “autores intelectuales” alojados en todos los centros de poder, ya sea en los ministerios del gobierno, en las universidades o en las Naciones Unidas. Se han dedicado a socavar los fundamentos sociales y los valores morales a través de sus programas educativos. Recordemos que todas las leyes que regulan la educación en España son socialistas.
Quizás piensen que debidamente debilitada la familia y diluidos los valores morales en una sociedad que no tiene más horizonte que el placer sin responsabilidad y el consumo compulsivo, está maduro el proceso de acabar con todo lo religioso. Es lo que van haciendo con sus leyes de títulos rimbombantes, eufemísticos y engañosos.
El evangelio, como siempre, nos advierte que los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz, pero también nos dice que hay que ser prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas. Los cristianos tenemos que ser sencillos y transparentes en nuestra vida familiar, profesional y ciudadana, pero también prudentes para evitar que nuestros adversarios, que también son nuestros hermanos, logren sus objetivos.
La prudencia es la virtud que consiste en discernir lo que es bueno o malo y actuar con sensatez y eficacia.
Francisco Rodríguez Barragán

http://elguadalope.es/2011/05/19/a-proposito-de-algunos-indignados/
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=53142&idNodo=-5
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/71087/ateos-y-creyentes
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/15272/2011-05-19.html
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=20103

¿QUÉ PODEMOS ESPERAR DEL PARTIDO POPULAR?

Las elecciones del domingo pasado han deparado una memorable derrota al partido en el gobierno y la correlativa victoria del Partido Popular, que puede ser el preludio de otro resultado parecido en las próximas elecciones generales. El ejercicio democrático del voto ha demostrado su validez para cambiar unos gobiernos por otros sin violencia.
Pero después de las elecciones los problemas que nos aquejan siguen ahí, esperando que los nuevos gobernantes se pongan a resolverlos en las numerosas parcelas en las que mandan o van a mandar.
La insoportable deuda que pesa como una losa sobre las administraciones municipales y autonómicas, sin duda se verá incrementada cuando se produzca el traspaso de poderes y afloren todas las factura pendientes, la caja vacía y una nómina de personal repleta de amigos y familiares de los que cesan, que se han cuidado de dejarlos “colocados de plantilla” antes de marcharse. Será una especie de quinta columna dispuesta a torpedear a los que llegan.
Revertir la situación de despilfarro y corrupción vigente es tarea urgente e imprescindible, pero en modo alguno fácil. Todas las irregularidades que detecta el Tribunal de Cuentas no parece que tengan consecuencias para los que las cometen, ni he oído que el Ministerio Fiscal haya tomado ninguna decisión al respecto.
Sería lamentable que los que han gestionado de forma inadecuada el dinero de los ciudadanos, los que se han enriquecido utilizando sus cargos, los que han beneficiado a sus familiares y amigos en perjuicio de los demás, no tengan otro castigo que cesar en sus cargos. Los resultados electorales no pueden exonerar a los perdedores ni a los ganadores de sus responsabilidades de mal gobierno.
En los meses que faltan para las elecciones generales, el Partido Popular tiene que demostrar su voluntad de cambio, de saneamiento de la vida pública, de reforma de todo aquello aquejado de un funcionamiento lamentable. Las grandes decisiones hay que tomarlas en el primer trimestre de cualquier mandato, sin dudas ni dilaciones.
Muchas de las competencias autonómicas como la educación, la sanidad o la política social, necesitan una mano firme que las reconduzca a sus verdaderos fines que no son precisamente ponerlas al servicio de la ingeniería social preconizada por Rodríguez Zapatero y su equipo. Muchas leyes autonómicas deben ser derogadas para devolver la libertad y la responsabilidad a las personas, a las familias, a la sociedad civil, cansada de imposiciones y prohibiciones.
Es necesario despolitizar a las entidades de ahorro, sin entregarlas como premio a las entidades financieras y bancarias, esas entidades que han conseguido “socializar” las pérdidas derivadas de su mala gestión al mismo tiempo que mantener y aumentar sus intereses privados.
También es imprescindible podar las autonomías y los municipios de todas las empresas públicas, fundaciones, asociaciones y “chiringuitos” donde derivar dinero del presupuesto y acomodar a amigos, parientes y conmilitones sin el necesario control del gasto. Reponer en sus funciones de control presupuestario y de legalidad a Secretarios e Interventores, sin que sus cargos resulten dependientes de las mismas personas a quienes deben de controlar, sería una medida a aplaudir.
Nuestra desgracia sería que el cambio de partido gobernante no significase el fin de corrupciones y corruptelas, sino la sustitución de unas personas por otras para seguir haciendo lo mismo.
Si ganan en las generales tendrán que hacer muchas más reformas. Vayan entrenándose en los meses que faltan para ello.
Francisco Rodríguez Barragán

http://elguadalope.es/2011/05/24/%c2%bfque-podemos-esperar-del-partido-popular/

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/71290/que-podemos-esperar-del-partido-popular

sábado, 21 de mayo de 2011

TIEMPO PASCUAL, TIEMPO DE ESPERANZA


Estamos en tiempo pascual, el tiempo en el que cada año los cristianos celebramos la resurrección de Cristo. No se trata de rememorar un suceso del pasado, pues si Cristo ha resucitado ya no muere más y vive para siempre para salvarnos.
Aquel hombre, Jesús de Nazaret, que fue condenado a muerte por proclamarse el Mesías, el Hijo de Dios, murió en la cruz y fue sepultado pero resucitó al tercer día, tal como lo había anunciado y se apareció a sus discípulos que comprobaron que no era ningún fantasma sino el Señor resucitado.
Si no hubiera resucitado no pasaría de ser un personaje interesante de la antigüedad, pero si resucitó, tenemos la garantía de que cuanto dijo es verdad, que Dios nos ama, que está dispuesto siempre al perdón y la misericordia en la medida que amemos y perdonemos a los demás, que se ha quedado con nosotros como cabeza de la Iglesia, que nos alimenta con la Eucaristía, que siempre está a favor del pobre, del que sufre, del marginado, que Él mismo es el camino, la verdad y la vida. Seguirlo es alcanzar la vida eterna, la vida que no termina con la muerte sino en los brazos de Dios.
Los cristianos creemos en Cristo por el testimonio de aquellos discípulos que no dudaron en perder su vida por confesar que Jesús es el Señor. Su testimonio se ha ido transmitiendo en la Iglesia, de generación en generación, desde hace dos mil años.
Si leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles, comprobaremos que aquellos hombres, miedosos y pusilánimes durante la pasión y muerte de Jesús, pierden el miedo y enseñan públicamente que aquel hombre condenado y muerto, ha resucitado porque era verdaderamente el Hijo de Dios. Las autoridades judías se opondrán a su predicación y los perseguirán, pero al huir de Jerusalén y dispersarse comienza la propagación del evangelio.
Mucha gente piensa que con la muerte todo se acaba, pero no obstante están empeñados en salvar al mundo con sus ideologías, con sus soluciones políticas, con sus revoluciones sociales. Vano empeño que se ha saldado muchas veces con más dolor, injusticia y muerte. De nada nos sirve luchar por un mundo en el que ya no estaremos.
En cambio el mensaje de amor que brota del evangelio, la esperanza a la que nos llama de una vida eterna y feliz, la fe que nos ayuda a mantener el rumbo mientras caminamos por este mundo, llena de sentido la vida de los cristianos dentro de la Iglesia.
Aunque en estos cincuenta días desde la Pascua celebremos especialmente la resurrección de Cristo, la celebramos todos los días del año en la Eucaristía, en la oración y en el amor a Dios y a los demás.
Francisco Rodríguez Barragán

http://elguadalope.es/2011/05/14/tiempo-pascual-tiempo-de-esperanza/
http://www.conoze.com/doc.php?doc=9360
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=53080&idNodo=-5
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/15294/2011-05-20.html

jueves, 21 de abril de 2011

LA SALUD Y LA ENFERMEDAD

Cuando estamos sanos pensamos menos en la salud que cuando estamos enfermos. Creemos que lo normal es estar sanos, por lo que cuando nos sentimos enfermos tratamos de restablecer la salud rápidamente y buscamos los remedios adecuados. Pero mientras nos curamos o no andamos dándole vueltas a las posibles causas de nuestro mal. Nos preguntamos si habrá sido nuestra imprudencia, lo que hemos comido o bebido, el posible contagio o la herencia que nos ha dejado alguno de nuestros progenitores que también padecía de lo mismo.
Aparte de ello, cuando estamos enfermos quizás nos demos cuenta que la salud es una situación de equilibrio bastante frágil. Lo verdaderamente chocante es que todas las partes de nuestro cuerpo funcionen de forma eficiente, dada la poca atención que le prestamos, pero cuando algo se estropea, ponemos de inmediato todo nuestro interés en repararlo.
Claro que a veces las cosas no tienen fácil arreglo y es necesario acudir a medidas drásticas y dolorosas, especialmente cuando nuestra enfermedad atraviesa el umbral de una crisis que puede llevarnos a superarla o a quedarnos en situación de invalidez más o menos acentuada. También a morirnos, ya que no estamos diseñados para durar eternamente dentro de un cuerpo irremisiblemente caduco.
De la misma forma, las personas que formamos un país, cuando las cosas marchan bien, creemos que es normal nuestro estado de bienestar, que todo está asegurado, progresamos y avanzamos hacia un futuro mejor, pero la salud de un país también depende de un frágil equilibrio, que exige el eficiente funcionamiento de todas sus instituciones.
Si los que dirigen estas instituciones se dedican a ponderar nuestra buena salud y a convencernos de que estamos en buenas manos, de que llevamos una marcha imparable hacia una vida cada vez más cómoda y hedonista y nos lo creemos, nos daremos cuenta, tarde y mal, que estamos realmente enfermos, que nuestra enfermedad es grave y llegamos a la crisis, al momento en que o reaccionamos o nos quedamos inútiles, incluso podemos morirnos, pues nuestro cuerpo social es cada vez más viejo y no hay gente nueva suficiente para regenerarnos.
Cuando se dice de una persona que padece un fallo multiorgánico, podemos esperar lo peor. Lo mismo podemos decir de este ente colectivo que llamamos España, cuando comprobamos el mal funcionamiento de su economía, de su sistema financiero, de su gobierno, de su parlamento, de sus tribunales, de sus partidos, de sus sindicatos ¿seguimos? Lo más grave es, que los mismos que causaron los males sean los que se ofrezcan a sanarnos.
Pensemos que la familia, célula básica de la sociedad, ha sido atacada en sus notas esenciales: la estabilidad, la procreación, la educación. No olvidemos que han tratado y siguen tratando de manipularlos, en una vasta operación de ingeniería social, en la que lo bueno o lo malo no tiene más apoyatura que la opinión cambiante de las mayorías parlamentarias, en la que hasta ser hombre o mujer ha dejado de ser una realidad incuestionable para ser un simple producto cultural, en la que gobernar no es preocuparse del bien común y garantizar la libertad de los ciudadanos, sino el medio para gozar del poder a nuestra costa.
La crisis que padecemos al dejado al descubierto nuestra enfermedad. ¿Seremos capaces de reaccionar y salir de ella, o nos espera un largo periodo de penurias y el futuro de una sociedad envejecida e irrecuperable?
Francisco Rodríguez Barragán

http://elguadalope.es/2011/02/05/la-salud-y-la-enfermedad/
ttp://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=19196
Publicado en Bitácora de Rebelión Digital el 04-02-11
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/13614/2011-02-04.html
http://www.conoze.com/doc.php?doc=9145
Publicado en Diario Siglo XXI el 090-02-11

CAMBIAR UN GOBIERNO POR OTRO

Los levantamientos populares de Túnez y Egipto para derribar a sus gobiernos, podemos verlos como el ejercicio violento de una democracia directa, sin intermediarios.
La democracia, como gobierno del pueblo, no existe ni ha existido nunca. La muchedumbre solo es capaz de esporádicos impulsos violentos para derrocar aquellas tiranías que duran demasiado.
La idea de democracia, más que poder del pueblo, lo que significa en la actualidad es un procedimiento más o menos ingenioso o sofisticado, que permita el cambio de gobernantes sin recurrir a la violencia.
Las elecciones periódicas para revalidar unos gobernantes o sustituirlos por otros, parece, en principio, un buen procedimiento, aunque en la realidad no resulta tan fácil, pues entre gobernantes y gobernados se interponen los partidos políticos como piezas esenciales, por lo que, aunque sigamos hablando de democracia, lo que tenemos es una partidocracia en la que sus dirigentes buscan el poder a través de la propaganda, el control de los medios de comunicación, las redes clientelares, la exclusión de los adversarios, los pactos poselectorales y cualquier otro medio utilizable.
Si todos los partidos buscan el poder, podemos preguntarnos: para qué quieren ese poder y qué uso hacen del mismo cuando lo obtienen. Para unos es una meta satisfactoria en la que gozar de mando y privilegio, para otros es el camino para transformar la sociedad según sus proyectos doctrinarios.
Pero lo que la sociedad necesita son gobiernos que administren con economía y con transparencia, impulsen el suficiente desarrollo, velen por las necesidades comunes y ejerzan el poder solo en el grado necesario para garantizar a todos los ciudadanos una convivencia en libertad.
Ponerse al frente de una nación, de una comunidad autónoma o de un ayuntamiento, tendría que ser un compromiso de servicio a todos y no una ocasión para imponerse a los demás, para ganar dinero o influencia, para favorecer a los suyos y perjudicar a los contrarios.
Seguramente habrá políticos que tratan de servir a la sociedad que han de gobernar, pero no es eso lo que perciben los ciudadanos, hasta el punto de señalar a la casta política como un problema.
Nuestro sistema de listas electorales cerradas y bloqueadas, decididas por las cúpulas de los partidos, no facilita el conocimiento previo de la capacidad y honradez de los candidatos que vamos a votar. Tampoco somos capaces de un juicio crítico de la actuación del partido mismo y de las diferencias que pueda haber entre ellos. Mucha gente vota siempre al mismo partido, haga lo que haga, con una mentalidad de aficionado al futbol, “viva el Betis aunque pierda”.
Después de una larga temporada de votantes y simpatizantes de un partido, es difícil votar a otro. Más aún cuando cada votante va interiorizando el mensaje de que los contrarios son peores.
Tendríamos que examinar, sin apasionamiento, lo que ha hecho cada partido en donde gobierna o donde es oposición, sin dejarnos engatusar por lo que dicen en su propaganda. Ver si han facilitado el control de sus actos o lo han impedido, si han respetado nuestra libertad, nuestros valores, nuestros derechos.
En esto de nuestros derechos y libertades, hay que ser sumamente exigentes, ya que nos son inherentes y no los tenemos por concesión graciosa de ningún gobernante. Pero si es radicalmente falso que nos puedan “ampliar o conceder nuevos derechos”, es bastante fácil que traten de imponernos sus particulares visiones del mundo y sus valores y reduzcan a la nada nuestros derechos.
Sustituir un gobierno sin violencia, a través de elecciones libres es deseable, pero tenemos unos intermediarios –los partidos─ a los que hay que juzgar atentamente.
Francisco Rodríguez Barragán
http://elguadalope.es/2011/02/10/cambiar-un-gobierno-por-otro/
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=51779&idNodo=-5
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/13699/2011-02-11.html
http://www.conoze.com/doc.php?doc=9160
Publicado en Diario Siglo XXI el 16-02-11

TRES CONMEMORACIONES

TRES CONMEMORACIONES
Una de las últimas obras de Américo Castro lleva por título Español, Palabra extranjera y en ella nos dice que no hemos sido nosotros mismos los que nos hemos dado el nombre gentilicio de españoles, sino que fueron las gentes de las tierras de Francia que peregrinaban a Santiago las que, ante la diversidad de nombres que se daban a sí mismos los habitantes del norte de la península, los englobaron a todos con la palabra provenzal spanhol, próxima al hispaniolus del latín medieval.
Podemos comprobar que los gentilicios derivados de palabras como Coruña o Montaña, por ejemplo, se dicen “coruñeses o montañeses” y nunca “coruñoles o montañoles”. Sea como fuere, lo cierto es que la palabra español nos identifica a todos frente a los nacionales de los demás países y es fácil constatar que, si en cualquier punto del planeta, un español se encuentra con otro, aunque no se conocieran previamente, se establece una relación afectiva que muestra que llevamos impresa una relación de pertenencia indudable.
El sentimiento de formar parte de esta nación que llamamos España, no impide, en modo alguno, que nos sintamos parte de otras realidades más reducidas, como nuestro pueblo o ciudad de nacimiento, o más amplias como Europa, o los países que comparten nuestra lengua y una parte de nuestra historia.
Cada generación cuenta a la siguiente los acontecimientos pasados: glorias, victorias, fracasos y derrotas, que nos han ido configurando. Es la tarea formativa de los historiadores transmitir la verdad, y solo la verdad, de los hechos en todas sus dimensiones y hacerlo con las categorías vigentes en el tiempo en que ocurrieron y no con las actuales. Hay que contemplar el pasado para compartirlo y disfrutarlo, lo mismo que disfrutamos con las viejas fotos de familia.
Celebrar centenarios de hechos que tuvieron especial relevancia, es la mejor forma de asumirlos como formando parte de nuestro propio pasado y, como todas las celebraciones, hay que prepararlas con tiempo.
El próximo año 2012 hará 800 años de la batalla de las Navas de Tolosa, 600 del Compromiso de Caspe y 200 de la Constitución de Cádiz. Tres hechos que forman parte de nuestro pasado colectivo de españoles y que el paso de los siglos nos tiene que llevar a verlos con serenidad. Es tarea de los buenos historiadores estudiarlos con atención, valorarlos correctamente y ofrecerlos a todos para acrecentar nuestro caudal de conocimientos.
La batalla de las Navas de Tolosa fue el gran triunfo de los diversos reinos de España contra el imperio almohade, musulmanes fanáticos que destruyeron a los almorávides, ocuparon Marruecos y pasaron a España. Esta batalla marcó el inicio de su decadencia y el creciente poder de la España cristiana.
El Compromiso de Caspe es importante porque resolvió, sin recurrir a la violencia, el complicado problema sucesorio planteado a la muerte, sin descendencia, del rey de Aragón Martin I el Humano. El sistema de compromisarios para resolverlo, propuesto por Cataluña y aceptado por Aragón y Valencia, llevó al trono de Aragón al pretendiente Fernando I el de Antequera, de la casa de Trastámara, pero también nieto de Pedro IV de Aragón.
La Constitución de Cádiz redactada por representantes de España y América, en un momento en que éramos invadidos por los franceses y Napoleón sustituía por su hermano José al inepto Carlos IV, fue una auténtica hazaña de la que podemos sentirnos orgullosos y celebrarla dos siglos después.
Aunque los lugares en que se produjeron estos hechos se apresten a organizar estas celebraciones, no pueden quedar reducidas al ámbito local ya que nos afectan a todos en nuestro sentido de pertenencia a España.
Francisco Rodríguez Barragán
http://elguadalope.es/2011/02/16/tres-conmemoraciones/
http://www.conoze.com/doc.php?doc=9176
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=51889&idNodo=-5
Publicado en Diario Siglo XXI el 23-02-11 y en Bitácora de Rebelión Digital

RECONCILIARNOS CON NUESTRO PASADO

Oí o leí hace mucho tiempo una frase que decía algo así como que las guerras nunca terminan para los que intervinieron en ellas. Conviví muchos años con gente de la generación anterior a la mía, que habían participado o sufrido las guerras de África y la guerra civil y no recuerdo que para ellos siguieran vigentes tales guerras.
La de África estaba olvidada, aunque alguno de mis antepasados perdiera la vida en Alcazarquivir y de la guerra civil se hablaba como de algo terminado que era preferible ir olvidando. Escuché hablar a gente que había participado en la contienda en uno u otro bando, no tanto por motivos ideológicos como por circunstancias geográficas. Cuando estalló la guerra vivían en lugares en los que triunfaron los que se alzaron o los que no lo hicieron, lo que determinó para una generación ser movilizados y enfrentados en una contienda que duró tres años.
Cuando uno llega a viejo pierde memoria, pero recuerda con nitidez los años de niño, en los que había escasez, racionamiento y restricciones eléctricas y un mercado negro de alimentos al que se le decía estraperlo. Era difícil subsistir, sin duda. Pero no recuerdo haber oído hablar, ni en mi casa, ni en las de mis tíos o mis abuelas, con añoranza de la república ni del rey Alfonso XIII. La ropa de unos pasaban a otros y los trajes raídos se les daba la vuelta.
Por supuesto que todos sabían que se habían cometido desmanes desde que se proclamó la República, de la que no se tenía buen recuerdo. Para ponderar alguna situación como caótica se decía que “esto es una república”.
Familiares que habían sido represaliados por los vencedores fueron poco a poco insertándose en una vida normal, especialmente los que “sabían hacer algo”. Como decía mi padre: “Si eres un buen ebanista, eso no te lo puede quitar nadie”.
Después del despegue de los años sesenta, en los que comenzaron a venir turistas y a movernos en vespa o en seiscientos, los mayores creo que ya se habían olvidado de la guerra y los jóvenes buscábamos trabajo y pluriempleos para poder casarnos.
En los años de la llamada transición volvieron a sonar voces del pasado, pero pienso que la mayor parte de la gente hicimos poco caso pues lo que deseábamos era que hubiera tranquilidad y trabajo y aunque ambas cosas se fastidiaron bastante con el terrorismo y las huelgas, no nos lanzamos a la calle para degollarnos unos a otros.
Lo que ha resultado insólito en estos últimos años ha sido al deliberado propósito de continuar aquella maldita guerra en nombre de nuestros abuelos, los del bando que perdió, contra los del bando que ganó.
Ni mis padres ni mis abuelos me dejaron el encargo de continuar ninguna lucha, razón por la que me niego a secundar estas peligrosas iniciativas que tienen más de venganza que de “memoria” y mucho menos de “histórica”.
Dejemos que nuestro pasado sea investigado por historiadores profesionales que con honestidad traten de buscar la verdad de nuestro pasado, pero repudiemos a los que tratan de utilizar la historia como arma arrojadiza, para justificar políticas averiadas y tratar de demonizar a media España.
Francisco Rodríguez Barragán
http://elguadalope.es/2011/02/24/reconciliarnos-con-nuestro-pasado/
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=51968&idNodo=-5
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/13913/2011-02-24.html