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lunes, 5 de marzo de 2012

Ser mayores de edad no es lo mismo que ser adultos.



Llegar a la mayoría de edad significó siempre pasar a ser considerado adulto, persona capaz de asumir obligaciones y compromisos, sin necesidad del concurso de los padres.  El artículo 12 de la Constitución la fijó en dieciocho años en lugar de los veintiuno anteriores.

A pesar de ello, tengo la impresión de que no se ha producido realmente un adelanto en la madurez de las personas, sino que se ha alargado bastante la etapa de la adolescencia. Personas que pueden rondar los treinta años siguen viviendo a costa de sus padres, sin ninguna obligación ni cortapisa, situación que viene produciéndose desde hace bastantes años.

No se llega a adulto porque lo diga la constitución, ni consiste en poder votar, salir de botellón o irse de juerga. Se llega a adulto cuando uno pasa de la alegría de recibir a la alegría de dar, cuando uno es capaz de trabajar, ser útil, ganar dinero para compartirlo, cuando uno es capaz de asumir compromisos definitivos.

El Instituto Nacional de Estadística nos muestra el dato del enorme descenso de la nupcialidad en España: 3,8 matrimonios por cada mil habitantes. Estamos por debajo de los 4,5 de la media europea. Además el matrimonio se contrae con más de treinta años. En estos datos no deben estar incluidas las parejas de hecho, uniones de personas mucho más jóvenes, que “viven juntos”, en una situación que va siendo cada vez más generalizada.

Vivir emparejados, “sin papeles”, es una muestra clara del miedo a comprometerse. Más de un tercio de los hijos nacidos en España no son matrimoniales, es decir no nacieron de una unión estable y responsable. En estos casos imagino que son los varones los que huyen de responsabilidades, lo que indica su falta de responsabilidad, tengan la edad que tengan.

Si los que contraen matrimonio legal son mayores de treinta años, sería de esperar que tales enlaces resultaran estables, pero lo cierto es que cada vez son más frágiles. El divorcio, para el que se dan toda clase de facilidades legales, divorcio exprés, va en aumento. De cada tres matrimonios se rompían dos hace unos años, hoy serán más. Este dato me lleva a pensar que no existe la madurez que podía esperarse de personas adultas, que hubieran proyectado reflexivamente formar una familia.

Además del descenso de la nupcialidad, tenemos el descenso “suicida” de la natalidad, que al no alcanzar siquiera la tasa de reposición, nos aboca al envejecimiento de la población que hará insostenible el estado de bienestar. En este descenso de la natalidad tiene una fuerte incidencia el aborto, que alcanza cifras anuales muy superiores a cien mil eliminaciones de niños en gestación.

El aborto es la manifestación más sangrante de la falta de madurez de los progenitores de estas criaturas que rechazan las obligaciones derivadas de su comportamiento sexual, siendo las mujeres las que llevan la peor parte pues son ellas las que sufrirán el aborto y los traumas posteriores, mientras que los varones que los engendraron, como si se tratara de un juego de muchachos, se desentienden de cualquier problema para seguir su particular “disfrute de la vida” que consiste en gozar del sexo sin responsabilidad.

Ser una persona adulta, por tanto, no es solo cuestión de edad, sino que  implica asumir la propia vida, compartirla con otra persona a la que se ama y se respeta y aceptar responsabilidades y obligaciones.

Francisco Rodríguez Barragán













martes, 13 de julio de 2010

TESTIMONIO DE UNA MAESTRA QUE SE JUBILA

En estos tiempos en los que tanto se habla de fracaso escolar, violencia en las aulas, desánimo del profesorado y otras cosas por el estilo, fue una bocanada de aire fresco escuchar lo que dijo mi hermana María Elena, como acción de gracias, en la cena de despedida que le ofrecieron con motivo de su jubilación como maestra hace unos días. Copio a continuación sus palabras:

“Doy gracias a Dios por las Hijas de la Caridad, que me educaron, despertaron en mí lo vocación a ser maestra y me dieron mi primer trabajo. Gracias también a las Hijas de Cristo Rey por permitirme trabajar en este colegio durante más de 30 años, haciendo de él mi segunda casa. Gracias a todos los compañeros con los que he compartido clases, claustros y reuniones. Gracias a mi familia por entender mi dedicación y entrega a este trabajo. Gracias a Dios por ayudarme cada día a ser maestra.

Fui maestra desde el instante en que surgió una pregunta en la boca de un niño y he aprendido que la mejor maestra no es la que más sabe, sino la que mejor enseña.

Algunas de las personas que practicaron esta profesión han ganado el reconocimiento de la humanidad, mas yo represento a aquellos cuyos nombres y rostros se han olvidado hace mucho tiempo, pero cuyas lecciones y carácter se recordarán siempre en los logros de sus alumnos.

He visto a mis alumnos crecer, pasar a secundaria, llegar a la Universidad y convertir en adultos trabajadores. Me he alegrado al saber de sus bodas, del nacimiento de sus hijos y de poder ser también su profesora. También me he entristecido con sus problemas y fracasos y he sufrido con aquellos que enfermaron.

Dejando a un lado los mapas, planos, fórmulas, verbos, historias y libros, no he tenido en realidad nada que enseñar porque mis estudiantes han aprendido por sí mismos y yo he aprendido de cada uno de ellos.

Mis más grandes regalos son los que he recibido de mis alumnos. La riqueza material no es una de mis metas, pero he sido una buscadora de tesoros a tiempo completo, buscando los talentos que a veces yacían enterrados en cada uno de ellos.

Me considero muy afortunada por mi trabajo porque a un médico se le permite traer una vida en un momento mágico, un arquitecto sabe que si construye con cuidado, su estructura puede permanecer siglos, una maestra sabe que si construye con amor y verdad, lo que construya durará para siempre.

He tenido grandes aliados: la inteligencia, la curiosidad, la individualidad, la creatividad, la fe, el amor, la risa y, sobre todo, el apoyo de los padres que me concedieron el gran honor de confiarme sus hijos. A todos ellos les quiero dar las gracias.

No sé cuantos recordarán mi nombre, pero yo llevo a todos y cada uno de ellos en mi corazón. He intentado ser una buena maestra y doy gracias a Dios por todo lo que se me ha regalado, junto a la vocación de maestra, a lo largo de todos estos años.”

Mientras que los asistentes aplaudían, he pensado que en la medida en que sigan existiendo maestros como mi hermana la educación no puede ser un fracaso. Amar a los alumnos con toda el alma es más eficaz para construir personas, que los efímeros planes de estudios, los ordenadores de regalo o las novedosas y problemáticas asignaturas.

Francisco Rodríguez Barragán

http://elguadalope.es/2010/05/25/testimonio-de-una-maestra-que-se-jubila/
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=47931&idNodo=-5
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/56290
http://www.camineo.info/news/207/ARTICLE/9034/2010-05-27.html
Publicado también en Rebelión Digital Bitácora FRB
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viernes, 26 de febrero de 2010

ORDENADORES DE REGALO

Es difícil que asistan más de una docena de padres a cualquier reunión del colegio de sus hijos, pero el otro día el salón de actos estaba a rebosar pues se iba a entregar un ordenador a cada alumno. Algunos padres preguntaron si tendrían que devolverlo a final de curso y la respuesta fue que eran para ellos, un regalo que había prometido la Junta.

Cada alumno con su aparatito y todos los problemas resueltos. La calidad de la enseñanza se resolverá como por ensalmo, el fracaso escolar será desterrado, los profesores y los alumnos van a sintonizar sin ningún roce y la disciplina será innecesaria. Seguramente los que echábamos en falta una educación en valores tales como el respeto, el esfuerzo continuado, el interés por aprender o la retención en la memoria lo aprendido, estábamos en un craso error ya que la implantación de un ordenador por alumno va a resolverlo todo, sin esfuerzo, naturalmente. Para qué hincar los codos y memorizar nada si el sapientísimo Google nos va facilitar todo lo que deseemos en un tiempo record. Tampoco será necesario comprender ni discernir nada por cuenta del alumno: el rincón del vago y otras páginas por el estilo evitarán cualquier peligroso esfuerzo mental que pueda estropear la vida placentera de los jóvenes.

No obstante tantas maravillosas ventajas de los ordenadores, pensamos que el regalo de estos aparatos habrá que continuarlo a favor de los nuevos alumnos que se incorporen cada año, con lo que cada vez será más caro mantener el tinglado que se dice educativo, aunque naturalmente no serán solo los alumnos los beneficiarios de este negocio.

Haber dotado a cada aula escolar del correspondiente equipo de ordenadores quizás hubiera sido una inversión puntual y adecuada. Ahora cada centro tendrá que hacer además la instalación necesaria para que funcione el invento, lo que también tendrá un coste económico, imagino.

Aparte ironías, ¿cree alguien que los problemas de la educación estaban en la falta de ordenadores? Puestos a buscar algo positivo, pienso que a lo mejor algunos profesores enseñan a utilizar las herramientas de Internet a sus alumnos, evitando que solo sea un juguete divertido para perder el tiempo.

Desde el ángulo político es muy grave que las personas, mayores y jóvenes, vayan interiorizando que los gobiernos son una especie de reyes magos que regalan cosas. Una vez más hay que insistir en que nada es gratis, ni la educación, ni la sanidad, ni la asistencia social, que todo eso –incluidos los ordenadores- lo pagan los ciudadanos a través de los impuestos directos e indirectos. Que todos los gastos no salen de los bolsillos de los gobernantes, los políticos, los sindicatos o los partidos y que ahora, cada vez más endeudados, estamos hipotecando el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos.

Hay que pedirle a los gobernantes que, por favor, no hagan tantos regalos a los ciudadanos para conseguir sus votos, sino que administren con limpieza y honestidad el dinero que nos sacan de la cartera a los que trabajamos, ¡esa cada vez más exigua clase media!, pues no creo que sean los grandes financieros los que nutren las arcas del Estado (quizás al contario).

Quedo a la espera de que ofrezcan a su tiempo, sin trampa ni cartón, los resultados de la introducción masiva de ordenadores en los colegios, respecto al nivel de valores, preparación, disciplina y rendimiento de los alumnos.

Francisco Rodríguez Barragán



Publicado en Rebelión Digital, Bitácora FRB, el 12-02-10
Publicado el 13-02-10 en Panorama Católico
http://panoramacatolico.info/articulo/ordenadores-de-regalo
Publicado en Análisis Digital el 14-02-10
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=45881&idNodo=-5
http://elguadalope.es/2010/02/15/ordenadores-de-regalo/
Publicado en Diario Siglo XXI el 25-02-10
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/52727

sábado, 6 de febrero de 2010

ADOLESCENTES

La página de Internet de El Magisterio español publica una extensa información acerca de lo que anunció hace unos meses la Ministra de Sanidad que el Gobierno, de acuerdo con la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, proyecta implantar de forma obligatoria, la educación sexual en todo el ámbito escolar, desde los 11 años y por personal ajeno a los centros. El Secretario General de dicho Ministerio afirmó además que esta asignatura tendría por objeto “derribar tabúes”.

La Asociación de Bioética de Madrid ha cuestionado la conveniencia de este tipo de educación ya que estas intervenciones, basadas en programas de promoción de preservativos y anticonceptivos, sigue siendo un tema de controversia social y que la base ética para implantarlos a edades tan tempranas como los 11 años, no parece estar aclarada y su efecto puede ser perjudicial alterando el desarrollo emocional de los menores y no debería hacerse de espaldas a los padres, ya que entra en colisión con el derecho que éstos tienen a orientar la educación de sus hijos, como reconoce la Constitución. También afectaría negativamente al ideario de los centros concertados al encargar la asignatura a personal distinto del docente del propio centro.

Esta Asociación de Bioética recomienda la realización de campañas para concienciar a los padres que no se implican en esta tarea educativa y desde el punto de vista de la medicina preventiva enfocarla sobre grupos de riesgo. Añade que sería deseable que la Educación sexual se ofertara en el ámbito educativo desde la neutralidad y no desde el enfrentamiento entre dos formas de vivir la sexualidad: educación para compromisos estables o para la independencia sexual.

Uno de los objetivos de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en la educación, pretende promocionar la igualdad entre los sexos desde la perspectiva de género, visión según la cual ser hombre o mujer es tan solo una construcción social sin base en la naturaleza.

Aparte de este informe de El Magisterio, leemos en los medios de comunicación que estas ideas ya están produciendo actuaciones, tan escasamente educativas como en Extremadura, en la que se promueve la masturbación infantil con un lema tan sugerentes como “El placer al alcance de la mano” o la condenable intervención de un profesor de un Instituto de Córdoba que dice a sus alumnos que “la naturaleza nos ha dotado de sexo para disfrutarlo con otro niño, con otra niña o con un animal”.

La fuente inspiradora de esta educación sexual, tan contraria al sentir de gran parte de nuestra sociedad, nace en diversos organismos de la ONU dominados por auténticos grupos de presión, como nos viene informando el Instituto de la Familia Católica y Derechos Humanos, única asociación pro-vida presente allí, cuyo último comunicado dice que la Federación Internacional de Planificación de la Familia, (IPPF en inglés), promotora de la anticoncepción, el aborto y la reducción de la población, ha elaborado un nuevo informe en el que solicita que los gobiernos, las instituciones religiosas y la sociedad en su conjunto brinden “educación sexual exhaustiva” a los niños de tan sólo diez años. En el prólogo de este documento se afirma que la “gente joven tiene derecho a recibir información completa sobre la sexualidad y a tener acceso a anticonceptivos y otros servicios. Estos derechos están consagrados en una serie de tratados y derechos humanos internacionalmente acordados, pero lamentablemente, aún no son respetados en todo el mundo”.

Estos derechos forman parte de la “extensión de derechos” inventados por estas influyentes minorías, que van logrando implantar en muchas naciones, como por ejemplo, la nuestra. Según la citada IPPF los jóvenes son seres sexuales y debería ser evidente que la educación sexual promueve su bienestar individual y que una educación sexual exhaustiva debe ser obligatoria en las escuelas y que con los jóvenes como compañeros, los actuales dirigentes adultos tienen la oportunidad de redefinir el sexo y la sexualidad, “como fuente de placer, encarnación de los derechos humanos y expresión del ser” (sic)

Se refiere además este informe a la religión y a los grupos religiosos como una de las principales barreras que impiden el acceso de los adolescentes a la educación sexual y niegan los aspectos placenteros y positivos del sexo, y sus líneas de actuación generalmente se centran en la abstinencia previa al matrimonio, por lo que pide que las instituciones religiosas, como la Iglesia Católica y las escuelas islámicas, deben reformar sus enseñanzas.

También enfatiza el informe que debe garantizarse a los jóvenes el acceso “ilimitado” a la educación y servicios sexuales “sin restricciones administrativas ni obstáculos” tales como el requisito de contar con el permiso de los padres o cónyuges para el suministro de anticonceptivos.

Esta es la “hoja de ruta” a la que vienen ateniéndose dócilmente nuestros gobernantes.

Francisco Rodríguez Barragán

miércoles, 28 de octubre de 2009

La Tribu

Con la excepción de los responsables de todas las administraciones que padecemos, que creen que lo están haciendo estupendamente, la mayor parte de los ciudadanos estamos convencidos de que la educación en España deja mucho que desear. El fracaso escolar no puede ocultarse, en la evaluación de nuestros centros no abunda la excelencia, cada vez ocupamos puestos más bajos en el ámbito europeo.

No parece que estén dando resultado medidas tan progresistas como bajar el listón de exigencias, pasar de curso sin aprobar todas las asignaturas, ofrecer compensaciones económicas a quienes agotan el tiempo de educación obligatoria sin aprovechamiento o querer reducir el número de suspensos con incrementos salariales a los profesores, no por enseñar más, sino por suspender menos.

Los profesores han sido despojados de su autoridad, pasan la mayor parte de su tiempo en las aulas tratando de imponer al menos silencio, temen a los padres de los alumnos a los que hay que castigar, porque en lugar de colaborar para su corrección lo que hacen es amenazarles e incluso agredirles. No es extraño que muchos suspiren por jubilarse, hartos de aguantar a los niños y a sus padres.

Dice José Antonio Marina que para educar a un niño se necesita toda la tribu. De acuerdo, pero pienso que la tribu en la que cada cual tenía asignado un papel, que todos reconocían, en la que todos transmitían a los que iban naciendo el rico caudal acumulado de experiencias, saberes, habilidades y valores, ya no existe. Ahora lo que hay una masa amorfa de individuos cuyo papel más definido es el de consumidores de todo lo que le ofrece la publicidad. El trabajo, para la mayoría, no es sino el medio para poder consumir, no un medio la realización personal, sino de rendimiento económico, a lo que se dedican todas las energías. No hay historia, ni saberes, ni valores por los que luchar ni transmitir.

Todos nos sentimos con muchos derechos y pocas obligaciones. Convencidos de que el llamado estado del bienestar tiene que resolver todos nuestros problemas, esperamos que garantice nuestro puesto de trabajo, nuestro salario, la educación de nuestros hijos, la asistencia sanitaria, la pensión de jubilación o el cuidado de nuestros mayores y nuestros enfermos.

Como esperamos tanto del Estado, hemos ido dejando en manos de nuestros políticos nuestras propias vidas. Pero a ellos lo que más les interesa es disfrutar del poder y sus privilegios y se han aplicado con entusiasmo a irnos sometiendo a través de una táctica indolora. Nos han convencido de que somos libres para disfrutar sin límite ni responsabilidad. Nos aseguran que ellos se ocupan de todo, de que no es necesario pensar por nuestra cuenta, sólo adherirnos a las ideas que nos imponen con el pomposo nombre de Educación para la ciudadanía o a las que ofrecen cada día, desde todos los medios de comunicación, los forjadores de opinión.

¿Dónde está la tribu en la que los padres ejerzan de padres? ¿Dónde está la tribu en la que los maestros sean respetados? ¿Dónde esta la tribu en la que cada uno se sienta reconocido en su propio papel? ¿Dónde están los jóvenes deseosos de aprender a ser personas? ¿Cuándo los jóvenes llegan a adultos y se integran en la tribu?

He leído en algún lado: “piensa, es gratis”. Efectivamente, la mejor de nuestras facultades es la de utilizar nuestra cabeza para pensar, para razonar, para interrogarnos sobre nosotros mismos, para aprender de la sabiduría acumulada a lo largo de, al menos, veinticinco siglos de pensamiento. Aprender a pensar es aprender a ser. Esto es lo que tendría que impulsar la educación pero que, a mi parecer, no se hace, no se quiere hacer. La gente que piensa siempre es peligrosa para los que mandan, pues pueden empezar por cuestionar el fundamento mismo de su autoridad. Por eso ellos prefieren que los jóvenes beban, se diviertan, gocen del sexo irresponsable y ¡claro! los voten agradecidos por tantos “beneficios”.

Francisco Rodríguez Barragán