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domingo, 28 de febrero de 2016

El amor no solo es cosa de bodas


El domingo pasado escuché en la misa la lectura del capítulo 13 de la carta de San Pablo a los Corintios. Es un texto muy conocido que se lee casi siempre en las bodas celebradas por la Iglesia y en él se detallan las cualidades del amor: el amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.
Al utilizarse con motivo de la celebración del matrimonio es posible que pensemos que se refiere  solo al amor entre los esposos, pero entiendo que el amor de que habla San Pablo tendría que ser la norma habitual de conducta de los cristianos en su vida diaria, en toda ocasión y con todo el mundo.
Sé perfectamente que no es fácil pero tenemos que intentarlo. Escuché a alguien decir que el evangelio está por estrenar, pero amar al prójimo no es una simple sugerencia piadosa sino un mandato imperativo.
Eso de ser paciente se lleva poco, no ser mal educado sino afable y amable debería ser la norma mínima de convivencia, no solo en la familia, sino en cualquier sitio. Nos quejamos cuando alguien nos trata sin educación, sin amabilidad pero quizás no contabilizamos las veces que hacemos lo mismo.
Por supuesto que no nos alegramos con las injusticias de los demás, aunque siempre tenemos alguna excusa para las propias. Todos los días nos sirven los medios la corrupción de unos y otros y seguramente la mayoría de la gente se siente muy por encima de los delincuentes, de los imputados, de los investigados y no desea tanto que se restablezca el derecho de los perjudicados como que se castigue a los culpables, al menos con la pena de telediario.
Parece que solo existen los delitos, los que tipifica y condena el código penal, por tanto los que no nos vemos amenazados por la justicia nos consideramos inocentes, buenos y dispuestos a apedrear a los culpables. Pero los delitos también son pecados, aunque nadie hable de ello ni de arrepentimiento, ni de perdón y habría que hacerlo y reconocernos todos pecadores por acción o por omisión, egoístas. soberbios, envidiosos, lujuriosos, avariciosos, en definitiva pecadores, faltos de amor al prójimo y necesitados del perdón de Dios.
No me cabe duda de que el mundo sería más habitable si cada uno amase a su prójimo como a sí mismo, si cambiase el sentimiento de odio por el amor, la comprensión, la amistad, la benevolencia. Podemos intentarlo una y otra vez.
Tenemos a la vista lo que ocurre cuando falta empatía y sobra odio. Creo que si el odio es contagioso y nos puede llevar al desastre, el amor también puede contagiarse y recuperar la convivencia.
Vale la pena releer lo que dice San Pablo sin reducirlo a las relaciones familiares sino en la amplia perspectiva de nuestra vida de relación con todos los demás. El amor no pasa  nunca.
Francisco Rodríguez Barragán





martes, 10 de noviembre de 2015

La familia en crisis. Nupcialidad y ruptura



Los españoles cada vez se casan más tarde, la edad media es de casi 37 años para los hombres y 34 para las mujeres, pero la sexualidad se ejerce sin cortapisas desde la adolescencia, lo que da como resultado el crecimiento espectacular de la natalidad extramatrimonial. Nada menos que 4 de cada 10 niños que nacen son extramatrimoniales, sin contar con más de cien mil abortos por año, de los que la mayoría probablemente son de embarazos también extramatrimoniales.
Cada vez se producen menos matrimonios en España. En diez años han descendido más del 25% y de cada tres matrimonios dos lo realizan por lo civil. La catolicidad “estadística” de los españoles es, al menos, dudosa. Decirse católico y no casarse por la Iglesia no es congruente.
Lo que aumentan son las parejas de hecho, cuyo número se ha triplicado en los últimos 13 años. Uno de cada 7 hogares es de parejas de hecho. La sociedad parece haber aceptado el establecimiento de parejas que viven juntos sin casarse, quizás para evitarse problemas si la convivencia no resulta satisfactoria o desean probar suerte con otra persona.
De cada diez parejas cuatro no tienen hijos, siendo esta situación más acentuada en las parejas de hecho. La tasa de natalidad española es de las más bajas de Europa, sin posibilidad de reposición generacional y con un envejecimiento creciente que hace insostenible el manoseado estado de bienestar.
Se producen más de 105.000 rupturas familiares cada año lo que ha representado aumento espectacular desde la “progresista” ley de divorcio exprés del gobierno de Rodríguez Zapatero. Esta ley no ha sido derogada por el gobierno del Partido Popular, con su mayoría absoluta, seguramente por falta de sensibilidad para los problemas familiares.
Las parejas de hecho que rompen su relación no necesitan del divorcio por lo que las rupturas contabilizadas deben de referirse a los que formalizaron su matrimonio. De cada 10 matrimonios que se rompen 6 tienen hijos y acuden al divorcio, sin duda,  para regular la situación de estos hijos cuya cifra es de cada 100.000 cada año, de los que 85.000 son menores.
He sacado estos datos del informe Nupcialidad y Ruptura en España 2015 que ha publicado el Instituto de Política Familiar.
Es una situación de fragilidad creciente de la institución familiar que nos está llevando a una situación insostenible. Somos una sociedad cada vez más envejecida que se suicida mientras que disfruta del placer sexual sin responsabilidad, de la contracepción hasta el aborto, que se distrae ante el televisor contemplando cualquier espectáculo, que se moviliza para reclamar más derechos del estado-providencia, que trata mejor a sus mascotas que a los hijos concebidos y satisface su buenismo con la ecología, el animalismo o los orientalismos.
Sin duda que hay quienes piensan, reflexionan y trabajan, quienes sirven a sus prójimos y dan de comer al hambriento, pero el tono general de nuestra sociedad me resulta deplorable, quizás porque soy un pesimista.
Francisco Rodríguez Barragán


martes, 29 de septiembre de 2015

El informe del Instituto de Política Familiar sobre natalidad



Reflexiono sobre este informe y veo que somos un país que envejece a gran velocidad, lo mismo que le pasa a Italia, Alemania, Grecia, Portugal y Hungría. Llevamos demasiado tiempo con una natalidad crítica. El índice de fecundidad, ─hijos nacidos por mujer en edad fértil─ que era en 1980 menor de 2,1 descendió en 1987 a menos de 1,5 y en la actualidad es de 1,3 aunque algunas comunidades autónomas apenas llegan a 1 hijos por mujer.
Si tenemos en cuenta de que es necesario un índice de 2,1 para que sea posible la reposición de la población, está claro que resulta imposible y sería aun peor si no fuera por la aportación de la población inmigrante.
Desde el 2010 la población española desciende ya que mueren más personas de las que nacen y también ha disminuido el número de extranjeros a causa de la crisis, aunque representan el 9,5% de la población, es decir 1 de cada 10 personas es inmigrante.
Desde 1981 la población mayor de 65 años se ha duplicado y la juvenil se ha reducido a la cuarta parte Hay millón y medio más de personas mayores que jóvenes y los mayores de 80 años ya son más de 2,7 millones.
Podemos entender un gran logro que la esperanza de vida vaya creciendo hasta los 78 años para los hombres y 85 para las mujeres, pero el envejecimiento de la población significa mayor gasto sanitario y mayor coste de las pensiones, frente a una población joven cada vez más reducida que hará insostenible el sistema, salvo que aumente en forma cada vez más significativa la inmigración, lo que producirá otros problemas de gran calado. Si disminuyen los españoles o los europeos y crecen los inmigrantes, toda nuestra civilización cambiará irremediablemente.
Si nos preguntamos acerca de las causas de estos fenómenos demográficos observamos que las mujeres tienen su primer hijo ─las que lo tienen─ cada vez más tarde, más de 32 años y aunque mucha gente confiese que le gustaría tener 2 o 3 hijos, la realidad es que el ambiente hedonista y consumista que nos rodea lleva a ir retrasando la procreación para “disfrutar de la vida”.
Pero disfrutar de la vida, las comodidades y la sexualidad implica una práctica generalizada de la anticoncepción, incluido el aborto. 108.000 abortos en el 2013 es una cifra que debía de hacernos reflexionar. El obispo Munilla ha dicho que una sociedad ecológica que no priorice la vida humana es una sociedad enferma.

Este invierno demográfico, este envejecimiento de la población, será una catástrofe dentro de unos años y si aumenta la población por la llegada masiva de inmigrantes todas las naciones a las que nos afecte sufriremos tremendas modificaciones en nuestra cultura y forma de vida. Lo de Eurabia no fue solo una boutade de alguna escritora sino una posibilidad real.
Mientras tanto nuestros políticos se dedican a pelearse, a recriminarse, a acusarse unos a otros de corruptos, y el país va quedándose exangüe lleno de viejos y escaso de jóvenes. Los buenos gobernantes son los que piensan en las próximas generaciones y los malos tan solo en las próximas elecciones.
Francisco Rodríguez Barragán


   

La familia en los Organismos Internacionales

La única organización presente en Naciones Unidas de carácter católico para la defensa de la Familia y Los Derechos Humanos informa que, después de tres años de negociaciones, la Asamblea General aprobó formalmente los Objetivos de Desarrollo Sostenible para los próximos quince años.

Estados Unidos interpuso una reserva a los objetivos y metas al considerar que podría haberse ido más lejos y abierto nuevos caminos en referencia a la salud sexual y reproductiva, términos que encubren solapadamente la promoción del aborto y su legalización, pues se insiste que siguen muriendo mujeres por no contar con una asistencia médica de calidad cuando abortan.
El bloque africano, de 54 países, mantuvo que no puede considerarse que la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos crean o supongan el derecho al aborto y que hay que excluir cualquier interpretación opuesta al derecho interno de cada país. La Santa Sede expresó su esperanza de que todos los países se esfuercen por proteger la vida en el seno materno.
En cuanto al asunto de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LBGT) fue aún más controvertido y muchos países se negaron a que la expresión “orientación sexual y la identidad de género” debiera tenerse en cuenta para la implementación del programa. Pero USA remarcó que el programa debería implementarse teniendo en mente los derechos de LGBT.
El Consejo de Cooperación del Golfo y el Grupo de África lamentaron la ausencia de reconocimiento alguno al papel de la familia en el desarrollo sostenible y reiteraron que la familia es producto de la unión entre un hombre y una mujer.
Al no haber podido conseguir el reconocimiento de los derechos de LGBT en la ONU, Estados Unidos, países europeos y sus aliados logaron bloquear del todo a la familia en los nuevos objetivos mundiales de desarrollo. Es la primera vez que en un acuerdo importante relacionado con la política social no se mencione la familia.
Ante la falta de avances significativos en cuanto a los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en la ONU, el gobierno de Obama, con la ayuda de los defensores LGBT, pasaron a minar los principios pro-vida y pro- familia, presentes en la Declaración de los Derechos Humanos, presionando a los países que objetan los derechos LGBT a que permanecieran callados en las negociaciones.
Aunque no han convertido el aborto, los derechos LGBT ni la educación sexual en normas de la ONU, no significa que hayan fracasado en su ofensiva ya que cuentan con medios y fundaciones pudientes para continuar imponiendo políticas familiares y natalistas perniciosas.
Ayer mismo, 8 de septiembre, la comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo, ha adoptado el informe de una eurodiputada que llama a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en todos los Estados de la Unión, sin respetar las competencias nacionales.
También llama este informe a avanzar en el reconocimiento de la procreación asistida como un derecho individual y a legalizar la práctica de vientres de alquiler, indicándose en el mismo que hay más probabilidades de protección de los derechos de LGBT si tienen acceso a instituciones jurídicas como la cohabitación, la unión de hecho o el matrimonio.
Está claro, si en el mundo, quedan defensores de la familia, en nuestra civilizada Europa y en nuestro propio país, la tarea de demolición avanza imparable.
Francisco Rodríguez Barragán


jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Qué tal la familia?


La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 determinó que la familia es el elemento fundamental de la sociedad, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea en el años 2000 estableció que se garantizaba la protección de la familia en los planos jurídico, económico y social y el artículo 39 de la Constitución Española de 1978 dice que los podres públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia.

Después de tan altisonantes declaraciones ¿cómo está la familia aquí y ahora? El Instituto de Política familiar ha publicado su Informe sobre la evolución de la Familia en España 2014.

Si la familia se compone de un matrimonio, padre y madre, y sus hijos este Informe pone de manifiesto que en España cada vez se producen menos matrimonios, lo que ha supuesto el desplome de la tasa de nupcialidad. Si en el año 2000 era 5,37 matrimonios por cada 1000 personas se ha reducido a 3,56 en el 2012 y ello gracias a los matrimonios con extranjeros que representan el 18% de los contraídos. Por Comunidades autónomas la que tiene una tasa de nupcialidad menor es Canarias con 2,82 por cada 1000 personas y la más alta Cantabria con 3,96.

Es interesante el dato de que los españoles cada vez se casan más tarde a los 37,4 años de media y que de cada cinco matrimonios tres lo hacen por lo civil.

Hay muchas parejas que no se casan ni por lo civil ni por la iglesia, son las parejas de hecho, que ya alcanzan más de millón y medio de hogares, de las que el 22,7% tienen hijos.

Las rupturas familiares en 2012 fueron 110.000. Dice el informe que se rompen 303 matrimonios cada día. Las rupturas acumuladas superan las 2,7 millones desde 1981, las cuales afectan a más de dos millones de hijos. Desconozco si las rupturas de parejas de hecho están contabilizadas en esa cifra, ya que se habla de divorcios, lo que implica que existía una unión legal previa. Las población de divorciados y separados supera el 6% de la población mayor de 16 años.

Los datos de natalidad demuestran que existe un gran déficit de niños, de hijos, pues nacen 116.000 niños menos que en 1980 a pesar del incremento de población y la inyección de la natalidad de madres extranjeras. Si en 1980 nacieron 571.018 niños, en 2012 solo nacieron 454.648, que habría que reducir a 367.703 sin la natalidad de las madres extranjeras.

El índice de fecundidad, número de hijos por mujer, es de 1,32, muy alejado del nivel de reemplazo generacional que habría de ser de 2,1 Solamente Portugal y Polonia están por debajo de España. La pirámide de población está cada vez más invertida, es decir, más viejos y menos jóvenes, lo que hace insostenible el estado del bienestar del que tanto se habla.

Otros datos inquietantes son: Cada vez se tiene los hijos más tarde 31,56 años de media y que dos de cada cinco hijos son extramatrimoniales. Más grave aún es la evolución de los abortos: 112.000 en el año 2012, lo que lo convierte en una de las principales causas de mortalidad así como del bajo índice de natalidad.

Los problemas económicos que padecemos seguramente se arreglarán pero la familia, base de la sociedad, nadie parece estar interesado en promocionarla, ni ayudarla, ni conciliar la vida laboral y familiar, ni proteger la maternidad, ni la vida del no-nacido,  nada de nada, a pesar de todas la promesas electorales.

Francisco Rodríguez Barragán






 

 

jueves, 30 de octubre de 2014

Patria potestad, natalidad, envejecimiento


El pasado mes de septiembre el Catholic Family and Human Rights Institute, única organización no gubernamental de carácter católico, presente en la ONU, informaba que la Comisión judicial de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos estudiaba la necesidad de una reforma constitucional para proteger los derechos inherentes a la patria potestad amenazados por  la intrusión de las normas que se filtran desde la ONU, que impulsan a poner al gobierno por encima de la familia, dictando normas de obligado cumplimiento opuestas a lo que los padres pretenden transmitir a sus hijos en cuestiones afectivo-sexuales, matrimonio, contracepción o aborto.

Los grandes grupos de presión a escala mundial saben que si logran inculcar sus ideas a un par de generaciones no habrá marcha atrás: la población estará en sus manos y podrá ser manipulada a su antojo, especialmente en el mundo occidental tarado de hedonismo y relativismo.

Hay un decidido propósito de eliminar a la familia como célula básica de la sociedad. Si las familias se propagaban mediante la generación, cuidaban de sus hijos dotándolos del esquema básico de valores y normas orientadoras y los acompañaban hasta ponerlos en condiciones de asumir sus propias vidas, esto les parece anticuado y fuera de lugar a los “grandes expertos” que prefieren manipular a los niños desde la guardería infantil y librarlos de la “mala influencia” de sus padres.

Parecen decididos a borrar para siempre aquello de “creced y multiplicaos, llenad la tierra” alegando el peligro de la superpoblación. Por supuesto, si esto queda borrado pues, a disfrutar de la sexualidad sin cortapisas ni responsabilidades.

Pero al mismo tiempo desde la ONU nos advierten del envejecimiento de la población y aconsejan a los gobiernos que activen planes para cuidar a los viejos. Claro que si la población está cada vez más envejecida es porque no nacen niños, gracias a la política antinatalista propiciada desde la misma ONU y puesta en práctica por sumisos gobiernos progresistas que legislan a favor del aborto, la contracepción, la sexualidad libre, etc. En los países occidentales la tasa de fecundidad, número de hijos nacidos por mujer, no cubre para reponer a los que se mueren. Para España esta tasa es del 1,2, inferior a Francia o Italia.

El Occidente somos una civilización, que abandonó sus raíces y está empeñada en suicidarse, pero antes de dejar de existir veremos llegar, ─ya están aquí─,  otros pueblos y civilizaciones que nos sustituirán.

La familia tenía también como tarea cuidar de sus mayores, lo que ha devenido cada vez más imposible y se espera que el insostenible estado del bienestar se encargue de ello, liberando a las familias de tal obligación.

Si no trae hijos al mundo ni cuida de sus mayores, no es extraño que la familia pueda estar en vías de extinción. Las generaciones futuras pueden ser fabricadas en laboratorios, como anticipó Aldous Huxley en su terrible “Mundo Feliz”.

Del Sínodo sobre la familia, convocado por el Papa, los cristianos esperamos que se proclamen alto y claro, el papel insustituible de la familia, los derechos de los padres sobre sus hijos y la necesidad de parejas estables, una sola carne, que se preparen con seriedad para cumplir su misión de ser la célula básica de la sociedad. Rezo por ello.

Francisco Rodríguez Barragán






 

 

 

 

martes, 7 de octubre de 2014

¿Hay futuro para la familia?

 

En mi anterior artículo “Un futuro que ya es presente” manifesté mi voluntad de seguir comentando las cosas que Alvin Toffler anticipó, y las que no anticipó, en su obra El “shock” del futuro, especialmente en lo relacionado con la familia.

En el apartado “la familia reducida” de su capítulo XI, habla del paso ya producido de la familia extensa, ─abuelos, tías, primos─, propia de una cultura agrícola, a la familia nuclear compuesta solo del matrimonio y los hijos, propia de una cultura industrial y ciudadana.

Pero esta familia nuclear también anticipa que cambiará y será cada vez más reducida debido a las carreras profesionales de los cónyuges y la transitoriedad de las uniones matrimoniales. Dice que la decisión de engendrar un hijo se irá posponiendo y retrasando hasta la edad del retiro, en cuyo momento las técnicas de reproducción pueden facilitarle la implantación de un embrión congelado a un vientre de alquiler.

Lo de tener hijos después de jubilarse no parece que se haya producido, pero el retraso en la primera maternidad es cada vez más acusado. Se tiene el primer hijo bien pasada la treintena que, a menudo, será el único. La tasa de natalidad en el mundo occidental es bastante baja y más acusada aún en España, donde se está produciendo un proceso de rápido envejecimiento de la población.

Cada vez hay más viejos y menos niños y aunque los viejos sobrevivan a edades cada vez más avanzadas, terminarán muriendo, sin que existan generaciones jóvenes para sustituirlos. Toffler no anticipó el problema del envejecimiento imparable de la población, que hace insostenible el mantenimiento del estado de bienestar. Estamos asistiendo al suicidio de una civilización, que será sustituida por otros pueblos diferentes y más prolíficos, que ya están creciendo entre nosotros y otros que vendrán.

La ideología de género, el feminismo radical, la contracepción, el aborto o el miedo a la superpoblación del planeta, que Toffler no menciona, están produciendo efectos devastadores sobre la familia, auspiciados por los organismos internacionales que, manejados por importantes minorías y bajo exitosos eufemismos como la salud sexual y reproductiva o la lucha contra las discriminaciones, la explosión demográfica, la ecología, los derechos de los animales, y otras cosas por el estilo, están actuando como motores del cambio que se está produciendo ante nuestros ojos.

Si siempre estuvo claro que las personas somos biológicamente varones o mujeres, dejó de estarlo desde aquel exabrupto de Simone de Beauvoir: “No se hace mujer: llega una a serlo”, el sexo pasó a ser algo cultural, disponible, cada uno puede elegir la sexualidad que se le antoje, con la aquiescencia de los gobiernos, dizque progresistas. No hay ya dos sexos complementarios en el amor, sino un sinfín de modalidades que se están inculcando a los niños desde los jardines de infancia.

Aunque siempre me gustaron los libros que imaginaban el futuro nunca leí ninguna anticipación de esta clase, que ya es presente. El niño puede elegir ser niña o la niña ser niño y nos dicen que hay obligación de tratarlos como tal, según la ley de mi comunidad autónoma.

Hay sin duda un shock de futuro, un futuro chocante, que se nos está imponiendo todos los días y se va aceptando por unos con satisfacción, por otros con estupor. Merece la pena pensar en todo ello para tener ideas claras, si es posible.

Francisco Rodríguez Barragán




 

 

 

 

sábado, 28 de diciembre de 2013

Variaciones preocupantes en nuestra sociedad

En el cuestionario que he recibido con una parte del documento preparatorio del Sínodo sobre la familia, se pregunta si es posible estimar numéricamente un porcentaje de parejas que se unen “ad experimentum”, es decir sin formalizar su unión en forma civil o religiosa.

Pienso que, de forma explícita, las parejas no se unen por vía de experimento, aunque de forma tácita tengan la idea de convivir solo mientras les resulte satisfactorio, aunque lo mismo les pasa a los que se casan por lo civil e incluso por lo religioso.

Si en otros tiempos existía un periodo de noviazgo anterior al matrimonio, en la actualidad los jóvenes salen juntos a divertirse, sin excluir la sexualidad sin consecuencias ulteriores, gracias a los métodos anticonceptivos. Algunos emparejamientos pueden resultar más duraderos, aunque sin convertirse en verdadero noviazgo, ya que no se proyecta la constitución de una familia ni la ilusión de unos hijos, solo pasarlo lo mejor posible, dure lo que durare.

Muchas de estas parejas, en cualquier momento, deciden vivir juntas por lo que pasan a ser parejas de hecho a efectos legales, que pueden inscribirse como tales en las delegaciones provinciales de asuntos sociales o los ayuntamientos. Para cuantificar esta realidad social he buscado los datos de Andalucía, comunidad autónoma en la que resido, en la que se han producido en el año 2010, último que he encontrado, 5.361 inscripciones y en la serie 1996-2010 se ha pasado de 60 a 5.361 con un total acumulado de 25.234 a las que hay que deducir 2300 bajas en el mismo periodo.

Pero dado que no existe ninguna obligación legal de inscribirse en tal registro, aunque pueda reportar algunos beneficios legales, di por supuesto que el número sería mucho mayor.

He recurrido a los datos del Instituto Nacional de Estadística que, una nota de prensa con los indicadores de 2011 y su variación respecto al 2001, según el Censo de Población y Viviendas, arroja datos de interés respecto a las parejas de hecho que han crecido desde 563.785 en 2001 a 1.667.512 en 2011. Pero hay otros muchos aspectos relevantes: las personas entre 25 y 34 años que viven en pareja sin hijos han aumentado de 1.003.329 a 1.394.865 en el mismo periodo y el total de parejas sin hijos han pasado de 3.042.409 a 4.413.304, las parejas con 3 hijos o más han descendido desde 994.665 en 2001 a 631.186 en 2011.

El aumento de parejas sin hijos, la disminución de las familias numerosas y la mayor esperanza de vida 82 años, está produciendo un envejecimiento de la población que al mismo tiempo se reduce ya que no hay crecimiento.

Otra nota de prensa del INE con los indicadores demográficos básicos de 2012, resultan preocupantes respecto a la familia, ya que la edad media del primer matrimonio en España es de 32,71 años (casi 33) y la edad media a la maternidad es de 31,56 años (casi 32) a todas luces excesivamente elevadas y una fecundidad que solo llega a 1,32 hijos por mujer, cuando sería necesario más del 2 para asegurar la tasa de reposición de la población.

Todo esto es el resultado de unas variaciones enormes en las pautas del comportamiento social. La familia pierde peso mientras que la tendencia al hedonismo y al consumismo se generaliza, los niños sobran ya que impiden disfrutar de comodidades y resultan una carga, si acaso uno solo. La mayor parte de los niños actuales no tiene hermanos, pero quizás tengan mascotas.

Francisco Rodríguez Barragán






 

 

martes, 10 de julio de 2012

Es imprescindible revitalizar la familia


La avalancha diaria de noticias e informaciones económicas que pretenden explicar lo delicado de nuestra situación económica, financiera, laboral, política, sanitaria y educativa, puede ahogar la declaración de Madrid que el 27 de mayo pasado formuló el Congreso Mundial de Familias.

Dentro de uno, dos, tres meses, seguiremos hablando de crisis económica, que no sabemos muy bien como se resolverá, aunque seguramente las cosas no van a volver a ser como antes. Las fuerzas financieras y económicas y nuestra dependencia de Europa no están en nuestras manos, en las manos de eso que  se ha dado en llamar la sociedad civil.

Pero como afirma la declaración de Madrid, la unidad fundamental de la sociedad es la familia y no el individuo aislado, abandonado a los vientos de la propaganda y la manipulación, y esta célula esencial está en nuestras manos revitalizarla y defenderla. En muchos casos los desastrosos efectos de la crisis han conseguido paliarse gracias a la solidaridad familiar,  acogiendo y ayudando a sus miembros más golpeados.

La familia, como lugar privilegiado en el que sus miembros son amados y acogidos por sí mismos, es aquella formada por la unión estable de un hombre y una mujer que dan vida, cuidado, educación y atención permanente a sus hijos, prolongando su dedicación amorosa a la siguiente generación.

Aunque se hable ahora de diversos tipos de familia, solo la familia natural es la que puede cumplir el papel de unidad fundamental de la sociedad. Los otros tipos de familias siempre adolecen de alguna carencia o son meras invenciones del Estado que trata de realizar una labor de ingeniería social inaceptable, en lugar de promocionar el bien común sin manipulaciones partidistas.

El ejercicio responsable de la sexualidad está ordenado a la transmisión de la vida y cuando una vida se inicia, el que va a nacer tiene derecho a tener un padre y una madre, que le sirvan de referencia para su desarrollo. La reproducción humana no puede trivializarse a mero accidente, o a manipulación embrionaria, más cercana a las técnicas ganaderas que a la dignidad de la persona.

Afirma la declaración de Madrid algo obvio: que la familia es anterior al Estado y que los gobiernos legítimos existen para protegerla y ayudarla a cumplir su misión de transmisoras de la vida, de la civilización y de la cultura. La educación de los hijos corresponde a los padres. Pienso que fue un error llamar a un ministerio de Educación, cuando era mucho más correcto el de Instrucción Pública. Educar corresponde a los padres, transmitir conocimientos de física o de matemáticas, de gramática o de arte, por ejemplo, puede ser obligación del Estado promoverla y vigilarla.

El llamado estado de bienestar en crisis y pronto insostenible,  tiene su más clara causa en la brutal disminución de la natalidad, el invierno demográfico y el envejecimiento de la población. Las familias podrán evitar el desastre demográfico si logran liberarse de su egoísmo consumista.

Hay otras muchas afirmaciones sobre la familia en esta declaración de Madrid  que merecen ser leídas, reflexionadas y comentadas.

Francisco Rodríguez Barragán







martes, 1 de mayo de 2012

A la búsqueda de la familia biológica


 


Todas las personas tienen derecho a conocer quiénes sean sus progenitores biológicos y hubo algún programa televisivo que se dedicó a gestionar las peticiones de personas que deseaban saberlo.

Estas situaciones se han avivado al hablarse de “niños robados en el momento de nacer” y entregados  a otras personas que los deseaban, con el morbo añadido de involucrar a una religiosa.

El abandono de niños y niñas al nacer se ha dado en todos los tiempos y la creación de casas-cuna por parte de la Iglesia fue una respuesta al problema. Las ideas filantrópicas y sociales del siglo XVIII dieron lugar a la creación de orfanatos y hospicios donde alojar y educar a niños pobres, huérfanos y abandonados. Las personas procedentes de estos centros tuvieron durante mucho tiempo apellidos que denotaban su procedencia y que, en muchos casos, han sido transmitidos a sus sucesores, aunque cualquiera podía y puede instar el cambio en el Registro Civil.

Hoy continúa el abandono de niños al nacer, de los que se hacen cargo las instituciones creadas o concertadas por los gobiernos autonómicos, que tienen establecidos complicados sistemas de adopción o acogimiento. El aumento de adopciones de niños extranjeros pone de manifiesto, al parecer,  la inexistencia de niños abandonados en España, que me cuesta trabajo creer, o que resulta más fácil adoptar una niña china o unos niños americanos o africanos que españoles.

Todos los niños tienen el derecho a tener un padre, una madre y una familia, donde crezcan aceptados amorosamente y si sus progenitores biológicos no quieren o no pueden cumplir esta función, la adopción puede suplir estas carencias. Lo que puede resultar complicado y hasta traumático es que el niño se encuentre divido entre dos familias, la biológica y la adoptiva, aunque de mayor pueda ser aceptar, comprender y perdonar.

Si realmente estuviéramos progresando hacia lo bueno, lo bello y lo verdadero, el abandono de niños desaparecería y no por abortarlos sin contemplaciones en el vientre de sus madres, sino porque la sexualidad estaría integrada en el matrimonio estable y sometida a la razón. El hedonismo, la incitación a la sexualidad sin responsabilidad y la aversión a cualquier tipo de compromiso serio, nos está llevando al envejecimiento de la población por el descenso de la natalidad mediante el aborto y los métodos anticonceptivos, lo cual hace inviable el famoso estado del bienestar, y a un incremento permanente del número de hijos nacidos fuera del matrimonio, ¿es esto progreso?

Los avances científicos hacen posible el embarazo de mujeres que, sin las novedosas técnicas de reproducción asistida, no podrían tener un hijo, lo cual puede resolver el problema de parejas infértiles, pero al mismo tiempo abre la posibilidad a mujeres solas de procurarse un hijo por inseminación artificial, acogiendo un óvulo, propio o ajeno, fecundado por donantes desconocidos.  Esperma y óvulos de donantes anónimos, tratados en los laboratorios de lujosas clínicas, pueden estar produciendo niños a la carta. He leído que el director de una clínica de Estados Unidos, ha utilizado sus propios espermatozoides en unas 600 inseminaciones artificiales. Sistemas de reproducción ganadera aplicados al género humano. El horrible “Mundo Feliz” de Huxley fue premonición y no fantasía.

La búsqueda de la ascendencia biológica puede deparar desagradables sorpresas. La investigación de la paternidad a que alude el artículo 39, 2 de la Constitución, servirá para pleitos sucesorios y para más de una decepción. Quizás no aparezca la paternidad, pero puede aparecer la fraternidad de no sabemos cuántas personas compartiendo el mismo ADN.

Francisco Rodríguez Barragán









lunes, 5 de marzo de 2012

Se casaron y fueron felices


¿Podremos superar la crisis de la institución familiar?




“Se casaron y fueron felices” era la frase que, hace años,  ponía fin a novelas y películas. Se daba por supuesto que después de vencer problemas y dificultades para llegar a la boda, una vez celebrada, la felicidad se producía de forma automática. Nada más falso: en la vida real después de la boda es cuando  empiezan los verdaderos problemas y dificultades.

Las parejas con un proyecto a largo plazo de vida y de familia, revisable y actualizable, podrán superar las dificultades y vivir su amor en plenitud, pero si no existe otro proyecto que “pasarlo bien” el fracaso será inevitable.

Los matrimonios se divorcian de forma creciente y las parejas que conviven sin formalizar su unión, ni se sabe. Irse a “vivir juntos sin papeles”, aunque digan que no los necesitan, creo que en muchos casos lo que piensan es que así les resultará más fácil  la ruptura y el establecimiento de una nueva unión.

La actividad sexual es cada vez más precoz. Hay una persistente incitación a disfrutar de una sexualidad promiscua y sin responsabilidades, gracias a los medios anticonceptivos. Se ha convenció a la gente de que se puede disfrutar del sexo, sin miedo al embarazo, pero la cifra de más de cien mil abortos al año nos advierte de que este disfrute irresponsable tiene graves consecuencias para las mujeres y por supuesto para los niños eliminados cuando crecían en el vientre de sus progenitoras. (Me resisto a llamar madres a las que matan a sus hijos en gestación)

Los datos demográficos que publica el INE nos dicen que disminuye la tasa de nupcialidad y que los matrimonios se contraen y el primer hijo llega a edades superiores a los treinta años, pues se retrasa todo lo posible para poder “disfrutar de la vida” y pocas veces se busca que lleguen otros. También ha caído la tasa de natalidad hasta el extremo de que es imposible la reposición generacional, al mismo tiempo que aumenta la esperanza de vida muy por encima de los ochenta años. Hay un creciente envejecimiento de la población que hará insostenible el sistema de seguridad social.

Ver a un matrimonio con unos cuantos hijos pequeños nos parece algo raro. Los hijos para muchas personas no son más que una carga. Se ha generalizado la expresión de hijo deseado o no-deseado. Los no-deseados serán considerados como una carga y en el peor de los casos serán eliminados mediante el aborto. El embarazo que puede estropearnos las vacaciones, el viaje o el ascenso, no se acepta o solo a regañadientes.

Hablamos constantemente de la crisis económica, a la que nos ha llevado la codicia, la corrupción y las insensatas políticas  de los gobernantes, pero la crisis más grave, a mi entender, es la crisis de la familia que es la célula básica de la sociedad y esta célula está cada vez más debilitada.

El matrimonio es la base de la familia. Solo la unión sólida de un hombre y una mujer, capaces de hacer un proyecto de vida en común, basado en el amor mutuo, la fidelidad, la estabilidad y abiertos a la vida, puede crear una comunidad familiar, donde cada uno es amado aceptado como persona única e irrepetible, donde todos buscan activamente el bien de los demás.

Seguramente esperamos que los políticos nos saquen de la crisis económica, pero de la crisis familiar tendremos que salir nosotros. Si no lo hacemos nuestra sociedad tiene un futuro problemático.

Francisco Rodríguez Barragán











martes, 2 de agosto de 2011

DATOS PARA MEDITAR

Llegan cada día hasta nosotros una multitud de datos, estadísticas, sucesos y noticias que apenas consiguen afectar nuestra sensibilidad, salvo que vayan acompañados de imágenes impactantes, aunque el impacto tampoco dure demasiado ni nos haga reflexionar.
Pero el informe que ha publicado el Instituto de Política Familiar sobre la evolución de la familia en España contiene datos preocupantes que no podemos ignorar.
El ascenso imparable del divorcio, que en 2055 afectó a 149.255 matrimonios, lo que representa el 71% de la cifra de bodas celebradas en el mismo año y que en el primer semestre del 2006 ha llegado ya a 85.633 rupturas, superando en un 21.1% al mismo semestre del año pasado. Es decir 408 separaciones diarias, una separación cada tres minutos y medio.
El también imparable ascenso del aborto con 85.000 niños eliminados en 2004, cantidad que habrá sido superada en 2005, y que coloca al aborto como la tasa de mortalidad más elevada, muy por encima de todas las demás. Fueron en 2004 nada menos que 239 niños los que murieron cada día del año, laborable o festivo, a manos de profesionales abortistas. Hoy quizás serán ya 250 cada jornada
¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo es posible que nos quedemos impasibles ante esto?
La ley del divorcio de 1981 se nos vendió como una salida civilizada para las parejas cuya convivencia era imposible y se le dotó de determinados filtros en forma de separación previa, plazos y trámites que pudieran hacer posible la reflexión de los cónyuges antes de una ruptura definitiva. La ley no sirvió tanto para solucionar problemas como para alentar las rupturas y en lugar de buscar remedio a estas situaciones el gobierno actual se sacó de la manga la ley del divorcio exprés para incentivarlo aún más. El divorcio pasó de ser una situación excepcional a generalizarse y todos los medios se lanzaron a meternos en la cabeza que todas las situaciones de rupturas, de cambio de pareja, había que verlas como normales y aceptarlas sin más. Algo habrá influido, pienso yo, esta situación en los hijos pues a la vista están los problemas educativos, la violencia en las aulas, el acoso escolar practicado desde la infancia y tantos otros. La violencia doméstica o de género ¿no tendrá bastante que ver con todo esto?
La ley de despenalización del aborto también se nos vendió como algo progresista: la mujer que se “veía obligada a abortar” ya tenía bastante trauma para que además se le aplicara el código penal considerándolo delito. Se establecieron unos plazos y unos casos tasados, para despenalizar el hecho del aborto que pronto fueron rebasados, con interpretaciones cada vez más lasas, mientras que por otro lado se defendió el aborto como “un derecho de la mujer a disponer sobre su cuerpo”, sin querer enterarse de que el cuerpo del niño ya es distinto del de la mujer.
La defensa del no nacido no contó con apoyos jurídicos suficientes. El no nacido no era persona, pues para serlo, según el código civil, era necesario que viviera después de 24 horas separado del claustro materno. Esta condición del código, redactado en el siglo XIX, tenía como finalidad resolver complicados problemas hereditarios, en unos tiempos en los que madre e hijo podían morir fácilmente con motivo del parto. Pues bien ello ha servido para negar al no nacido el más fundamental de los derechos: la vida.
La ley del aborto, como la del divorcio, ha servido no tanto para solucionar problemas como para crear otros más difíciles de resolver. Se desató una urgencia informativa incontenible respecto a la sexualidad, información, que como el reparto de preservativos a los adolescentes, resultó ser mucho más una incitación al sexo sin responsabilidad, al sexo como juego. Los astutos laboratorios farmacéuticos y los astutos políticos buscadores de votos encontraron la píldora del día después. Artilugios que no han hecho descender el número de abortos que sigue aumentando. Luego ponemos el grito en el cielo si aparece un recién nacido en un contenedor de basura pero nos quedamos indiferentes con los recipientes llenos de niños troceados en las clínicas ginecológicas que ganan mucho dinero y llaman a esto “interrupción del embarazo”
Somos una sociedad anestesiada y timorata que quiere ser “progre” pero no sabe hacia qué progresa. El camino de este progreso pienso que lleva al abismo.
Los datos que aporta el informe del Instituto de Política Familiar no nos pueden dejar indiferentes. Esto es mucho más grave que la OPA de E.On y otras mil cosas con la que nos entretienen y embaucan. Reflexionemos.

Francisco Rodríguez Barragán.

Publicado en Análisis Digital el 11 octubre 2006
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=15739&idNodo=-5

Publicado en Diario siglo XXI el 18 octubre 2006
http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=17300

domingo, 31 de julio de 2011

NACIONES UNIDAS, POBLACIÓN Y DESARROLLO


AYUDAS ENVENENADAS
En el boletín semanal Friday fax del 15 de abril, que publica el Instituto Familia Católica y Derechos Humanos, leo que en un panel presentado por la Santa Sede, Honduras y Malta, con el título: «Desarrollo humano seguro: matrimonio, familia y comunidad», dentro de las actividades de la última sesión de la Comisión de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas, puso de manifiesto el contraste entre las prioridades del mundo desarrollado y las del mundo en desarrollo.
La representante de Estados Unidos expresó que es perjudicial no contar con los recursos de planificación familiar adecuados, incluido el aborto seguro y que no se podía decir que se valora la familia, la comunidad y el matrimonio sin considerar que tanto los hombres como las mujeres tienen derecho a una vida saludable, a poder evitar el aborto inseguro, a un mayor nivel de salud reproductiva y a decidir el número de hijos a tener. También se quejó de los altos índices de fertilidad de África.
Es la postura que de forma permanente vienen defendiendo los grupos de presión de los países ricos que, al amparo de Naciones Unidas, trabajan sin descanso por reducir la natalidad del planeta, a través de todos los medios contraceptivos imaginables, incluidos la esterilización y el aborto. Es más, van imponiendo que cualquier ayuda a los países pobres vaya ligada a la realización de programas que limiten el crecimiento de la población.
La representante de Santa Lucía, un pequeñísimo estado antillano, dio una amarga respuesta: “Nos dijeron que necesitábamos reducir nuestro índice de fertilidad; ahora tenemos una población envejecida. «¿Cómo logramos que aumente nuestro índice de fertilidad?
El representante de la Santa Sede advirtió que los programas internacionales de asistencia económica dirigidos al financiamiento de campañas de esterilización y anticoncepción y la subordinación de la asistencia económica a tales campañas, son afrentas a la dignidad de la persona, a la familia y a la comunidad humana.
La drástica disminución de la natalidad en el mundo, propiciada desde la ONU, está consiguiendo un envejecimiento alarmante de la población. Los países ricos y desarrollados ya se están enfrentando el problema de una estructura poblacional insostenible, en la que no hay relevo generacional que pueda mantener el tan alabado estado del bienestar.
Los países pobres, si además son pequeños, por este camino desaparecerán. No llegan a ellos medicamentos que frenen la mortalidad, pero llegan en abundancia preservativos que reducen su fertilidad, anticonceptivos y aborto que los corrompen. No es reducir su fertilidad y limitar el crecimiento lo que necesitan, sino auténtica cooperación y ayuda, uno de los principios de la Carta de Naciones Unidas, bastante degradado desde hace tiempo.
Sería necesario revisar la actuación de la mastodóntica organización de Naciones Unidas para comprobar si sigue siendo un instrumento útil para la consecución de los objetivos que se fijaron en su Carta fundacional: la paz y la seguridad, la cooperación internacional y el respeto a los derechos humanos. A mí me parece que no.
Francisco Rodríguez Barragán
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/70284/naciones-unidas-poblacin-y-desarrollo
http://www.conoze.com/doc.php?doc=9326
http://elguadalope.es/2011/05/01/naciones-unidas-poblacion-y-desarrollo/#more-27767
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=20011


LA CRISIS DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA


LA LIBERACIÓN SEXUAL Y SUS DESASTRES
Vivir juntos, sin casarse, es cada vez más frecuente y la sociedad lo está aceptando, resignada o indiferente. Incluso muchos lo justifican como una situación más cómoda para darla por terminada en cualquier momento si deja de resultar satisfactoria para cualquiera de ellos.
Algunas de estas uniones libres pueden llegar a consolidarse, mientras otras se romperán para probar suerte otra vez con personas diferentes. De las parejas que contraen matrimonio, precedido con frecuencia de un tiempo de libre convivencia, queda constancia de sus rupturas por el alarmante crecimiento del número de divorcios, pero las que no llegan a formalizar su unión y se rompen, probablemente serán muchas más.
La actividad sexual de todos los seres vivos tiene como finalidad la procreación, pero mientras los animales actúan de forma instintiva, dentro de pautas fijas marcadas por la naturaleza, las personas cuentan con la razón para dominar sus instintos.
Nuestras pautas de conducta venían marcadas por una estrecha unión entre tres factores: sexualidad, matrimonio y procreación. La actividad sexual implicaba una relación estable de pareja, el matrimonio, y una apertura a la generación de nuevas vidas, de forma responsable.
Conseguir una relación estable solo es posible a través de la capacidad de amar y aunque la sexualidad forma parte del amor no es su fundamento. El amor es don y entrega, apertura al otro, búsqueda activa de su bien, entendido como pleno desarrollo de sus capacidades y encontrar en ello la propia felicidad. El amor con fecha de caducidad es falso.
El amor de la pareja se materializa en el hijo, mezcla de la carga genética de cada uno, que llega al mundo en situación de absoluta dependencia de sus padres para crecer y afirmarse como persona única e irrepetible, acogido con amor y educado a través de la transmisión de valores de la familia.
Actualmente la unión entre sexualidad, matrimonio y procreación está rota. El ejercicio de la actividad sexual se ha independizado del matrimonio y de la procreación, se ha banalizado como disfrute placentero sin responsabilidad y se está incitando a su ejercicio desde las edades más tempranas. Se hace propaganda del sexo seguro, es decir sin procreación, pero como siguen produciéndose embarazos no deseados, se facilita la píldora abortiva del día después y el aborto.
En esta orgía de sexo precoz, fácil y sin responsabilidad, ¿quién puede avisar de que llevamos un camino de “progreso” hacia el abismo? ¿Cómo podemos hablar de la familia y sus valores? Quizás todo empezó hace cincuenta años cuando se comercializó la píldora anticonceptiva, anunciando la liberación sexual de la mujer, (que realmente fue la del hombre, exento del embarazo).
Raquel Welch, una artista famosa, un sex-simbol para un par de generaciones, confesó en una entrevista que la famosa píldora que prometía el Edén, ha traído dolor y cadenas “«ahora podemos tener sexo en el momento que queramos sin sus consecuencias. Aleluya, viva la fiesta”. Pero la realidad es otra, la falta de inhibiciones sexuales, o como alguno lo llama, la «liberación sexual», eliminó la precaución y el discernimiento a la hora de elegir el compañero sexual, que solía ser el equivalente al compañero con el que compartir toda la vida. La falta de compromiso, confianza y lealtad en las parejas en edad fértil degenera en infidelidad. La separación de los aspectos unitivo y procreativo termina habitualmente en desastre: personal, casi siempre, y familiar, muchas veces.
Francisco Rodríguez Barragán
http://elguadalope.es/2011/07/31/la-crisis-del-matrimonio-y-la-familia/