martes, 2 de agosto de 2011

DATOS PARA MEDITAR

Llegan cada día hasta nosotros una multitud de datos, estadísticas, sucesos y noticias que apenas consiguen afectar nuestra sensibilidad, salvo que vayan acompañados de imágenes impactantes, aunque el impacto tampoco dure demasiado ni nos haga reflexionar.
Pero el informe que ha publicado el Instituto de Política Familiar sobre la evolución de la familia en España contiene datos preocupantes que no podemos ignorar.
El ascenso imparable del divorcio, que en 2055 afectó a 149.255 matrimonios, lo que representa el 71% de la cifra de bodas celebradas en el mismo año y que en el primer semestre del 2006 ha llegado ya a 85.633 rupturas, superando en un 21.1% al mismo semestre del año pasado. Es decir 408 separaciones diarias, una separación cada tres minutos y medio.
El también imparable ascenso del aborto con 85.000 niños eliminados en 2004, cantidad que habrá sido superada en 2005, y que coloca al aborto como la tasa de mortalidad más elevada, muy por encima de todas las demás. Fueron en 2004 nada menos que 239 niños los que murieron cada día del año, laborable o festivo, a manos de profesionales abortistas. Hoy quizás serán ya 250 cada jornada
¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo es posible que nos quedemos impasibles ante esto?
La ley del divorcio de 1981 se nos vendió como una salida civilizada para las parejas cuya convivencia era imposible y se le dotó de determinados filtros en forma de separación previa, plazos y trámites que pudieran hacer posible la reflexión de los cónyuges antes de una ruptura definitiva. La ley no sirvió tanto para solucionar problemas como para alentar las rupturas y en lugar de buscar remedio a estas situaciones el gobierno actual se sacó de la manga la ley del divorcio exprés para incentivarlo aún más. El divorcio pasó de ser una situación excepcional a generalizarse y todos los medios se lanzaron a meternos en la cabeza que todas las situaciones de rupturas, de cambio de pareja, había que verlas como normales y aceptarlas sin más. Algo habrá influido, pienso yo, esta situación en los hijos pues a la vista están los problemas educativos, la violencia en las aulas, el acoso escolar practicado desde la infancia y tantos otros. La violencia doméstica o de género ¿no tendrá bastante que ver con todo esto?
La ley de despenalización del aborto también se nos vendió como algo progresista: la mujer que se “veía obligada a abortar” ya tenía bastante trauma para que además se le aplicara el código penal considerándolo delito. Se establecieron unos plazos y unos casos tasados, para despenalizar el hecho del aborto que pronto fueron rebasados, con interpretaciones cada vez más lasas, mientras que por otro lado se defendió el aborto como “un derecho de la mujer a disponer sobre su cuerpo”, sin querer enterarse de que el cuerpo del niño ya es distinto del de la mujer.
La defensa del no nacido no contó con apoyos jurídicos suficientes. El no nacido no era persona, pues para serlo, según el código civil, era necesario que viviera después de 24 horas separado del claustro materno. Esta condición del código, redactado en el siglo XIX, tenía como finalidad resolver complicados problemas hereditarios, en unos tiempos en los que madre e hijo podían morir fácilmente con motivo del parto. Pues bien ello ha servido para negar al no nacido el más fundamental de los derechos: la vida.
La ley del aborto, como la del divorcio, ha servido no tanto para solucionar problemas como para crear otros más difíciles de resolver. Se desató una urgencia informativa incontenible respecto a la sexualidad, información, que como el reparto de preservativos a los adolescentes, resultó ser mucho más una incitación al sexo sin responsabilidad, al sexo como juego. Los astutos laboratorios farmacéuticos y los astutos políticos buscadores de votos encontraron la píldora del día después. Artilugios que no han hecho descender el número de abortos que sigue aumentando. Luego ponemos el grito en el cielo si aparece un recién nacido en un contenedor de basura pero nos quedamos indiferentes con los recipientes llenos de niños troceados en las clínicas ginecológicas que ganan mucho dinero y llaman a esto “interrupción del embarazo”
Somos una sociedad anestesiada y timorata que quiere ser “progre” pero no sabe hacia qué progresa. El camino de este progreso pienso que lleva al abismo.
Los datos que aporta el informe del Instituto de Política Familiar no nos pueden dejar indiferentes. Esto es mucho más grave que la OPA de E.On y otras mil cosas con la que nos entretienen y embaucan. Reflexionemos.

Francisco Rodríguez Barragán.

Publicado en Análisis Digital el 11 octubre 2006
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=15739&idNodo=-5

Publicado en Diario siglo XXI el 18 octubre 2006
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=17300

SOBRE EL ALMA



Leo en el Lapidario del diario Ideal de Granada que D. Eduardo Punset, divulgador científico, dice: “El alma es un conglomerado de neuronas”. De tal afirmación ¿científica? habrá que sacar la consecuencia de que cuando tal conglomerado de neuronas deje de funcionar, todo se habrá acabado, sin que exista para el hombre otra vida. Los hombres de todos los tiempos, que sepamos, han creído en otra existencia tras la muerte, ya en forma de sombra en el Hades, bien conviviendo en forma de espíritu invisible entre los suyos, reencarnándose de nuevo en otra existencia o alcanzando otra vida bienaventurada o condenada, según el juicio de Dios que los llamó a la existencia.
La ciencia ha dado a lo largo del tiempo respuestas más o menos acertadas a los enigmas que el universo entero les planteaba, se han enfrentado con cosas y movimientos que podían contarse y medirse, pero la razón última del universo creado y del hombre se le ha escapado de las manos. ¿Antes del big bang que había? ¿Por qué se produjo? El hombre dotado de una conciencia de sí, producto de la evolución sin duda, es una singularidad cuyo sentido último se nos escapa. El conglomerado de neuronas que dice Punset ¿puede dar razón de la complejidad del ser humano por sí mismo? ¿Trataremos de explicarlo todo como producto del azar y la necesidad?
Si resulta difícil, para muchos, creer en Dios porque no puede ser controlado ni manipulado en ningún laboratorio, más difícil me resulta creer que el ciego azar haya dado por resultado al hombre, al mundo o al universo. Pienso que el hombre es mucho más que conexiones neuronales y reacciones químicas, pero estas mismas conexiones y reacciones ¿son puramente casuales, se produjeron simplemente porque sí?
La ciencia, sujeta siempre al principio de falsación que explicó Popper, no puede dar razón de todo, existe algo más de lo que se puede contar y medir, algunos lo llamaron metafísica. La filosofía de la ciencia podría cumplir la función de buscar el sentido del esfuerzo humano por saber, pero hay quien entiende que si reconocemos algo por encima del hombre, éste pierde algo de su propia esencia, de su libertad. Pero el hombre no puede por sí mismo justificar ni por qué existe, ni para qué existe, ni por qué ama, goza, sufre y se muere.
La teología, distanciada mucho tiempo de la ciencia, podría quizás ofrecer una respuesta de sentido más allá de cualquier religión concreta. Sería una hermosa tarea para una teología emergente ofrecer al hombre algo más que conglomerados de neuronas, azar y evolución ciega, darle alguna razón de su existencia, un sentido para su vida y una esperanza más allá de la muerte.

Francisco Rodríguez Barragán

http://www.conoze.com/doc.php?doc=6019

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=17038&idNodo=-5

SOBRE LA VERDAD

SOBRE LA VERDAD

Si lo que decimos o pensamos concuerda exactamente con la realidad, podemos decir que estamos en la verdad. La verdad es la plena conformidad de un enunciado con la cosa. Por tanto la verdad no depende de ningún tipo de consenso, ni de la opinión de una fluctuante mayoría. Solamente podremos aceptar algo como verdad cuando comprobemos por nosotros mismos su certeza, lo cual no siempre nos será posible, por carecer de los medios necesarios para investigarla o comprenderla o porque los datos que llegan a nuestro conocimiento son parciales, inconexos o contradictorios. Cuando hayamos reconocido nuestra incompetencia para adquirir por nosotros mismos la certeza de algo, tendremos que recurrir a utilizar nuestra razón para discernir sobre la autoridad, intereses y honestidad de los que nos ofrecen sus verdades. Una medida de prudencia tanto respecto a las verdades comprobadas por nosotros mismos, nuestras verdades, como de las aceptadas de otros, verdades ajenas, es la duda, la reserva de la prueba en contrario, la falsación que decía Popper.

Pero algo bien sabido es que una mentira repetida constantemente puede llegar a ser creída como verdad y esta técnica nazi puesta en práctica por Goebbels, Ministro de Propaganda e Información del III Reich, hoy tiene unas inmensas posibilidades con los modernos medios de comunicación, que no necesitan ser de titularidad pública para estar al servicio del poder y es más, pueden convertirse ellos mismos en poder de hecho. Se puede argumentar que en la actualidad no es posible este tipo de propaganda ya que la libertad hace posible una pluralidad de mensajes, pero no todos los mensajes llegan a los ciudadanos con la misma intensidad y hay mensajeros y mensajes que se tratan de silenciar o al menos de atenuar, reduciéndoles su ámbito de audiencia.

De cualquier forma la única manera de estar en la verdad o al menos defenderse de la mentira es la comprobación de la certeza o el discernimiento de la autoridad, intereses y honestidad de los mensajeros. Pero esto exige esfuerzo, algo que no parece estar demasiado valorado en la actualidad. Así una gran mayoría de personas aceptarán como verdades cosas que quizás no lo sean, solamente por el hecho de que son proclamadas por el medio que habitualmente oye o lee. Sería una clara muestra de amor a la verdad el que mantuviéramos abierta nuestra duda sobre lo que se nos dice desde unos medios u otros. La verdad no es cuestión de consenso, ni de votos, ni siquiera de sentencias judiciales. Siempre pueden aparecer pruebas en contrario, recordemos el caso Dreyfus.

Si algo se cree como verdad sin serlo, resulta verdad en sus consecuencias y esto es grave. No se puede construir ningún orden justo desde la mentira y vemos, con pena, como se manipula la historia, se la falsea, se la utiliza como base de adoctrinamiento al servicio de intereses partidistas. Son mentiras, o al menos verdades dudosas, las que repitiéndolas desde las clases de preescolar hasta las universidades y amplificándolas a través de los medios de comunicación, tienen la consecuencia de legitimar unas opciones políticas determinadas silenciando otras por todos los medios posibles.

No me parece que sea la búsqueda de la verdad lo que se intenta al reescribir la historia de nuestro pasado reciente, para abrir viejas heridas y enfrentar a los españoles. Es loable querer saber la verdad pero sumamente peligroso manipularla con deseos de revancha.

Dice el Evangelio que la verdad nos hará libres. Es la libertad de quien no deja de razonar por su cuenta con la máxima honestidad. Si no buscamos esforzadamente la verdad, terminaremos manipulados por los intereses inconfesables de todos los mentirosos. Y si no podemos comprobar la verdad de lo que nos dicen, por favor dudemos.

Francisco Rodríguez Barragán

Publicado en Análisis Digital el 3 octubre 2006
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=15532&idNodo=-5

Publicado en Diario Siglo XXI el 4 octubre 2006
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=16939

¿QUIÉN DECIDE POR MÍ?


En uno de sus libros dice Unamuno que los más fecundos esfuerzos del espíritu humano son hijos de la pereza, de la haraganería. El hombre trabaja, dice, para evitarse trabajo, trabaja para no trabajar. Es una ocurrencia graciosa que merece la pena examinar. Efectivamente todos los inventos, desde la rueda al reactor, del ábaco al ordenador, tienen la principal cualidad de liberar al hombre de la realización de esfuerzos, pero también es cierto que el trabajo de inventar tales objetos liberadores lo han efectuado unos pocos y los disfrutan todos los demás, aunque para ello tengan que pagar un precio. Trabajamos para comprar cosas que nos eviten trabajo, ya sea una lavadora o un automóvil. Pero en esta búsqueda constante de liberarnos de esfuerzos también aceptamos ser “liberados” de lo que constituye lo más esencial de nuestra naturaleza: pensar y decidir. Lo mismo que hay máquinas que calculan por nosotros, que lavan por nosotros o cocinan por nosotros, existe una poderosa máquina que también piensa y decide por nosotros. La pereza, la haraganería, que decía Unamuno, se da especialmente en el duro trabajo de pensar la realidad, discernir y adoptar una actitud. ¿Para qué darnos el trabajo de reflexionar, de estudiar los pro y los contra de cualquier cosa si ya nos lo dan resuelto? ¿Para qué preguntarme qué debo opinar sobre algo, si sólo tengo que consultar los datos estadísticos que me ofrecen y apuntarme al porcentaje más alto de las respuestas?

Las opiniones que “debemos tener” ya han sido prefabricadas y presentadas con la envoltura de: “un estudio ha demostrado tal o cual cosa”, “la mayoría opina que...”, “ocho o nueve de cada diez personas prefiere esto o aquello”... Naturalmente si el asunto ya ha sido estudiado no hace falta que yo me dé el trabajo de examinarlo y además lo habrán hecho especialistas. Si la mayoría opina una cosa pues llevará razón y si asoma alguna duda es que debo de estar equivocado, incluso puedo invocar lo de vox populi, vox Dei y quedarme satisfecho. Pocos se cuestionan la validez ni la solvencia del estudio invocado, casi siempre efectuado para demostrar el resultado que se quería demostrar. Tampoco cuestionamos los datos estadísticos de encuestas muchas veces inducidas que reducen las posibilidades de contestación a un corto número de respuestas, dejando fuera otras. Y muy a menudo la opinión trata de imponérsenos por el hecho de que es “progresista” y si no la compartimos será porque somos unos fachas impresentables.

Esto de querer imponernos a los demás lo que debemos pensar no es que sea nuevo, sino que se ha ido perfeccionando la forma de hacerlo, más científica, más eficaz. Ya no se invoca la voluntad divina ni se amenaza con penas corporales y espirituales, sino que se habla constantemente de libertad aunque cada vez la ejercitemos menos. Somos “libres” para opinar, hacer, comprar, gustar lo que otros quieren que opinemos, compremos o gustemos. J. Suart Mill ya dijo en el siglo XIX que las facultades humanas de percepción, juicio, discernimiento, actividad mental y hasta preferencia moral, sólo se ejercitan cuando se hace una elección, pero el que hace una cosa cualquiera porque esa es la costumbre, no hace elección ninguna, no gana práctica alguna ni en discernir ni en desear lo que sea mejor y cuando una persona acepta una determinada opinión, sin que sus fundamentos aparezcan en forma concluyente a su propia razón, esta razón no puede fortalecerse, sino que probablemente se debilitará y añadió que no se ejercitan más las facultades haciendo una cosa porque otros la hacen o creyéndola por que otros la creen. Estas acertadas observaciones deberíamos tenerlas en cuenta hoy más que nunca para ejercitarnos en el duro trabajo de ser personas del que no debemos dejar que nos “liberen”.

Francisco Rodríguez Barragán

Publicado an Analisis Digital el 2 agosto 2006

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=14225&idNodo=-5

RAZÓN VERSUS RELIGIÓN

A la vista está que lo religioso es hoy objeto de un fuerte ataque para reducirlo al interior de las conciencias, y si es posible, que las conciencias lo rechacen como mercancía averiada. No es nada nuevo. Los ilustrados del siglo XVIII pretendieron sustituir la universalidad de la religión por la universalidad de la razón. Con una confianza absoluta en la razón del hombre proclamaron a la Razón como señora y maestra que iba a liberar al mundo de tiranías y que la persona humana no estaría sometida a otras leyes que las que ella se diera a sí misma. Las Iglesias como representación de lo religioso eran los enemigos a abatir y a ello se dedicaron con fruición. Nuestros “modernos ilustrados” tratan de continuar la obra de aquellos sin tener en cuenta que los sueños de la razón resultaron en buena parte desmentidos y crearon monstruos espantosos. Hijos de aquella razón fueron los totalitarismos y los socialismos, como formas racionales de organización social, cuyas trayectorias de muerte y servidumbre no pueden ser silenciados.

La razón, no obstante, se ha mostrado útil y eficaz en el conocimiento científico y en la teoría económica, pero tanto la ciencia como la economía no han dejado de estar en manos de intereses que a menudo los utilizan como formas de manipulación y dominación. La razón sujeta a intereses pierde su carácter liberador de la persona. La racionalidad no parece ser un patrimonio en manos de todo ser humano que nos lleve, como la mano oculta del liberalismo económico, a una organización social eficiente pero también justa. Pero ¿quién decide lo que es justo?

Excluido de principio el recurso a cualquier instancia trascendente se ha buscado en el consenso la fundamentación de una moral, aunque sea mínima, para organizar la convivencia. Pero entiendo que el consenso no es suficiente para obligar a todos. Los que no se han sumado al mismo nunca se sentirán concernidos. Incluso los que pueden haber aceptado una norma moral adoptada por consenso, la dejarán incumplida si va contra sus intereses y no les representa una desventaja social. Las normas morales fundadas en la decisión de cualquier parlamento necesitan un aparato penal y coercitivo para hacerlas efectivas. ¿Qué parlamento puede obligarme a amar al prójimo? ¿Qué norma puede obligarme a socorrerlo voluntariamente?

Habermas en su obra La acción comunicativa hace un meritorio esfuerzo en seguir creyendo que el diálogo puede llevar al consenso, aunque no está nada claro que el consenso lleve a la verdad ni a la justicia.

Otros defienden la razón indicando que todos los fallos que se han detectado y puesto de manifiesto, ha sido la razón misma la que los ha mostrado. Por tanto quieren seguir por el mismo camino, quizás interminable de ensayo y error. Si unas organizaciones racionales han salido mal, ensayemos otras a ver si salen mejor. Pero las victimas de tales experimentos no dejan de mostrarnos su situación y Horkeimer hablará del anhelo de que el verdugo no triunfe sobre la victima inocente, el anhelo de que este mundo horrible en el que millones de personas mueren de hambre o a manos de otros no sea lo último. Anhelo que comparto pero que no encaja con una razón que se ha cerrado a sí misma el camino de la trascendencia.

Perseguir el arrinconamiento de lo religioso no es nada “moderno”. Hasta el momento no se ha logrado traducir a un lenguaje profano y laico los contenidos esenciales de lo religioso, por lo que habrá de volver a ellos una y otra vez, depurándolos de toda manipulación, si queremos construir un mundo más humano. No hay que oponer la razón a la religión sino preguntarnos humildemente qué puede aportar religión a la razón para conseguir un mundo vivible, en el que el anhelo de justicia y de lo absolutamente Otro sean posibles.

Francisco Rodríguez Barragán Publicado en Diario Siglo XXI el 19 julio 2006
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=15226
Publicado Análisis Digital el 20 julio 2006
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?IDNodo=-7&IdAccion=2&Id=13845


REFORMAS POLÍTICAS



La reforma de los Estatutos de autonomía a la que se han lanzado con entusiasmo digno de mejor causa los partidos políticos, cuando los ciudadanos no echábamos en falta tales reformas, pone de manifiesto que lo que realmente se busca no es el bien común sino el disfrute del poder, cuanto más grande mejor, y si es posible sin alternancia. Si para satisfacer estos deseos se descoyunta el Estado y la solidaridad nacional queda sin contenido, no es cosa que por el momento les preocupe. ¡Ya cambiaremos el régimen, ya lo estamos cambiando! Cada región se considera más histórica que las demás aunque haya de recurrir a nebulosas leyendas celtas como la de Breogan, la batalla de Padura, los agravios infligidos a Cataluña por Felipe V, el califato de Córdoba o las hazañas de Viriato. Trasnochados nacionalismos que tratan de vestir con extraños disfraces el ansia infinita de poder de los partidos o más exactamente de sus cúpulas dirigentes.

España necesita reformas, sin duda alguna, pues de no hacerlas, nuestra democracia será, otra vez, un bello sueño que se desvanece en la zaragata de impresentables provincianismos. Estamos asistiendo a un movimiento centrífugo en el que nuestro viejo país puede resultar balcanizado.

Una reforma necesaria es la de nuestro sistema electoral. No existe relación alguna entre electores y elegidos. No conocemos siquiera los nombres de los diputados que representan a nuestra provincia. Hagan la prueba y lo comprobarán. Nuestra democracia representativa no es más que una votación cada cuatro años para elegir a unos partidos y no a unas personas y estos partidos administran luego sus resultados a espaldas de los electores mediante pactos y componendas que no fueron anunciadas de antemano.

Votamos a partidos, digo, y no a personas ya que las listas son cerradas y bloqueadas y los muñidores de estas listas son los que forman la cúpula de cada partido y éstos exigen ante todo ciega obediencia. Si levantas la voz te puedes quedar fuera de la próxima lista. Por lo visto es duro dejar un cargo político, especialmente si esa persona no tiene una profesión en la que poder ganarse la vida. La aprobación de una especie de indemnización cuando termina una legislatura, votada favorablemente hace unos días por todos los partidos, es una auténtica vergüenza, al menos en mi opinión.

Hasta ahora sabemos cuantos electores votaron a cada partido, sería necesario saber el número de los que eligieron a cada candidato, su peso político real como representante, lo que exige un procedimiento distinto de votación. Establecer una relación de confianza entre electores y elegidos mediante un conocimiento lo más amplio posible de los candidatos es también una tarea pendiente. Que no se nos diga que cualquiera puede enterarse. Sus biografías muchas veces son unas cuantas líneas hinchadas. El representante al que votemos debe ser alguien cercano, conocido, a quien se pueda abordar y preguntar. Alguien a quien se pueda pedir cuentas de lo que hizo con nuestro voto. A la elección siguiente puede que ya no esté en la lista o que esté y no podamos tacharlo aunque nos gustaría hacerlo. No es posible. Unos poderosos inapelables confeccionan las listas y el lugar de cada uno para salir o para completar. El elector volverá a picar el anzuelo de su simpatía partidista o decidirá quedarse en casa y dejar de votar. El sistema tenderá a perpetuarse y los políticos defenderán su poder con todos los medios de que puedan disponer.

Esta reforma electoral no es fácil que la asuman los partidos, mermaría su poder. Sólo las Cortes franquistas fueron capaces de votar una ley de reforma política que los dejaba fuera de juego. No obstante hay que ir creando conciencia de la necesidad de una reforma electoral que sanee nuestra democracia. Ha nacido una Coordinadora Estatal para la Reforma de la Ley Electoral en España (www.cerle.org ) que está elaborando atrevidas propuestas que merece la pena conocer. Pienso que esta Coordinadora está abierta a todas las sugerencias que personas preocupadas por el problema quieran hacerle.

Es inútil que nos pasemos la vida quejándonos de las cosas que nos disgustan en lugar de aportar nuestro pequeño grano de arena para cambiarlas. Hagámoslo.

Francisco Rodríguez Barragán

Publicado en Diario Siglo XXI el 2 agosto 2006
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=15480

Publicado en Análisis Digital el 3 agosto 2006
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?IDNodo=-7&IdAccion=2&Id=14247

LOS VALORES HUMANOS EN EL ANTIGUO EGIPTO


Egipto, con sus pirámides, sus templos, sus momias y sus jeroglíficos, ejerce sobre nosotros una permanente fascinación. En el siglo III antes de Cristo el sacerdote e historiador Manetón escribió su Historia de Egipto que abarcaba más de cuatro milenios. Es decir, Egipto llevaba existiendo en aquel momento el doble de tiempo de lo que abarca toda la era cristiana. Conquistado por el empuje de Alejandro Magno sería una viejísima civilización que entraba a formar parte de la koiné griega bajo el dominio de los Ptolomeos en el siglo IV a de C., para pasar después a manos de Roma, a mediados del siglo I a de C., en tiempos de Cleopatra, la reina amante de Julio César y de Marco Antonio.

Dentro del interés general que despierta Egipto, un aspecto inquietante de su cultura es su complicado culto a sus dioses, la costumbre de sus clases dominantes de momificar a los muertos y la creencia en una vida más allá de la muerte para la que había que realizar un detallado ritual que se contiene en el llamado “Libro de los Muertos”, una maravillosa creación del espíritu humano que aparece en forma de jeroglíficos grabados sobre las piedras de las pirámides de las primeras dinastías, luego se conserva pintado sobre los sarcófagos y ataúdes para hacerlo escrito sobre papiro a partir de la dinastía XVIII.

Gracias a Champollion, que logró con la piedra de Rosetta la traducción de la escritura egipcia, ha podido conocerse el contenido de este Libro que contiene una extensa colección de oraciones a todos los dioses y númenes de Egipto, de difícil comprensión para los no versados en mitología egipcia, pero entre las que se encuentra una interesante confesión negativa que tiene que realizar el alma del muerto para tener acceso al mundo de los dioses, cuyo contenido es para nosotros perfectamente entendible, ya que proclama como valores morales nuestros mismos valores, demostrando que la moralidad es algo inherente a la persona y no producto de ningún consenso. Esta confesión negativa es como una letanía de cuarenta y dos invocaciones cada una de las cuales comienza con la invocación a un dios y termina con la proclamación de una conducta intachable, que seguramente tendría sus fallos, pero que al confesarla reconocía la bondad del valor moral que proclamaba.
Así la primera dice:
- Salve, el de las largas zancadas, que sales de Annu: no cometí iniquidad.
Las siguientes:
ڤ ...no robé con violencia,
ڤ ...no maltraté a los hombres
ڤ ...no hurté,
ڤ ...no maté a hombre ni a mujer,
ڤ ...no sisé en el peso,
ڤ ...no obre con dolo,
ڤ ...no fui mendaz, no pronuncié palabras perversas,
ڤ ...no fui falso,
ڤ ...no devasté los campos labrados,
ڤ ...no intervine en asuntos con engaño,
ڤ ...no me irrite jamás sin causa,
ڤ ...no mancillé la mujer de otro,
ڤ ...no pequé contra la pureza,
ڤ ...no desprecié las palabras rectas y justas,
ڤ ...no busque querella,
ڤ ...no hice llorar al hombre,
ڤ ...no perpetré actos impuros ni yací con hombres,
ڤ ...la ira no devoró mi corazón, no me conduje con violencia,
ڤ ...no juzgué con premura,
ڤ ...no hable en vano,
ڤ ...no obré con astucia ni ejecuté con maldad,
ڤ ...no ensucié el agua de los ríos,
ڤ ...mi voz no fue altanera, no me porté con insolencia,
ڤ ...no codicié distinciones,
ڤ ...no acrecí mi riqueza sino con lo que me pertenece en justicia.

Después de esta confesión general el muerto dirige un farragoso discurso a los dioses del submundo, para que le permitan ir avanzando hacia la paz definitiva, en el cual expresa en forma una veces negativa y otras positiva valores morales que seguimos compartiendo tales como:

- Di pan al hambriento, agua al sediento, vestido al desnudo y embarcación al naufrago
- Viví de justicia y de verdad y me nutrí de ellas.
- Libradme del dios Baba que se alimenta de las entrañas de los poderosos.
- Cumplí las ordenes de los hombres, así como las cosas que a los dioses satisfacen y conquisté la paz con el inmortal realizando su voluntad.

Está claro por tanto que hace más de seis mil años estaban vigentes valores morales que demuestran que el hombre los necesita para vivir. Eliminarlos de nuestra sociedad no es ningún avance sino un salto atrás. Sin valores la vida social se hace imposible, pues cada persona tratará de colmar todos sus deseos aunque tenga que hacerlo a costa de los demás. A la postre descubrirá que el hombre es un ser sin fondo, un deseo incolmable, que solamente podrá encontrar sentido a su vida trascendiendo hacia niveles superiores de existencia, niveles inalcanzables si la moralidad desaparece de su horizonte.

Francisco Rodríguez Barragán

Nota. Hay muchas ediciones del Libro de los Muertos fácilmente consultables en las bibliotecas. La edición que tengo es del año 1982 editada por Plaza & Janés .

Publicado en la revista de Ogíjares